Frente al acuerdo humanitario: ¿cómo 'desempantanar'?

Frente al acuerdo humanitario: ¿cómo 'desempantanar'?

En el curso de pocas semanas, Colombia ha perdido valiosos servidores públicos. En Antioquia falleció, tras una penosa enfermedad, el ex senador Carlos Restrepo Arbeláez, quien fuera uno de los dirigentes más destacados del MRL y, sin duda alguna, orador de gran valía. En Bogotá perdimos dos valores del sexo femenino que habían contribuido voluntariamente al progreso nacional con su aporte foráneo: doña María Olga Lira de Serna y doña Beatriz Kopp de Gómez.

20 de agosto 2006 , 12:00 a.m.

La primera pertenecía a una distinguida familia de juristas chilenos y se había adaptado tan bien a nuestro medio que no, sin razón, la considerábamos colombiana, y doña Beatriz Kopp de Gómez, inversamente, había transcurrido la mayor parte de su vida en el extranjero y había hecho un singular aporte a nuestra civilización con la creación de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, inspirado en las prácticas norteamericanas y actualizado en Colombia con el concurso de abogados amigos que hicieron viable económica y culturalmente la institución. Su ausencia es una baja generacional de primera magnitud y debemos confiar en que, con su concurso, la Fundación seguirá prestando sus servicios a la comunidad, como ha venido haciéndolo desde hace varios años.

El relevo de cerebros tan valiosos se ha cumplido en forma extraordinaria, gracias a la producción literaria de autores como Hernán Urbina Joiro, de Valledupar, y Luis Villar Borda, de la Universidad Externado de Colombia, y varias producciones recientes de doña Flor Romero, quien se ha propuesto rescatar cuentos y leyendas de nuestro pasado, a tiempo con la biografía de las mujeres más notables de nuestra historia.

Merecen especial mención, en el mismo orden de ideas, el rescate de la biografía de la India Catalina, legendaria fundadora de Cartagena, y el paralelismo entre Donoso Cortés y Carl Schmitt. Son trabajos de investigación en los que nadie antes se había comprometido con tanto empeño.

En el caso de la India Catalina, por ejemplo, se tenía noción de su existencia por el monumento a su memoria en la ciudad de Cartagena, pero acerca de su tormentosa existencia, su condición de haber sido la primera secuestrada de nuestra historia en el siglo XVI y el haber desempeñado una función de intérprete semejante a la de La Malinche mexicana, han permitido, tras un minucioso estudio en Colombia y en España adelantado por el doctor Hernán Urbina, despertarnos un renovado interés por figuras tan anónimas ayer, como la heroína de Galerazamba.

En el momento por el que atraviesa Colombia, todos estos escritos, como los de sus antecesores en el manejo de la pluma, nos distraen de la dura realidad, transportándonos mentalmente al reinado de la imaginación y de la fantasía, tan grato como ameno. Coinciden cronológicamente en el mismo amargo escenario en que vivimos, dentro de un proceso tan estéril como ha sido el de “desempantanar” el Acuerdo Humanitario, congelado por los insucesos de los últimos meses. ¿Cómo recobrar la vigencia del Acuerdo Humanitario, vinculándolo de nuevo a la atención pública como la prioridad número uno de la Colombia del nuevo siglo? Algunos piensan que con actos públicos, como la marcha de Neiva, como se hizo en los años anteriores, podremos poner el tema sobre el tablero. Aquí mismo se señalaba la posibilidad de modificar la táctica de pedir un intercambio por la estrategia de ofrecerlo poniendo en manos de la contraparte el ejercicio de la opción.

Sin embargo, el verdadero camino hacia el “desempantanamiento” quizá resida en la propuesta de la presidenta del Congreso de comenzar por un intercambio de visitas médicas entre los secuestrados de la guerrilla y los prisioneros del Gobierno para ir estableciendo, sin que haya vencedores ni vencidos, la práctica de los principios propios del Derecho Internacional Humanitario aplicado a la crisis colombiana actual. Es algo de lo cual espero ocuparme próximamente, cuando pueda contar con más elementos de juicio acerca de su viabilidad.

Cuanto ha habido hasta ahora en busca del Acuerdo Humanitario parecería una emboscada más dentro del forcejeo, de donde resultan vencedores y vencidos, o sea, poniendo de relieve quién va ganando en materia de territorio ocupado o cedido mediante la fuerza o la amenaza, quién cautivó más prisioneros o protocolizó mayores bajas en las filas del contrario, cuando el éxito consistiría en alcanzar legítimamente un régimen de igualdad y de equidad.

Nada de esta naturaleza reviste rasgos humanitarios, sino que persiste en el afán de cobrar una victoria y, por el contrario, se agudiza el conflicto como si se tratara de la rivalidad entre libaneses e israelíes. Un embrollo del cual es necesario salir para comenzar a convivir pacíficamente a la luz de los principios humanitarios.

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