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SE CUMPLEN LAS PROMESAS DEL TRATADO CON MÉXICO

SE CUMPLEN LAS PROMESAS DEL TRATADO CON MÉXICO

Hace ocho meses que entró en vigencia el histórico Tratado de Libre Comercio (TLC). Muchos críticos predecían espantosas consecuencias: grandes pérdidas de empleos en Estados Unidos, desastres ambientales, la pérdida paulatina de la soberanía, miles de inmigrantes mexicanos cruzando una frontera abierta. Bueno, los resultados iniciales son muy diferentes. El crecimiento del empleo, tanto en México como en Estados Unidos desde el 1o. de enero, fecha del inicio del TLC, ha sido bueno. Un reciente reportaje del Wall Street Journal destaca la rápida inversión de empresas estadounidenses en fábricas de automóviles en México. La industria automotriz en México emplea actualmente 160.000 personas y añadirá otros 50.000 trabajadores para 1998.

Esto es una estupenda noticia para la economía mexicana, pero no es nada comparado con lo que está pasando en Estados Unidos. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, 51.000 nuevos trabajadores han sido agregados a las nóminas en el sector automotor en los últimos 12 meses.

Una gran demanda de automóviles y camiones existe en América Latina, comprimida tras barreras proteccionistas durante décadas. La nueva industria automotriz mexicana y estadounidense ayudará a llenar ese vacío. Habiendo regresado recientemente de un viaje a China y Hong Kong puedo afirmar que si no suplimos a ese mercado, lo harán las emergentes economías del sudeste de Asia.

Lamentablemente, los críticos del TLC no admiten estar equivocados. Sam Francis, del Washington Times, mantiene que el estupendo reportaje del Wall Stree Journal significa que muchos trabajadores serán despedidos en este país. Pero la economía de libre mercado no funciona de esa forma. No se trata de un juego suma cero. La creación de fuentes de trabajo en México y en Estados Unidos refuerzan una tendencia. El crecimiento en un país no reemplaza el crecimiento del otro, como mantienen los proteccionistas. Crecimiento en países vecinos promueve el desarrollo en ambos lados de la frontera porque la oferta producida por un trabajador se convierte en la demanda del vecino, cuando ambas partes pueden comerciar libremente.

Gran parte de las nuevas inversiones en México provienen de Estados Unidos, por lo que es fácil concluir que cada dólar invertido en México es un dólar menos invertido acá. Pero no es así. Primero, la decisión de invertir en una nueva fábrica o en ara el empresario, para los fabricantes y consumidores. El TLC ha ampliado el camino que une a Estados Unidos con México.

Lamentablemente, la moda del nacionalismo económico es una nueva manifestación del luddismo. Al comienzo de la Revolución Industrial en Inglaterra, los luddistas saqueaban y rompían las instalaciones textileras por miedo a quedar desempleados. Pero lejos de crear miseria, el tremendo aumento en productividad logrado aumentó de tal modo la oferta y la demanda de todo que millones de nuevos puestos de trabajo se crearon, justo como Adam Smith lo había anunciado en La riqueza de las naciones.

El verdadero reto es dar retroceso a las malas políticas de Bill Clinton que aumentaron los impuestos para las familias y los empresarios. Revisar algunas de las más problemáticas implicaciones del GATT y de la nueva Organización Internacional del Comercio es también un objetivo importante, pero nada de eso tiene que ver con el TLC.

(*) Fue secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano y actualmente es director de Empower América.

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