El general Ospina

No creo haber conversado con el general Carlos Alberto Ospina más de cinco minutos. He ido desarrollando una enorme admiración por él. Humilde, dedicado, patriota en máximo grado. Sin duda, el mejor soldado de la República.

19 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

¿Y acaso no es el general de más alto rango? Es que siempre estuvo al lado de sus tropas compartiendo con ellas sinsabores y triunfos. No fue un oficial de escritorio. Su imagen es la de un comandante en acción. En camuflado.

Escuché siempre los mejores elogios de su desempeño como militar. Y nunca supe de algo que pudiera arrojar una sombra de duda sobre su honestidad o su apego al código de honor de la institución. Un paradigma de virtudes. La más sobresaliente: su modestia. Sin duda, esta nota lo molestará en grado sumo.

El presidente Uribe le rindió un fervoroso homenaje, que desató los rumores sobre su partida. Es forzoso compartir esas palabras tan encomiables.Cuando algunos miembros de la Fuerza Pública han sido objeto de cuestionamientos, la hoja de vida del general Ospina está ahí para decir a sus colegas de todos los rangos cuál es la conducta que los ciudadanos esperamos de las personas a las cuales les hemos confiado las armas de la nación.

Su solicitud de retiro es entendible. Es hora, entonces, de recordar que sus ejecutorias son reconocidas dentro y fuera de Colombia. En un escrito de hace más de un año, uno de los mejores expertos internacionales en el oficio escribió: “Ospina, un oficial con experiencia y logros considerables en el campo de batalla, era considerado generalmente como el cerebro del Ejército Nacional . Su correcta apreciación de la situación, sin embargo, no pudo ser transformada en una verdadera iniciativa contrainsurgente de carácter nacional hasta la elección de Uribe”. Y: “Ospina fue enfático en que ver a los insurgentes como simples narcotraficantes o criminales terroristas nublaba la mortal simbiosis que impulsaba el movimiento”.

Una de sus contribuciones a la nueva estrategia fue la de los comandos operacionales conjuntos, que contaron con apoyo presidencial y se implementaron desde diciembre del 2004. Los generales Tapias, Mora, Ospina y Castellanos son, con muchos otros de sus compañeros, responsables de las impresionantes mejoras en la seguridad democrática. Los nuevos comandantes tienen la tarea de implementar una continuidad dinámica que rinda los frutos que todos esperamos, el principal de ellos, la consolidación y sostenibilidad de una política integral de seguridad.

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