La fritanga se toma los estratos altos

La fritanga se toma los estratos altos

Después de analizar varias opciones, entre ellas Buenos Aires, como posibles plazas para invertir en el segmento de gastronomía, los empresarios Nimrod Molad, Lior Nativ y otros inversionistas israelíes decidieron apostarle a Colombia: hace un mes abrieron el restaurante Agadon, en el norte bogotano, que esperan que sea tan exitoso como dos que existen en Israel.

19 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

El objetivo de los empresarios es ampliar el proyecto y convertirlo en una gran cadena. Molad es un convencido de que el mercado de restaurantes de clase alta es muy rentable. “Colombia tiene estabilidad económica y gente de mucho gusto”, dice. Su restaurante ofrece comida mediterránea y sopas que mezclan la tradición colombiana con algo de gastronomía israelí.

Con la misma visión, el empresario Dairo Martín abrió hace dos meses en la capital una primera sucursal del restaurante Langosta, con capacidad para atender a 60 personas al día. Langosta existe en Cartagena desde hace 20 años y está dirigido a segmentos muy exclusivos de la ciudad heroica. Martín dice que en Bogotá hay mucho público y que eso hace más atractivo el negocio. Su proyecto es abrir un segundo local en un sitio con alta afluencia de público.

El emblemático La Barra, por su parte, que había colgado los manteles hace ya más de tres años, decidió regresar y “esta vez para quedarse”, según afirman los administradores del renovado establecimiento. Este reabrió sus puertas hace seis meses y aspira a atender a 1.000 comensales, en promedio, cada mes.

Al igual que ellos, hay grupos de gran trayectoria en el sector que expanden sus cadenas, otros se están asociando para crecer y los de comidas rápidas están modernizando algunos de sus establecimientos y ofreciendo menús para los paladares más selectos.

Un vocero del Grupo Takami Ltda., de los restaurantes Osaka, Ochenta Sillas y Sipote Burrito, asegura que hay que apostarle a varios segmentos para mantenerse en el mercado y por esto los dueños de algunas cadenas han decidido comprar acciones en otras para tratar de estar presentes en todos los segmentos.

Por ejemplo, Archie’s tiene inversión en un restaurante de comida china en Usaquén; los dueños de El Corral tienen acciones en Andrés Carne de Res, y Harry Sasson y Leo Katz trabajan juntos en varios proyectos nuevos.

Pero por el auge de restaurantes de clase alta, los empresarios dicen que hay una burbuja especulativa con los arriendos. Enrique Low, de Toy Express, cuenta que en promedio el alquiler de un local en un centro comercial puede costar entre 6 y 8 millones de pesos y fuera de los centros comerciales (en los sitios de moda) piden hasta 15 y 20 millones de pesos mensuales.

LA FRITANGA, DE TRAJE ELEGANTE María del Rosario Gómez, una de las fundadoras de Sopas de Mamá y Postres de la Abuela, dice que a los ejecutivos de hoy les gustan los platos típicos, pero debido a su trabajo y a su entorno social no los consumen en cualquier parte. “Este es un incentivo para ampliar la cobertura de las cadenas. Yo estoy buscando una casa grande en Chía para montar un restaurante de alto nivel”, dice. Esta cadena tiene actualmente 11 restaurantes.

Janeth Valdivieso, dueña de Fritanga Gourmet, un restaurante en el norte de la capital, dice que su negocio es exitoso debido a que la fritanga es un plato típico que le gusta a la mayoría de las personas.

Sin embargo, agrega, ni los empresarios ni la gente de clase alta tienen tiempo y disponibilidad para buscar un lugar bueno e higiénico para consumir este producto. Por esta razón se fundó este sitio que ofrece como plato especial los huesos de marrano.

Los meseros le explican al comensal que “no se trata de una fritanga cualquiera, porque además de la presentación, los cerdos son cuidadosamente seleccionados y el aceite para freir las comidas es vegetal y no contiene colesterol. En otras palabras es una fritanga ‘light’, dicen en medio de una leve sonrisa.

Según analistas del sector, el consumidor busca innovación y variedad. Esto ha llevado a que surjan nuevos conceptos de negocio como el que desarrollaron un grupo de siete empresarios en el sector de Quinta Camacho.

En una casa, que es patrimonio arquitectónico se adecuó una plazoleta de comidas similar a la de los centros comerciales, donde se ofrece pollo, comida de mar, hamburguesas, pastas, comida china y café, entre otras opciones.

Omar Pinzón, dueño de la Plazoleta Quinta Camacho y del punto Presto que funciona en ese lugar, dice que el sitio surgió debido a la necesidad de presentarle al cliente nuevas alternativas.

Según los empresarios, abrir un restaurante de alto nivel –con todas las exigencias del consumidor, soportadas en estudios de mercado– puede costar entre 300 y 500 millones de pesos. A esa inversión hay que sumarle una proyección de 50 millones de pesos para los gastos de los seis primeros meses, mientras se da a conocer el sitio y se posicionan las marcas.

AUMENTO SE CONCENTRA EN ESTRATOS 5 Y 6 Un estudio contratado por la Asociación Colombiana de Restaurantes (Acodres) al Centro Nacional de Consultoría (CNC) revela que hasta el año pasado existían en el país 8.900 restaurantes dirigidos a estratos 3, 4, 5 y 6. Sin embargo, los cálculos que hace la directora ejecutiva de esta agremiación, Lilia Linares, es que la cifra ya supera los 9.100 restaurantes y que el crecimiento se concentra en los estratos 5 y 6, específicamente.

La misma investigación señala a Bogotá como uno de los sitios preferidos para la apertura y expansión de cadenas alimenticias y muestra de ello es que empresarios de Medellín, Cali y Cartagena, para mencionar algunos, están abriendo sucursales en la capital.

Linares atribuye el auge en la apertura de negocios a la tendencia de los colombianos a comer fuera de la casa con mayor frecuencia, “especialmente en Bogotá donde las distancias son grandes y la gente no tiene tiempo para ir a su casa y regresar al trabajo en una hora del almuerzo”.

500 millones de pesos vale abrir un establecimiento de comidas para los estratos 5 y 6. El arriendo mensual puede superar los 15 millones de pesos

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