E l hombre de la tristeza histórica

E l hombre de la tristeza histórica

Carlos Arturo Ruiz habla con la serenidad del que ha sido dueño de sí mismo, pero que sabe que no tiene la vida comprada. Como muestra de lo primero está, por ejemplo, haber vivido, alrededor de 40 años con el nombre que él escogió: Arturo Alape.

27 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Lo segundo lo ha sentido muchas veces, cuando la muerte le respiró en la nuca hasta el punto de tenerla que evadir exiliándose, por amenazas, en Cuba y Alemania.

Sentado en el sofá de su apartamento, en el barrio La Soledad, de Bogotá, Alape, rodeado de cuatro óleos suyos, grabados de otros, una biblioteca con 66 libros de arte, cuatro juegos de matrioshkas –esas muñecas rusas que vienen unas dentro de otras– y una colección de tallas cubanas, muestra con palabras medidas un pensamiento activo.

Con ellas, en 23 libros y decenas de textos, entre novelas cuentos e investigaciones históricas y periodísticas, ha llevado su lucha para convertir a Colombia en un país distinto, por lo que es reconocido.

Pero dentro, el hombre mantiene una batalla por su vida. Su tez pálida delata que hace siete años pelea contra una enfermedad, una leucemia que empeoró hace tres meses.

A sus 67 años, a Alape pocos lo conocen como Carlos Arturo Ruiz, el hombre que entuteló a su EPS en junio pasado para que le reconociera la droga que le ayuda a estar vivo. Sabe que de no ser por esas pastillas, que valen 14 millones de pesos al mes, sería parte de la historia.

El nombre Alape lo ronda desde los años 60 cuando siendo de la Juventud Comunista conoció en Marquetalia (Tolima) a Pedro Antonio Marín, ‘Tirofijo’.

Él le contó la historia de Jacobo Prías Alape, conocido como ‘Charro Negro’.

Un campesino que se alzó en armas con el fundador de las Farc y que murió en Gaitania (Tolima).

En ese momento, el joven caleño estaba dividido entre el arte y sus ideas de lucha de clases. Entonces empezó a asumir el nombre del guerrillero muerto como un homenaje. “En el año 61 me fui a la Unión Soviética. La estadía era clandestina porque fui a estudiar política. Las cartas para mi familia eran firmadas por Arturo Alape”.

Tenía 27 años cuando dejó a Van Gogh (estudiaba pintura en Cali) por Marx: se fue para el monte tras el sueño de lograr un “nuevo país” a punta de plomo, con las Farc.

La ilusión le duró tres años. “Esa experiencia significó una contradicción profunda porque era un dirigente político, pero haber estudiado pintura me hizo interesarme en las historias de la gente. Cientos de historias sobre desplazamientos en Meta, en Caquetá. Se me revelaron las profundidades del ser humano”.

Encontró que el mundo no era solo lo que creía: “Un día discutí con un grupo de protestantes y descubrí el enfrentamiento de dos verdades. Para mí, el marxismo-leninismo,la verdad del partido; y para ellos, su verdad. Descubrí que también había otras verdades. Eso lo ve alguien que ha sido artista”.

Adiós a las armas Con el tiempo, sus compañeros entendieron que el arte lo llamaba más que la lucha armada y lo dejaron ir sin pasarlo por las armas. Sus textos aparecieron en libros y en diarios. Historias hechas por un hombre que cursó hasta tercero de primaria, formado políticamente en la antigua Unión Soviética y ex guerrillero.

Escribió libros como El bogotazo: memorias del olvido (1983) y la biografía de ‘Tirofijo’, en dos tomos: Las vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez (1989), Tirofijo y Tirofijo: los sueños y las montañas (1994). En el 2005 publicó El cadáver insepulto.

No a todos les gustaban. “Mi historia política me encuadró y siempre me han señalado. Con mi obra y con mi vida ha habido una resistencia social porque mis libros han sido muy polémicos y porque decidí ser el biógrafo de ‘Tirofijo’, con un texto muy leído y muy cobrado. Me lo cobraron con los exilios”.

Hoy muchos lo aplauden. El teatro La Candelaria le hizo un homenaje esta semana con lleno total y se recogieron fondos para un imprevisto en su tratamiento. La Universidad de Antioquia también reconoció su labor.

Hace un tiempo, por un honoris causa en literatura de la Universidad del Valle, por fin pudo trabajar bien como docente universitario. Su mente está en dar clases –no se ha jubilado–, en su obra, su familia y en las ganas de vivir.

“Hace siete años convivo con una leucemia crónica y ahora crítica. Una droga me permitía el equilibrio, pero hace tres meses la enfermedad me dice: hasta acá llega”. De ahora en adelante vivirá otra oportunidad por la droga nueva. La vida ca mbia profundamente: hace 2 años creía que necesitaba 12 para acabar seis novelas y muchos dibujos; para ver crecer a Paloma, su hija de 12 años, su hijo de 30, su familia.

“Hoy me pregunto cuánto voy a resistir y si alcanzaré a vivir el posconflicto, algo que hace tiempo anhelo; a ver una paz defi nitiva que construya un país mucho más justo”.

SU MIRADA SOBRE LA GUERRA ¿En un balance, cómo le va? Es crítico. Lo miro desde el concepto de la guerra. En los 60 y 70 los levantamientos de la insurgencia eran justificados pues el Frente Nacional fue excluyente. Surgieron Camilo Torres, la revolución en Cuba: el sueño era transformar el mundo. Luego llegaron la guerra sucia, el exilio y una reflexión sobre si la muerte mesiánica sería correcta en los 90 o en el siglo actual. Hoy no justifico ningún tipo de guerra: ni del gobierno ni de la insurgencia. Al país hay que darle un descanso con un proceso político que construya una paz con características sociales. La guerra oculta el conflicto social. Este no es el país de las oportunidades. ¿Colombia es un país oscuro? Mucho. Por un lado, la Política de Seguridad Democrática plantea desconocer la historia, como si no hubiera un pasado laboral, social, universitario.

Esto crea un país muy oscuro. Y, segundo, la guerra no produjo el nuevo país prometido en los 70. Ese no era este desastre de las tomas de pueblos. Ese no era el sueño.

¿Esa percepción lo entristece? Claro. Mientras muchos cantan victoria por lo que tenemos, sigo pensando que padezco de cierta tristeza histórica.

.

CONTRA EL OLVIDO ‘‘ Arturo Alape desarrolla una escritura que busca dar testimonio y salvar del olvido la historia truculenta de nuestro país”.

Luz Mary Giraldo, crítica literaria.

LO REALMENTE IMPORTANTE ‘‘Para mí lo fundamental, hoy, es mi obra como escritor y pintor, aunque sigo siendo crítico frente a lo que pasa”.

Arturo Alape.

JUSTICIA DE ESCRITOR ‘‘Alape es un escritor de sucesos, que saca de donde lo lleva el afán por saldar alguna injusticia histórica y por recuperar la memoria del país”.

Maryluz Vallejo, profesora de la Universidad Javeriana.

AMPLÍE LA INFORMACIÓN Más sobre el pensamiento de Alape en el tiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.