Mérito por quitarle cien niños al sida

Mérito por quitarle cien niños al sida

Cada que la palabra ‘negativo’ llega resaltada con tinta negra en el sobre, hay un estallido de emoción en una casa del centro de Cali. Celebran un triunfo de la vida sobre el sida.

28 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

“Que el hijo de una portadora del virus nazca sano es derrotar algo que lo quiere matar a uno”, dice Ligia López, una voluntaria en esa casa, quien siente como propios el centenar de bebés que han escapado del VIH positivo.

Allí, en el barrio Bretaña, está Casa Gami, creada en 1997 por 14 mujeres para acoger a las pacientes cuando se enteran de que están infectadas. A siete de ellas se las llevó ese mal, pero la lucha en su memoria no cede.

Ha valido la pena porque el Grupo de Autoapoyo a la Mujer y el Infante (Gami) fue escogido entre 25 finalistas al I Premio Cinta Roja, promovido por el PNUD, en la Conferencia Mundial del Sida, en Canadá. Y quedó en la lista de las ocho más reconocidas en prevención.

La médica epidemióloga bogotana Luisa Consuelo Rubiano es el alma de esta Fundación. Ella, que hace 11 años llegó a luchar contra ese mal en los Seguros Sociales de Cali, se puso tanto la camiseta por los enfermos que olvidó su bata blanca y protestó por falta de drogas en julio de 1997.

La despidieron. Pero entonces, con pacientes y voluntarias, crearon esa casa, donde se orienta, incluso, a elevar tutelas cuando falta atención.

El año pasado Florence Thomas, coordinadora de Mujer y Sociedad, conoció la experiencia en un encuentro de ‘mujeres positivas’. Y Gami fue postulada a la Cinta Roja.

Entre los pacientes hay muchas historia. En 1998, cuando tenía 10 años, una niña se infectó en una transfusión. Hoy, a sus 18, ya terminó bachillerato y espera algún día tener plata para la universidad. Dice: “Aquí aprendí que quiero seguir viva”.

John López, quien hace tres años de ingeniero químico pasó a jefe de proyectos de Gami, dice que “la prevención en los países en desarrollo sufre porque los recursos (US$ 8.000 millones) no son la mitad de lo necesario”.

No siempre los pacientes llegan a tiempo. Hace ocho días entró una pareja de jóvenes. Supieron del virus cuando su hijo de 2 años no dejaba de toser y le hicieron la prueba. Y oran porque falta el examen de otro hijo, de 4 años.

El director de la clínica de sida pediátrico del Hospital Universitario del Valle, Pío López, califica a Gami como un enorme esfuerzo por darles tratamiento con calidad a la madre y al bebé.

La médica Rubiano no puede olvidar a una niña de 7 años que le dio las gracias “por las veces que usted viene y me salva del sida”.

Le duele que muchas veces los hombres no entran al tratamiento en familia y, pronto, dejen viudas a sus compañeras. No solo por eso, sino porque muchos de los niños que eluden la muerte, vivirán siempre huérfanos de padre.

LOS TRES MOMENTOS DE UN DRAMA EN CASA.

Un ama de casa supo en 1997 que tenía sida. En Gami le enseñaron a tomar drogas, no trasnochar y alimentarse bien. Con su esposo, que la infectó, acordó usar condón, pero por accidente quedó embarazada.

Tras la angustia, se alistó para la cesárea en la semana 38. Se evitó así el trabajo de parto (ruptura, contracciones y paso por canal vaginal). La prueba del bebé, al cumplir un mes, fue negativa, pero faltaba.

La madre evitó la lactancia. Al bebé, desde su sexta hora de vida, le aplicaron antirretrovirales por vía oral. Al sexto mes la prueba salió, nuevamente, negativa y ella respiró porque es un milagro.

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