A un ‘Click’ de la comedia

A un ‘Click’ de la comedia

Parece que estuviera en la sala de su casa. Chancletas (ni siquiera sandalias), pantalón de dril arrugado, camisa por fuera y su tradicional gorra (que esta vez es de Dolce&Gabbana). Arrastrando los pies con pereza y una sonrisa de comercial de crema dental, Adam Sandler entra saludando a todo el mundo, como si se tratara de viejos amigos que hace tiempo no ve y no de una tropa de periodistas ansiosos por fusilarlo con preguntas de todo calibre.

27 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Se sienta, se rasca la cabeza y en un artificial español dice: “Hola, ¿cómo están?”. “Muy bien”, le responden algunos periodistas latinos, y otro le contrapregunta: “¿Y tú”. “Mmmmm, así, así”, contesta, moviendo la mano derecha y sonriendo, como siempre. Y todo el mundo ríe.

Seguro que a Sandler no le ha quedado nada difícil desarrollar su carrera en Hollywood, hasta hacer de su nombre un sello (como el de Ben Stiller o Jim Carrey) de tipo perfecto para cualquier comedia. Su mayor característica es la frescura. Es chistoso porque está en su código genético y punto. Así lo descubrió a los 17 años (cumplirá 40 el próximo 9 de septiembre), cuando por primera vez se subió a un escenario, para improvisar algunos chistes. Y solo se bajó de él para ponerse frente a las cámaras de televisión (Saturday Night Live) y de cine (ya va por las 29 películas).

Claro que no solo de chistes vive Adam Sandler, porque paralelo a la comedia siempre ha mostrado interés por los papeles dramáticos, como en Spanglish (2004, que hizo con Paz Vega), o en Punch, Drunk, Love (2002), un filme del gran Paul Thomas Anderson (el mismo de Magnolia) y ahora está próximo a estrenar Reign Over Me, una película del director Mike Binder, sobre la tragedia del 9/11.

De hecho, esta vez su encuentro con la prensa mundial se debe a una cinta en la que debió saltar de la comedia al drama, en más de una ocasión: Click o Perdiendo el control, como se conocerá en nuestro país, en donde se estrena el próximo viernes.

En ella, Sandler interpreta a Michael Newman, un arquitecto adicto al trabajo que no tiene tiempo para nada. A sus manos llega, entonces, un extraño control remoto universal, con el que puede manejar el tiempo de su vida diaria.

“Eso me gustó de la historia. No es comedia pura, hay momentos muy dramáticos. Ese era el reto”, comenta Sandler, quien comparte escenas con otras luminarias de Hollywood como Christopher Walken (La leyenda del jinete sin cabeza), David Hasselhoff (Guardianes de la bahía) y Kate Beckinsale (Underworld).

Como está tan fresco el vergonzoso episodio de su colega Mel Gibson (que borracho insultó a los judíos) y siendo Sandler de esa religión, era inevitable el disparo: “¿Qué opina de lo que dijo Mel Gibson?”. Entonces, por un instante, la sonrisa se le borra de la cara y solo responde: “No me interesa hablar de lo que hacen los demás. Tenemos temas mucho más interesantes. ¿Quién soy yo para juzgar? ¿Alguien quiere opinar?”, y hace el ademán de estirarle el micrófono a cualquiera de los periodistas.

El mundo en un 'Click' Puesto frente a frente con su personaje en Click, Sandler asegura que él, a diferencia de Michael, tiene muy claro que la familia es lo más importante y que hay que sacar tiempo para todo y más aún ahora, cuando acaba de ser padre primerizo. “Trabajo mucho, me entrego a mi trabajo, pero definitivamente no soy como Michael –dice–. Por ejemplo, vine a encontrarme con ustedes pero esta misma noche me voy a ver a Sadie, mi hija. Mientras tanto, me traje un montón de fotos suyas porque la extraño muchísimo”. En lo que sí coincide con Michael, es en la muerte de su padre. Solo que en su caso, Sandler se apresura a aclarar que él sí lo acompañó “hasta el último momento”.

Pero si de trabajo se trata, no se puede quejar, porque sus regalías por películas van en ascenso. Por ejemplo, por Billy Madison (1995) recibió 1'700.000 dólares; por Little Nicky (2000), 20 millones de dólares; por Punch Drunk Love (2002), 7 millones de dólares y por Anger Management (2003), que protagonizó al lado de Jack Nicholson, 25 millones de dólares.

En el caso de Click, se dice que pasó de los 30 millones de dólares.

Volviendo a su faceta divertida, frente a la pregunta obvia de qué haría en la vida real si tuviera un control remoto semejante, dice que borraría de la faz de la Tierra la guerra, el hambre y el sida: “Todo eso junto lo haría desaparecer”.

Del rodaje de Click recuerda que fue muy divertido y que todo funcionó como si el equipo hubiera sido una verdadera familia. “Yo fui el papá, y Kate (que interpreta a su esposa), la mamá, claro que al comienzo del rodaje la pobre no sabía ni manejar –comenta–. Al final lo logró, pero con carritos de golf”.

En cuanto a sus electrodomésticos favoritos apunta: “Disfruto mucho los DVD... el Playstation, por supuesto. Ah, y las licuadoras. Mel Gibson ahora tiene los huevos en una licuadora”, dice y sonríe con picardía.

*Invitación de columbia Pictures.

Si tuviera el control...

‘‘Con ese control desaparecería la guerra, el hambre y el sida”.

ADAM SANDLER, ACTOR

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