Así logré llegar a los 114 años

Así logré llegar a los 114 años

'LA VIDA Y LA COMIDA DEL CAMPO ME MANTIENEN VIVO' IBAGUÉ Nació el último día de 1891 en la vereda Manombre de Chaparral, pero la vida larga no le vino por herencia. Su mamá murió a los 60 de una pulmonía y su papá, dice Ángel Alberto Rengifo Cerquera, también se fue joven.

20 de agosto 2006 , 12:00 a.m.

El soltero conocido más viejo de Ibagué cultivó la tierra durante 80 años.

Ese tiempo duró, cuenta, levantándose a las 4 de la mañana a ordeñar y a sembrar yuca, plátano y maíz en un pedazo de tierra que como herencia le dejó su madre, Lucía Cerquera Devia.

Ángel Alberto cree que llegó a las 114 años por esa vida de campo en la que nunca fue bebedor y por el maíz, el plátano, la panela, la leche y el pescado que comía. Nunca se ha acostado después de las 7 de la noche.

Siente que todavía su corazón trabaja como un reloj. Sus ojos aún ven y no hay que hablarle duro porque sus oídos todavía escuchan. Ni un cáncer de piel y 30 radiaciones pudieron doblegarlo.

Siempre lleva consigo la cédula nueva. La vieja se le perdió en uno de los tantos viajes que hizo a Bogotá buscando cura para el cáncer. “Tramité la nueva porque nadie cree que tenga 114 años”, afirma.

‘El Tío’, como cariñosamente lo llaman sus familiares, permanece la mayor parte del tiempo sentado en la puerta de su casa de la avenida 37 con séptima, en Ibagué, donde vive con su sobrina Lucía Rengifo.

“No fui hombre de muchas novias y por cosas de la vida ni me casé ni tuve hijos”, dice sonriente al explicar que se quedó solo para criar a los nueve hijos de su hermana Omaira.

Con dificultad recuerda vivencias de la época a la Violencia. “La chusma mató a muchos y quemó casas en Chaparral. A mí y a otros obreros nos encerraron, pero no se animaron a matar a nadie. Yo tenía un novillo gordo y estaba tan bueno que la chusma no se animó a darle plomo”, cuenta.

Ángel Alberto es un conservador fiel que mientras pudo no dejó de votar por los hombres de su partido. La última vez que lo hizo fue por Belisario Betancur.

Su sobrina cuenta que para no incomodarlo ya no lo saca a sufragar ni en elecciones presidenciales. “Él ya le cumplió a la política”, dice.

‘EL BUEN HUMOR ME HA CONSERVADO’ BELÉN (BOYACÁ) Entre risas dice no recordar su edad. Pero su cédula no miente: nació el 15 de noviembre de 1901 en Duitama (Boyacá). A tres meses de cumplir 105 años, María Eugenia Rivera dice sentirse como un roble. No le gusta tomar ‘pepas’ y solo recibe aspirina cuando le duele ocasionalmente la cabeza.

Su ceguera y un dolor en las piernas que no le permite sostenerse en pie son los únicos males que la aquejan.

La anciana no conoció hombre, según el padre Jesús Caicedo, que la llevó al ancianato La Divina Providencia de Belén (Boyacá) hace siete años.

“Hay que reír mucho, cantarle a la vida y seguir los designios de Dios para vivir una eternidad”, afirma ella.

María Eugenia reza cada mañana el Rosario, canta y es amiga de todos. Por su buen humor, es la preferida de la hermana Antelma Fernández, directora del ancianato.

104 años María Eugenia Rivera nació en Duitama. No se casó ni tuvo hijos y siempre ayudó en la iglesia de Sta. Rosa de Viterbo.

‘ESTAR QUIETA ENFERMA’, DICE MARÍA LIBERIA SINCELEJO A los 11 años, cuando ya llevaba tiempo trabajando porque quedó huérfana de padre, María Liberia Pedraza Solar tiró a un pozo su libro de escuela. Por eso, dice, nunca aprendió a leer ni a escribir. Pero a sus 110 años sigue en sus cinco sentidos.

Es todo un personaje en el barrio San Luis de Sincelejo, donde vive con una hija. Y asegura que el siglo largo que tiene a cuestas no le pesa. “Me siento feliz. No todo el mundo llega a los años que tengo”, se ufana.

Con toda propiedad, cuenta que tuvo 7 hijos y que uno falleció y otro más se fue de casa hace 17 años. 20 nietos y 14 bisnietos completan la familia de esta mujer que dice que el secreto de su longevidad es moverse: “A mí nada me da flojera, no me gusta estar sentada viendo lejos. Eso de estar pensando y con la mente en otro mundo enferma”.

Sobre los nuevos tiempos, dice que hay un mundo de diferencia entre las muchachas de hoy, “que no saben hacer nada en sus casas”, y las de su época.

Y sobre la muerte, dice que no la afana: “Hasta que Dios me recoja. El día que Él lo quiera está bien”.

110 años Nació el 10 de mayo de 1896. “Ahora quién pila maíz, quién lava ropa. Nadie. Ahora se dedican a estudiar para ser doctoras y abogadas”, dice de las mujeres modernas.

DIETA SIN PROHIBIDOS, EL SECRETO DE TRÁNSITO BUCARAMANGA La ‘nona’ de la familia Aranda Ayala –como la llaman sus siete hijos y los 29 nietos, 57 bisnietos y 7 tataranietos– dice que su longevidad se debe a la dieta rica en frutas, verduras y carnes.

“Me como lo que Dios socorra: pollo, huevos y todo lo que mis hijos me traen”, comenta doña Tránsito, la matrona de 1,45 metros de estatura y cabello cano que el 13 de agosto pasado cumplió en Bucaramanga 110 años.

Pero su familia cree que el secreto está en el buen genio, pues a lo largo de toda su vida ella ha sido una persona tranquila.

Se despierta entre las 9 y las 10 de la mañana y desayuna con caldo, arepa, pan, chocolate, fruta y gelatina. Una de sus nueras, Carmen Cecilia Bonilla, dice que su suegra se baña todos los días con agua fría, tras desayunarse.

La carne de res, los jugos naturales y las sopas no faltan en su almuerzo.

Pero la comida rara vez pasa de aguapanela y pan.

Generalmente se va a la cama a las 7 de la noche “Cuando en el día duerme mucho, en la noche se desvela y se le escucha hablar sola, sobre todo recordando a su marido, muerto hace mucho años”, dice la nuera.

110 años Nació en Güepsa (Santander) el 13 de agosto de 1896. Parte de su vida la vivió en el vecino pueblo de Suaita y no pasa un día que no diga que le gustaría regresar allá.

LA TRANQUILIDAD HA SIDO LA COMPAÑERA DE ‘VITÍCOR’ SAN JUAN DE RIOSECO (CUNDINAMARCA) Don ‘Vitícor’ es toda una institución en la inspección San Nicolás, a 20 kms. de San Juan de Rioseco, occidente de Cundinamarca.

De los 110 años que tiene, ha pasado 50 recorriendo las calles del pequeño caserío llevando y trayendo lo que le pidan los 300 habitantes.

Nunca se casó porque no tenía plata y “las novias no querían un hombre pobre”, dice con una sonora carcajada en la que no se echan de menos los dientes, casi todos perdidos con la edad.

En general, la tranquilidad ha marcado la vida de Víctor Francisco Ramírez.

A eso de las 10 de la mañana empieza a caminar por San Nicolás. La gente lo llama y él acude a hacer los mandados.

Nunca fumó, no toma trago desde hace más de 30 años, come tres veces al día y duerme más de ocho horas. Además de ir y venir por lo que la gente le pide, ‘Vitícor’ alimenta los marranos de la cochera de Teresa Pedraza, de manera voluntaria y sin pago.

Su sentido de orientación y su audición se han venido a menos en los últimos tiempos, pero aun así sigue haciendo mandados.

“A veces se pierde y se aleja mucho y toca devolverlo”, cuenta Arnoldo Molina, de 56 años, que conoce a ‘Vitícor’ desde niño.

No tuvo hijos y vive en una pieza que le cedió Alberto Triana, un tendero de San Nicolás. “Tengo 60 años y desde niña conozco a ‘Vitícor’ y se ve igualito. Su ejemplo nos debe dar fortaleza”, dice una habitante del caserío.

110 años El 30 de diciembre ‘Vitícor’ cumplirá 111 años. Recuerda que en su juventud negociaba con quesos y llevaba cartas

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