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EL ARTE DE LA ANIMACIÓN

EL ARTE DE LA ANIMACIÓN

Entre el 6 y el 14 de septiembre, se realizará el XI Festival Internacional de Cine de Bogotá. Entre las diferentes muestras, homenajes y retrospectivas, se destaca el programa de cine de animación francés, organizado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia y su embajada en Colombia. Con el surgimiento de las técnicas de animación, sobre un fondo de antiguas pendencias en torno al realismo y de ilustres discrepancias acerca de su esencia, el cine retoma y transforma los problemas que suscita su relación con el arte, y los replantea bajo códigos artísticos nuevos, muy alejados del realismo clásico con lo que va creando su propio lenguaje. Si dejamos de lado las películas animadas del estilo de Walt Disney, donde la técnica sobrepasa las posibilidades y las cualidades artísticas, podemos ver cómo el cine de animación como arte, diseño, arquitectura, dibujo y pintura, más allá de sus posibilidades puramente narrativas, tiene en sí mismo, fotograma por fotograma, una signific

Pues bien, la muestra Homenaje al cine francés de animación 1956-1992 ha seleccionado 44 películas de extraordinaria calidad artística, agrupadas en cinco programas. Se trata sin duda de pequeñas joyas cinematográficas, que utilizan técnicas de expresión muy diversas y en cuyo catálogo algunos nombres ilustres nos salen al paso: Topor, Prevert, Ionesco, Arcimboldo, El Quijote, Josef von Stemberg, Marguerite Yourcenar, Boris Vian, Da Vinci, Lewis Carroll, Poe y también conocidos animadores: René Laloux (quien realizará durante el festival un taller de animación), Michel Roudevitch, Julien Pappe, Jan Lenica, Piotr Kamer, Robert Lapoujade, etc.

Joyas francesas Estas películas animadas bien podían definirse como obras artísticas en movimiento. Movimiento que implica un tratamiento del tiempo y del espacio, sí; pero también un desplazamiento en el pensamiento: de hecho, la fuerte originalidad de cada una de ellas radica en la potencia de ideas que llega a movilizar. Desde el cruel humor negro y el panfleto contra la guerra, pasando por la visión satírica del mundo moderno, las travesuras con la lógica, el poema burlesco y las utopías salvajes, hasta las abstracciones geométricas, los temas de estas películas, por lo general, centran la eficacia de su contenido en el poder de las imágenes, originales, desbordantes, conmovedoras, poéticas, provocadoras o, tantas veces, devastadoras. Imágenes que tan pronto evocan, de manera mucho más imaginativa que formalista, el juego barroco de las tensiones de sus composiciones pictóricas abigarradas, como las atmósferas fantásticas, las hipérboles de la imaginación, los laberintos de las visiones de pesadilla o el dibujo, frío a veces, cómico y agudo otras, pero siempre directo, ya en el planteamiento de su tema, o en el sentido moral de la fábula.

Dentro del dominio de los valores artísticos, este cine de animación participa a la vez de dos grandes tradiciones: la del arte clásico y la de su negación, que se realiza por medio de las experimentaciones audaces de las vanguardias.

Sin embargo, estas películas no quieren ser la expresión de ninguna de ellas, más bien se sitúan en un punto ecléctico y equidistante, donde, más que sobre el mensaje -aún el artístico- fundan su gracia y su fin en el encanto de las imágenes y cuyas pretensiones parecieran no estar centradas en la creación de un arte nuevo y estable. Más bien, es como si ellas estuvieran dirigidas hacia lo original y efímero, realizando de paso, lo que quizá sea la condición ideal de la obra de arte: cada una de ellas parece agotar en sí misma su propio canon artístico, como un mundo que se crea y se extingue -con todos sus recursos- con el comienzo y el final de su acontecer.

Si cada autor ha instaurado en sus películas una genuina lectura estética del arte y de la historia, con ello ha restituido una percepción personal del mundo, en abierto antagonismo con la sumisión al realismo, propio del cine convencional y tecnológico. Así, estas películas recuperan el placer visual y la ilusión de la obra de arte, que al preocuparse por el desarrollo de su propio movimiento, solo se tienen a sí mismas como referencia. Tal es la singularidad de la delicadeza y el poder de orginalidad de estas obras cinematográficas que el cine francés ha legado al arte de la animación.

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