SIN MURO CONTRA LA PARED

SIN MURO CONTRA LA PARED

Usted tomó el poder el primero de octubre, hace diez años. Cuáles de las expectativas que tenía entonces se han visto satisfechas y cuáles no? Mis expectativas se han visto totalmente rebasadas. En octubre de 1982, la situación en Alemania Occidental era bastante seria. El estado de la economía era crítico. En Europa, se hablaba de una Euro-esclerosis . Estábamos en medio de los más agudos desacuerdos sobre la doble decisión de la OTAN respecto a las dos Alemanias. Helmut Schmidt había perdido todo el respaldo de su propio partido. Esa fue la verdadera razón de su caída. Todo lo demás fue solo propaganda.

04 de octubre 1992 , 12:00 a. m.

Yo quería aquellas elecciones. Pero muchas personas dijeron que nunca funcionaría. Siempre estaré agradecido al entonces presidente, Carl Karstens, por tomar la decisión que tomó en esa difícil situación. Pude ver anticipadamente que sería muy, muy difícil, avanzar el debate sobre la modernización de las armas sin un claro mandato del pueblo. Sin él, la gente me habría criticado por actuar con autoridad prestada. Y probablemente no habríamos podido ganar la decisión de permitir un despliegue de misiles, en octubre de 1983, si no hubiera habido un claro respaldo de la gente.

Fue esta decisión el punto inicial de la unidad alemana? Es claro para mí que el punto inicial de todo lo que ocurrió en política exterior y seguridad luego de 1983 hasta la hora de la unidad fue la decisión básica de la Alianza del Atlántico. Indicamos inequívocamente a la Unión Soviética que Occidente no estaba cerca de verse forzado a caer de rodillas.

Ligo mi destino político a la aplicación de la doble decisión de la OTAN. Si nos hubiéramos retirado entonces, nuestra credibilidad posterior en términos de unidad alemana habría disminuido muchísimo, y no en última instancia, con los estadounidenses. En Washington, las probabilidades estaban 8 a 2 ó 9 a 11 de que los alemanes se separarían, no permitirían la presencia de misiles, y posiblemente comenzarían a acercarse más al Este.

El mismo Mikhail Gorbachov luego de que se atoraron los sucesores de Brezhnev, Andropov y Chernenko ha dicho que vio inmediatamente, luego del despliegue de misiles Pershing, que un cambio en la política exterior sería inevitable. Esto entonces llevó a las conversaciones sobre el desarme con Occidente y, por razones económicas, a la perestroika. Y también nos dio la oportunidad de finalmente hablar en serio de la unificación de Alemania. No más separación Veamos la política alemana. Habría sido posible algo como el canciller Helmut Kohl si no se hubieran hecho ciertas concesiones respecto a la política nacional dentro de la CDU (Unión Demócrata Cristiana)? Siempre rechacé de primera mano las demandas que Honecker (entonces líder de la República Democrática de Alemania) hizo en Gera: reconocimiento de la ciudadanía de la RDA, conversión de las representaciones permanentes de Bonn y Berlín del Este en embajadas, solución al problema de la frontera del Elba y cierre del punto de registro de Salzgitter.

Poco después de que tomé el poder, salí a una de mis regulares caminatas con Franz Josef Strauss por el Tegernsee. Aún recuerdo que nos sentamos a considerar cómo dar pasos hacia adelante políticamente con miras a la situación de las dos Alemanias. No teníamos mucho campo para maniobrar en aquel entonces. Después de Ronald Reagan, la propaganda del Este me había convertido en el principal enemigo.

Y luego Strauss me dijo que tenía indicativos de que Alemania del Este estaba en desesperada necesidad de fondos a pesar de la propaganda, que nos decía que la RDA estaba en séptimo u octavo lugar como potencia industrial. Luego de aquello, se arreglo , como dijo Strauss, un crédito billonario con un banco privado.

Nuestra teoría no podíamos estar seguros en aquel tiempo era que de alguna manera tendríamos que contraatacar la separación de la gente en ambas partes de Alemania. Actualmente veo mucho mejor que entonces lo importante que era aquello. Resultó que la RDA estaba dispuesta a comenzar a discutir concesiones de nuestra parte a cambio de permitir que la frontera entre las dos Alemanias se hiciera más permeable.

Entonces fue cuando hablo con Hoenecker? Sí. En ocasión del funeral de (Yuri) Andropov en 1984 en una reunión muy poco usual, vi a Hoenecker por primera vez en mi vida. Tengo que decir una cosa: todo lo que acordamos lo realizó al pie de la letra. En este respecto no tengo bases para decir que no cumplió con sus promesas.

En 1987 siguió ya estamos discutiendo las más difíciles horas en estos últimos 10 años una de las más poco placenteras decisiones que tuve que tomar. La de recibir a Hoenecker en Bonn, con la consecuencia de que la bandera de Alemania del Este se izara y se cantara el himno nacional de Alemania del Este en nuestra capital.

Quienes me conocen un poco pudieron ver claramente cuán petrificado estaba durante la llegada de Hoenecker a la cancillería. Se aprecia bastante en la grabación televisiva. Pero habíamos insistido en que los discursos de la cena y la comida se transmitieran en vivo por la televisión. Y luego hablé sin ambigedades del muro, de la alambrada de púas, de las órdenes de disparar en contra de los que intentaran escapar. Se vio forzado a escuchar lo que tenía que decir al respecto. Y el mundo estaba observando.

Creo que Hoenecker subestimó completamente el efecto que nuestra Alemania tendría en la gente del Este que pudo visitarla luego de aquello. Para mí era solo una esperanza. No sabía si funcionaría o no. Al principio vinieron decenas de miles, luego cientos de miles, luego millones, muchos de quienes estaban mucho más abajo de la edad de la jubilación. Cae el muro Este fue el momento en que entró en juego su política principal, y descubrió, sobre todo, un compañero en Ronald Reagan.

Para decirlo claramente y de una vez por todas, los estadounidenses y aún más los canadienses con el primer ministro Brian Mulroney respaldaron la unidad de Alemania sin condiciones. Ni siquiera fue un problema para Ronald Reagan. Pensaba que era completamente antinatural que hubiera un muro en el centro de Berlín, que un país pudiera estar tan brutalmente dividido en dos, que hubiera familias separadas.

Cómo respondieron los europeos? En muchos acuerdos y declaraciones, nuestros socios de la CE y de la OTAN profesaron fe en la meta de la reunificación. Pero en realidad y lo digo sin que suene a reproche estaba a favor de ella no de manera distinta a la de grandes segmentos de la clase alta en la antigua República Federal. Aquí, también, se hicieron muchas bonitas declaraciones sobre la unidad alemana. Pero todas estuvieron subrayadas por la creencia de que en realidad nada pasaría con respecto a la unidad, y en caso de suceder, sería en la época de nuestros nietos.

Cuándo quedó claro para usted que algo ocurriría respecto a la unidad? Sucedió gradualmente. La primera vez que pensé en ello fue durante la visita oficial de Mikhail Gorvachov a Bonn, en junio de 1989. Y hablamos de lo que en realidad podríamos lograr juntos. Ya se podía ver que los desarrollos en la Unión Soviética frente a la perestroika seguirían un curso diferente. Por ejemplo, las negociaciones para el desarme finalmente se habían puesto en marcha. Pero aquí discutíamos principalmente cosas privadas. El padre de Gorbachov estuvo en la guerra; él mismo había encontrado soldados alemanes en la aldea en que vivía. Nació en 1932, así es que somos de la misma edad.

Ambos llegamos a la conclusión de que tendría que lograrse un acuerdo en el que los alemanes y los soviéticos no negaran el pasado, sino que desarrollaran una nueva perspectiva. Era claro que para Gorbachov y para mí que la gente de ambas naciones agradecería un acuerdo de esta dimensión y perspectiva futura. Pero le dije: Este acuerdo no llevará a nada sustancial mientras estemos divididos . Señalé al Rin y le dije: El río fluye hacia el mar. Puede hacerse una presa, pero el agua inundará las riberas y las destruirá. De todas maneras llegará al mar. Y tan seguro como que el Rin llega al mar, ocurrirá la unidad de Alemania y la de Europa también .

La única duda es: Lo haremos en esta generación o esperaremos un poco más para ver todos los problemas que esto ocasionaría? Y dije una vez más: Los alemanes no se resignarán a la división de su país .

Por supuesto, esta no fue mi primera discusión con Gorbachov sobre la cuestión alemana, pero fue la primera vez que no respondió. Aun así, no había dicho que sí. Sin embargo, no profundizamos más en el tema.

Después de eso y ahora paso a otros hechos entramos en toda una serie de acuerdos. Las relaciones se hicieron notablemente mejores. Y luego Gorbachov hizo su famosa declaración en ocasión del 40 aniversario de la RDA: La vida castiga a quienes llegan demasiado tarde .

Y poco después cayó el muro...

Este tremendo suceso me puso momentáneamente en una posición difícil, porque estaba de visita oficial a Polonia. Sabía que tenía que volver a Berlín, pero mis anfitriones no tenían simpatía por mis problemas. Les prometí: Me iré, pero tienen mi palabra de que regresaré tan pronto como sea posible . No pudimos volar directamente en un avión de la Fuerza Aérea Alemana y tuvimos que hacer una desviación a Hamburgo.

Afortunadamente el embajador estadounidense en ese entonces, Vernon Walters, un maravilloso hombre de apoyo que hizo mucho por lograr la unidad de Alemania, nos esperaba ahí. Me dio un avión estadounidense para continuar mi viaje a Berlín. Fuimos a la demostración frente al Municipio de Schonenber, y supe que estaba programado para hablar.

Cómo negoció con la Unión Soviética la permanencia de una Alemania Unificada dentro de la OTAN? Negociamos constantemente. Seguí estoy saltando de nuevo hasta una conclusiva discusión de julio de 1990 que ocurrió en Moscú, no en el Cáucaso. Al llegar, le dije a Gorbachov que necesitaba dejar una cosa muy en claro. Que mi viaje al Cáucaso dependía de su respuesta: Si la condición soviética es la neutralidad para toda Alemania, si salir de la OTAN es el precio de la unidad, entonces estoy fuera. No estoy preparado para pagar tal precio, y la unidad de Alemania vendrá después. Pero bajo ninguna circunstancia vamos a salir de la OTAN .

Gorbachov no respondió ni sí ni no. Solo dijo Volvemos al Cáucaso , el resto es historia.

Cuánto tiempo espera seguir siendo Canciller y cuánto le gustaría serlo? Esa no es la clase de pregunta en la que uno piensa. Estoy aquí para hacer mi trabajo, para hacer mi contribución al progreso de Alemania y de Europa. Completar la unificación interna de Alemania ocupa una gran parte de mi tiempo y es un placer para mí trabajar hacia esta meta.

Lo mismo es cierto del avance definitivo de la unidad europea que se acordó con el Tratado de Maastricht. Redoblaré mis esfuerzos para convencer a la gente de que estamos en el curso adecuado en ambos renglones.

(c) 1992, Welt am Sonntag. Dist. By Los Angeles Times Syndicate. Traducción de Sergio E. Avilés. Khol y Mitterrand Cuando me hicieron Canciller, no nos conocíamos. Nuestro primer encuentro fue así: yo tomé el poder un viernes. El sábado, salí del edificio del parlamento con ayuda de la gente de mi mayor confianza. Desempacamos cajas, mudamos archivos hasta muy entrada la noche. Cenamos pizza que compramos en un restaurante del barrio.

Hicimos la mayor parte del trabajo el sábado. El lunes fue cuando designamos a los ministros. El lunes a las 5 de la tarde subí las escaleras del Elíseo para hacer mi primera visita a Francois Mitterrand.

Luego vino la cumbre de la CE en Copenhague. La política de la CE estaba pasando por una especie de Era Glacial en ese entonces. Comenzamos a trabajar constructivamente. Durante la pesada turbulencia de las divisas antes de la Navidad de 1982, estuvimos del lado de Francia. Eso fue muy importante para nuestra relación. Y luego vino nuestro encuentro en Verdún.

La reunión de Verdún verdaderamente nació de la relación con Mitterrand, que ya se había hecho bastante estrecha. Cuando hablábamos de nuestras familias, descubrí que Francois Mitterrand había sido un prisionero de guerra alemán cuando, como soldado, fue capturado cerca de Verdún a principios de junio de 1940. Y, como soldado en la Primera Guerra Mundial mi padre pasó casi todo un año cerca de Verdún.

En 1984, antes del 40 aniversario de la invasión aliada a Normandía, nos reunimos en una cumbre franco-alemana en Rambouillet. Aquel día, los periódicos franceses especulaban mucho acerca de si Francois invitaría a Helmut hablaban de nosotros en esos términos aún entonces a las festividades.

Entonces dije inmediata y abiertamente que no participaría en ninguna celebración que se realizara en el aniversario. Mitterrand estaba bastante molesto por la especulación de los medios. Luego los dos nos reunimos solos con nuestros intérpretes, y Mitterrand sugirió que podríamos ir juntos a visitar un cementerio de soldados en Normandía al día siguiente.

A menudo había hablado con él respecto a Verdún, así es que dije bastante espontáneamente: Vamos a Verdún . Me miró y dijo: Por qué no? Así es que fuimos ante los medios y anunciamos nuestra decisión a una perpleja multitud. Esa es la historia detrás de la reunión . KHOL Y LOS SOVIETICOS En el principio, la posición de los soviéticos fue increíblemente difícil. Puedo recordar bastante bien una discusión con el secretario general Andropov, varios meses antes de su muerte. Fue en su estudio. Andropov estaba sentado en silencio, y su primer ministro (Andrei) Gromyko, con un papel en la mano, hablaba. Me miraba con su cara de estricto maestro de escuela y me acusó a mí y a Occidente de buscar la guerra.

En ese punto dije a Andropov, Señor Secretario General, no hay quienes busquen la guerra en Alemania, pero ahora tengo una pregunta para usted agregué. Si hubiera un muro a lo largo del río Moseva, y su madre viviera del otro lado del muro, usted y sus hermanas de este lado, y sus hijos quisieran ir del otro lado a visitar a su abuela sin problemas, sería esto buscar la guerra? .

A esta pregunta y nunca lo olvidaré, Andropov no respondió. Gromyko solo enfatizó una vez más: La división de Alemania es el juicio de la historia. Y para siempre, entrometerse con ello es poner en peligro la paz . Esta era la posición básica de los soviéticos . Khol y Felipe Desarrollé un plan de 10 puntos para la unificación de Alemania. No lo consulté con ningún comité de mi partido o coalición. Luego presenté los 10 puntos al Bundestag el 20 de noviembre de 1989. Fue algo sensacional.

Los 10 puntos causaron conmoción, no en Estados Unidos, sino en Europa, porque el último de ellos pedía un estado alemán unificado luego de un período transitorio de estructuras confederadas.

La cumbre especial de la CE en Estrasburgo fue excepcionalmente tormentosa. El clima fue helado; muchas personas pensaron que estábamos dispuestos a sacrificar nuestra membresía en la OTAN por un estado alemán unificado. Nunca olvidaré que en ese tiempo el primer ministro español, Felipe González, me apoyó mucho.

Luego hubo un período muy poco placentero, porque Polonia repentinamente demandó el reconocimiento de inmediato de la Línea Oder-Neisse como frontera Este de Alemania, con el apoyo de casi todo Occidente, incluyendo a Norteamérica esta vez.

Polonia también hizo grandes demandas de reparaciones. Hubo una increíble presión. Ya que tratábamos de no actuar con demasiada premura, parte de la prensa comenzó a decir: Kohl se está sentando en ello de nuevo. A menudo he tenido mala prensa, pero rara vez tanto como entonces. Siempre supe, si el precio de la Alemania unificada es el reconocimiento de la línea Oder-Neisse, entonces tendremos que pagarlo. Y al final firmamos también acuerdos futuristas con Polonia.

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