Augusto, el ‘decano’ de los cometeros

Augusto, el ‘decano’ de los cometeros

Cuando llega agosto, para Augusto Schroeder no hay nada más importante que sus cometas. Ni los compromisos, y mucho menos los achaques que le han llegado a sus 70 años, se le pasan por la cabeza. Sabe que con la temporada de vientos llega la felicidad.

21 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Es por eso que desde que fue por primera vez al Festival del Viento de Villa de Leyva, por allá en 1975, no se lo ha perdido ni una vez. En este evento, que llegó este fin de semana a su versión número 31, Schroeder es considerado el ‘decano’ de los cerca de 300 expertos cometeros de todo el país que allí participan.

Para él, de origen alemán e ingeniero eléctrico, las cometas son una religión. “Verlas surcar los cielos es una felicidad plena. Me siento como un niño”, dice.

Recuerda que su padre le enseñó a fabricarlas con palitos de guadua y papel de seda. Luego las elevaba en potreros situados en lo que hoy es el barrio Chapinero, en Bogotá.

Villa de Leyva ha sido su principal escenario. Ha ganado cerca de 300 trofeos. Para esta versión llevó 43 cometas de diferentes estilos con las que compitió en casi todas las categorías. Él, sus hijos y nietos se llevaron varios premios. Su pasión por las cometas es tal que asegura haberse gastado más de 30 millones de pesos en los materiales con los que las fabrica.

Mientras echa a volar una de sus creaciones, recuerda que hace 20 años, en uno de los festivales, el viento sopló tan fuerte que se fue volando con todo y cometa. Al caer, lo recibieron las piedras de la plaza del pueblo.

Le cogieron 14 puntos en la cabeza.

Schroeder se considera un hombre sano. Pero ya les advirtió a sus familiares lo que deben hacer el día de su muerte: después de cremar su cuerpo, tienen que lanzar sus cenizas desde una cometa, en la plaza de Villa de Leyva. En el más allá, dice, quiere seguir sientiéndose como un niño.

Ideal para volar.

Villa de Leyva ofrece condiciones especiales para elevar cometas, ya que hace millones de años esta zona de Boyacá era un mar que se secó con el paso del tiempo. Por eso su geografía es plana y ofrece vientos fuertes durante gran parte del año. Para esta edición del certamen llegaron al municipio 10 mil personas de todo el país, según la oficina de Turismo.

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