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EXPERIENCIA TEATRAL HECHA JUEGO

EXPERIENCIA TEATRAL HECHA JUEGO

Tiene 35 años de estar jugando los mismos juegos, a pesar de sus cerca de 55 años de edad. La lleva , policías y ladrones, desmayados, caballitos de dos en dos, a la rueda-rueda, golosa, cunclillas... Sin embargo, Clive Barkes, ya se está aburriendo. Por eso trata de inventarse juegos nuevos, pero siempre, unos adultos que quieren ser actores, lo hacen regresar a la infancia. No importa la edad que tengan ni el país de donde sean ni el estilo de teatro que hagan, los juegos infantiles siguen siendo la mejor técnica para que el actor se mueva en el escenario sin que sea consciente .

Esto es lo que busca este actor, director y estudioso del teatro cada vez que dicta un taller sobre juegos teatrales, como el que realizó esta semana con los estudiantes de la Escuela de Formación de Actores del Teatro Libre.

Los juegos sueltan una energía especial. Generan euforia y entusiasmo particulares. Esa energía hay que saberla sacar porque es la gasolina del actor , dice este hombre de grises barbas que escribió el libro Juegos Teatrales, texto indispensable para todo actor que comienza.

Con estos juegos, Barkes solo intenta fortalecer ciertas destrezas que se adquieren de niño con estos juegos pero que hay que reforzarle a un adulto actor porque ellos necesitan tener mucho más equilibrio y reflejos para reaccionar rápidamente , afirma.

Esta teoría ha sobrevivido a tantos cambios que este inglés ha visto en el teatro. El teatro cambiante es otro de sus fuertes y sobre este tema hablará en su conferencia de hoy en la Casa del Teatro a las 6: 30 p.m. (Carrera 20 # 37-54).

En los años sesenta y setenta el teatro era eminentemente político. La existencia del muro de Berlín así lo exigía. Había un teatro comunista cuya razón de ser era destruir al capitalismo existente para montar el socialismo .

Pero con la caída del muro comenzaron a cambiar las formas y temáticas del teatro. De un teatro abierto, dirigido a todo el mundo se giró a seleccionar más al público y se le empezó a hablar a las minorías sobre ellas mismas. Los homosexuales, los negros, las mujeres, los inmigrantes, los indígenas pasaron a ser protagonistas. La identidad cultural se volvió importante en los años ochentas.

Pero en los noventa la visión comenzó a ser diferente sin que se abandone del todo lo anterior. Ahora todos quieren hablar un lenguaje diferente, incluso crear uno propio. La expresión no es la misma porque cada uno tiene su forma, su filosofía, su técnica. Ya es difícil saber si un espectáculo es danza o es teatro. Todo es multinacional, multicultural, lleno de mezclas , afirma Barkes, editor del New Teather Quarterly y presidente de la compañía Geese que trabaja los juegos teatrales con los presos como una forma de ayudarlos en la reincertación a la sociedad.

Esos cambios de los que habla también se sintieron en Colombia. Berkes estuvo hace 10 años en el país y ahora, al regresar, encuentra un movimiento teatral diferente. Hay una generación que está creciendo -dice- y que tiene que hacer su propio teatro. El reto es duro porque lo mejor se hizo en los años sesenta con grupos muy intelectuales con un público propio. A los nuevos, que pueden ser los hijos de los anteriores, les toca hacer su propio público conquistado con su propia expresión .

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