‘Aplican restricciones’

‘Aplican restricciones’

Tiempo atrás, los anuncios comerciales eran más cándidos, más informadores y con menos triquiñuelas que los que se usan hoy para bombardear nuestras mentes, subliminal o descaradamente.

24 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

En sencillo aviso de hace 50 años se decía sin tapujos que un nuevo brassière, con las nuevas tirantas de acción libre, les añadía energía y vigor a las curvas, aseguraba la comodidad, resaltaba notablemente el busto, garantizaba completa separación y no había que arreglárselo a cada momento.

Resistía el abuso y múltiples lavadas. Costaba 13,50 pesos. Ese maravilloso anuncio, que todo lo prometía, no decía en letra chiquita, escondida e ilegible: “Aplican restricciones”. No. Se podía confiar en el producto, independientemente de los pechos que sostenía. ¡Ah, días aquellos! Actualmente, ocurre todo lo contrario. Anúnciese lo que se anuncie y prométase lo que se prometa, toda promesa queda bajo la sombra de “Aplican condiciones y restricciones”. Con esa frasecita, los que producen, venden, distribuyen y anuncian se ponen a salvo de toda responsabilidad frente al indefenso consumidor. Este se ve como un pobre infeliz, como un usuario sin capacidad de protesta ni de queja eficaz.

¡Claro!, siempre caemos bajo la propaganda impresa con brillantez, la recitada por radio con alucinación o la que nos bombardea repetidamente por la televisión. Nos proponen una maraña de planes y tipos de celulares; nos ofrecen la tarifa más baja para la banda ancha; el sector financiero nos induce a toda clase de créditos bancarios, tarjetas de crédito y formas rentables de inversiones; nos hacen soñar con viajes de turismo a paraísos ignotos; nos promocionan seguros de vida, que son mortales, contra accidentes y catástrofes; y, al aire, se avisan medicinas milagrosas. Pero, siempre “aplican condiciones y restricciones” que uno sólo descubre una vez que ha caído en la trampa.

Esos limitadores, nunca especificados en los anuncios, aparecen escritos en letra chiquita ilegible. Ingeniosamente, se han inventado la letra menuda en los avisos radiales. Al final de la oferta de ilusiones, el locutor lee a toda velocidad, atropella las palabras y cambia los acentos para decir algo así como Protectraestrantarostastminsaud. En ese galimatías, parece que siempre mencionan a una entidad que los vigila: la Superintendencia de Sociedades, el Ministerio de Salud o cualquier otra de esas instituciones que están hechas para protegernos, pero que parecen vivir en Babia.

Es posible que los anunciantes se protejan con lo de “restricciones”. Pero la frasecita hace dudar, a una mente sutil, sobre la bondad de lo publicitado. Los que quieren saber la verdad también deberían exigir esta técnica, así sea poco ética, en los anuncios políticos. Por ejemplo, el presidente Uribe, en la alocución de posesión de su nueva etapa, prometió concentrarse en el desarrollo social, propugnar la igualdad y combatir la pobreza. Pero, se le olvidó decir: “aplican restricciones”.

Porque la Reforma Tributaria y otras medidas representan lo contrario de lo anunciado. Bajo el manido estereotipo de la “competitividad”, se reducirá el gravamen a las empresas, que se compensará con la aplicación universal e indiscriminada del IVA. Los trabajadores pagarán un 1 por ciento más para la salud, se gravará a la cultura y a las fundaciones benéficas. Con ello reducen el salario, tal como una vez se propuso, lo que disminuirá la capacidad de compra de los pobres.

Las expansiones de los servicios y beneficios sociales dependerán de los pobres. ¡Que los pobres subsidien a los pobres y que aumente la desigualdad! Parece que con esta política social se llegará “hasta agotar las existencias” de pobres, de la manera más cruel e inhumana. ¿Encontrarán a los de estratos bajos para devolverles el IVA cuando no son capaces de capturar a los corruptos que tienen a la mano? No hay duda: no es el brassière de marras. Al Presidente le faltó decir: “Pratutinretcat aican restriccioens”.

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