Caídos en desgracia antes que Cruise

Caídos en desgracia antes que Cruise

Hollywood no sería la capital del glamour sin su cuota de escándalos o sin luminarias tropezando a causa de sus propios errores. El quiebre entre Viacom, dueña de los estudios Paramount, y la productora de Tom Cruise es apenas el último eslabón de una cadena larga, y en el caso del héroe de Misión imposible aún falta saber si esto es sólo un trastabillón o el comienzo del fin.

27 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Los anales hollywodenses dan fe de que los malos pasos de las estrellas fuera de la pantalla no siempre tienen un final trágico. Como en el caso de la solterísima Katharine Hepburn, que vivió una larga relación con el casadísimo Spencer Tracy: juntos protagonizaron inolvidables películas.

Otros, como Jane Fonda, que posó sobre un tanque enemigo en plena guerra entre E.U. y Vietnam, no vieron afectadas sus carreras, pero sí teñidas el resto de sus vidas.

Pero hay casos en que los bochornos han sido devastadores. El primero data de 1921, cuando la estrella del cine mudo Roscoe ‘Fatty’ Arbuckle fue acusado de homicidio: los dos primeros juicios fueron suspendidos y en el tercero, de 1923, fue liberado de los cargos, pero su carrera nunca resurgió.

Otra virtualmente exiliada de Hollywood fue Íngrid Bergman. A fines de los 40, se enamoró del director Roberto Rossellini y dejó a su esposo, Peter Lindström. Grupos conservadores fueron implacables y ella no volvió a trabajar en Hollywood por una década. Fue perdonada en 1957 y ganó el Oscar por Anastasia.

Hollywood tardó más aún en perdonar a Roman Polanski. En 1978, tuvo que dejar E.U., tras haber sido condenado por estupro y aún no puede volver.

Recomenzar en Europa y recién en 2002, gracias al filme El pianista. el público de E.U. volvió a declararle su admiración. Polanski ganó el Oscar a Mejor Director.

Meg Ryan tuvo la mala idea de involucrarse con el coprotagonista de Prueba de vida, Russell Crowe, antes de separarse del actor Dennis Quaid. Su infidelidad fue castigada: nunca recuperó el título de ‘novia de América’. Y por supuesto está Mel Gibson: sus comentarios antisemitas al ser detenido borracho en Malibú dejaron su imagen por los suelos.

Que la productora de Tom Cruise, Cruise-Wagner, y los estudios Paramount estaban a punto de romper su alianza por su vinculación a la cienciología era ya rumor en Hollywood. Las malas lenguas, incluso, decían que Sumner Redstone, presidente de la junta de Viacom, dueña del estudio, ofreció poco por la renovación del contrato para que fuera rechazado.

Las declaraciones de Redstone en The Wall Street Journal fueron implacables: “Su conducta reciente no ha sido aceptable para Paramount. No creemos que alguien que comete un suicidio creativo y le cuesta ingresos a la compañía deba estar en el equipo”.

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