HOTEL TEQUENDAMA: UN MUNDO DE FANTASMAS

HOTEL TEQUENDAMA: UN MUNDO DE FANTASMAS

En la noche de Navidad, el Salón Monserrate del Hotel Tequendama estaba totalmente desolado. Por primera vez en 38 años, no se escucharon las dos orquestas de música tropical ni el jolgorio de 350 personas. Y la cocina, que hasta hace un año produjo exquisitos platos navideños, no pasó de ser un frío recinto clausurado. El panorama es lamentable: los amplios corredores están solitarios y oscuros, las 750 habitaciones están cerradas, hay 800 trabajadores en receso y cerca de 15 almacenes abandonados y en el casino nadie hace apuestas.

26 de diciembre 1991 , 12:00 a.m.

En el lobby, antes congestionado y bullicioso por los cientos de asiduos visitantes, ahora apenas surgen, entre luces tenues, las siluetas de los dioses chibchas, quizás los únicos huéspedes permanenetes del hotel, pintados por el maestro Luis Alberto Acuña en un mural sobre la cultura religiosa muisca.

Hoy el hotel más parece un convento. Coincidencialmente, la primera edificación que hicieron los españoles en la zona de la antigua Santa Fe de Bogotá, que hoy ocupa el Hotel Tequendama, fue precisamante el monasterio de San Diego de Alcalá, el mismo donde pasó sus últimos días el virrey José Solís.

Y, como si el mundo regresara al siglo XVI, el Hotel Tequendama ofrece pasillos desolados por donde apenas dos o tres empleados de seguridad pasan en absoluto silencio, sin que el estrépito externo de la ciudad contamine ese ambiente. Crisis laboral Desde el 19 de diciembre los trabajadores sindicalizados del hotel optaron por el cese de actividades. No hubo acuerdo sobre el pliego de peticiones.

A las 12 del día, los trabajadores decidieron bloquear todas las entradas y tuvieron que salir de allí los 350 visitantes; otros 160 pasajeros que llegaban de Europa no pudieron ni franquear la puerta principal.

Incluso, 18 visitantes de una misión del gobierno de Estados Unidos tuvieron que abandonar las habitaciones. Habían elegido el Tequendama por sus buenas condiciones de seguridad, pero la huelga los tomó por sorpresa.

Mientras tanto, los empleados levantaron carpas en las entradas y allí exhiben la bandera de la Confederación General del Trabajo (CGT) y el tricolor nacional. Ahí pasan la noche, se alimentan, matan las horas con un juego de ajedrez o de cartas y con la música de fiesta que transmite la radio.

Para ellos, es una causa totalmente justa. Buscan un incremento salarial de treinta por ciento, que recupere el poder adquisitivo de su salario, y una mayor estabilidad con la eliminación de la figura del contrato presuntivo.

Este mecanismo, consagrado en la Ley Sexta de 1945, permite que el contrato de los empleados oficiales sea renovado o cancelado al término de cada año. El resultado, según un dirigente sindical, es que a muchos empleados con 15, veinte y hasta treinta años de servicio, se les cancela el contrato y no reciben ninguna indemnización. En sudadera Quizá diez días antes ningún gerente del hotel podía abandonar el uso de la rigurosa corbata. Pero ayer, Jorge Iván Herrera, gerente de habitaciones, apareció en el lobby con una simple sudadera, como en receso laboral, pero atento a cualquier mensaje que le pudiera llegar por el buscapersonas que lleva en el cinturón.

El día que comenzó el paro nos quedamos en el hotel 160 personas al frente de la empresa, pero hoy sólo permanecen algunos funcionarios de seguridad, una recepcionista y yo, que vivo en el mismo edificio , dice.

Herrera explica que la figura del contrato presuntivo no es algo que el hotel, como tal, pueda eliminar. Se trata de un mecanismo que funciona para muchas empresas industriales y comerciales del Estado. Es decir, se trata de una decisión del alto Gobierno.

En el el hotel la estabilidad laboral es alta. Hay empleados con veinte o más años de servicio. El mismo presidente del sindicato cumplió treinta años en la empresa. Además, cuando un empleado sale, el hotel garantiza la pensión entre los 55 y 60 años de edad, cuando la empieza a reconocer el Instituto de Seguros Sociales .

Los trabajadores aceptan ese planteamiento. Pero creen injusto que un empleado como Manuel Arias, del departamento de alimentos y bebidas, después de 26 años de servicio, haya salido con una liquidación de 185.000 pesos.

Hoy podrían surgir hechos que cambien el curso del conflicto. La empresa espera que los trabajadores, reunidos en asamblea extraordinaria, voten en favor del levantamiento de la huelga.

Estas acciones generan crisis. La empresa deja de percibir ingresos y los trabajadores quedan con sus contratos suspendidos y no reciben salario.

No hubo fiesta de navidad y eso significó cerca de 12 millones de pesos que dejaron de ingresar en el balance. Y si continúa la situación, también se podría frustrar la tradicional cena de San Silvestre: 1.300 personas que pagarían cerca de treinta millones de pesos por celebrar el fin de año a todo timbal .

Sin embargo, el hotel está comprometido a pagar la próxima quincena a los 160 empleados que se quedaron trabajando. A los huelguistas, el sindicato les reconocerá el 75 por ciento del sueldo, pero, por cuánto tiempo? Flotan en el ambiente otras expectativas sobre la huelga. La empresa espera que el Ministerio de Trabajo declare ilegal el cese de actividades. Para el sindicato, un pronunciamiento de ese tipo sería un atropello a la nueva Constitución.

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