Malka sabía que lloraba por su hijo

Malka sabía que lloraba por su hijo

Pese a sus 60 años, Malka Goldwasser no se cansa de luchar.

20 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Ella es la madre de Ehud ‘Udi’ Goldwasser, uno de los dos reservistas israelíes que fueron secuestrados en la frontera libanesa el pasado 12 de julio por el Hezbolá, hecho detonó la guerra de más de 30 días que enfrentó al ejército de Israel contra esa milicia libanesa. El otro es Eldad Reguev.

Malka está de acuerdo con el alto el fuego, porque no quiere que haya más muertes. Pero su guerra, afirma, terminará cuando su hijo regrese a casa. EL TIEMPO habló con ella en Naharia.

Malka, ¿cómo vive una madre el cautiverio de su hijo? La situación es difícil, muy difícil. No hay palabras para explicarlo, para describir el desgarramiento de madre, que siento en el útero mismo.

¿De dónde saca las fuerzas para lidiar con esto? Somos una familia sumamente unida. Y tenemos un pueblo entero que nos apoya, que nos abraza y alienta. Sentimos que también el mundo nos apoya, porque no es algo común secuestrar a alguien de su patria, y no dejar ni una señal de vida, como si se lo hubiera tragado la tierra. Pero no se lo tragó la tierra, fue secuestrado de forma premeditada y cruel.

¿Cómo cree que ‘Udi’ está viviendo su cautiverio? Ante todo, confiamos en él, creemos que lidia bien con eso, porque sabemos que es fuerte y que tiene un profundo sentido del humor que lo ayudará.

Tiene una gran memoria y logrará sacar de ella cualquier momento hermoso de su vida, para que el recuerdo lo ayude.

Supongo que ni en sus peores pesadillas pensó que viviría esto con ‘Udi’.

Imposible concebirlo. Nosotros estábamos en Suráfrica cuando esto pasó, por el trabajo de Shlomo, mi esposo. Entré a Internet, escuché las noticias de Israel y oí sobre el incidente del secuestro en Zarit, junto a la frontera.

Yo sabía que él estaba en Zarit, en la reserva, pero también creía que ya estaba de regreso en casa, porque esa mañana tenía que terminar la reserva.

Lo que sucedió fue que los que tenían que remplazarlo llegaron tarde. Y cuando vieron en el sistema de detección que alguien había violado la cerca fronteriza, pidieron que se acercaran a ver lo sucedido.

Pero en ese momento no sabíamos nada, solo que habían muerto varios soldados allí. Y oímos que había dos secuestrados. Y cuando leí eso, empecé a llorar, como madre, sin saber que ‘Udi’ era uno de ellos. Ni en mis peores pesadillas pensé que estaba llorando por mi propio hijo.

Los secuestrados aparecen solo en el prólogo de la resolución 1701, sobre cese del fuego, del Consejo de Seguridad. ¿Le molesta? Sí, nos molesta, pero aún tenemos mucha fe en el gobierno. Nos ha dado su compromiso. Y todos parecen decididos a traerlos a casa.

Para ustedes ¿la guerra ha terminado? Nuestra guerra personal no. No quiero más huérfanos ni viudas, ni madres ni abuelas en duelo. La continuación de la guerra para traer a nuestros hijos de vuelta a casa será en otro ámbito.

ESPERANZA VIVA No hay palabras para explicarlo, para describir el desgarramiento de madre, que siento en el útero mismo (... ) Sé que a mi hijo no se lo tragó la tierra”.

Malka Goldwasser, madre de uno de los soldados secuestrados.

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