El silencio de Günter Grass

El silencio de Günter Grass

De repente, cuando nadie imaginaba que quien más ha trabajado por superar el pasado histórico alemán podía estar secuestrado por él, Günter Grass, el mayor escritor alemán contemporáneo, acaba de confesar que militó en la Waffen-SS, organización paramilitar de Adolfo Hitler. No lo hizo durante mucho tiempo: apenas unos meses. Y era bastante joven: 17 años. Pero ocultaba celosamente este secreto, solo compartido con su mujer. La declaración del premio Nobel es una bomba que revela hasta qué punto Alemania sigue luchando con los fantasmas de su época nazi.

17 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Grass ha sido una de las voces más lúcidas en el proceso de la responsabilidad que cabe a la nación alemana en las atrocidades de Hitler.

Muchos de sus ensayos, novelas y artículos constituyen una honda defensa de la libertad. En su novela El gato y el ratón se ocupa de los sentimientos de pérdida y culpa; en El tambor de hojalata recupera la historia de Danzig, su pueblo natal (hoy Polonia), ante la borrasca nazi; en Mi siglo arma un mosaico moral de historias que relatan la de Alemania a partir de 1900.

Desde su posición de izquierda, Grass ha luchado por la democracia y combatido el totalitarismo. Todo ello hace que su confesión sacuda el mundo que él mismo creó. La conmoción promete seguir, pues su pasado hitleriano será desarrollado en un libro de memorias que aparecerá el mes próximo.

El de Grass no es el primer caso de un personaje internacional sobresaliente que carga un vínculo ignominioso. De Kurt Waldheim, eficaz secretario de la ONU, se supo que había sido oficial de inteligencia nazi. Aunque fue presidente de Austria en 1986, su imagen sufrió irreparable deterioro. El actual papa, Joseph Ratzinger, fue miembro del Ejército nazi. El reclutamiento era forzoso, pero muchos lamentan que un antiguo soldado de Hitler alcance la silla de San Pedro. El caso de Grass es diferente. Lo de menos son esos meses de juvenil entusiasmo por la causa de sus connacionales. Lo insólito es que los hubiera ocultado durante más de medio siglo. En 1985 criticó la visita de Ronald Reagan y Helmut Kohl al cementerio de Bithof, donde están sepultados varios miembros de la SS. ¿Cómo pudo hacerlo pese al reato de haber pertenecido al mismo cuerpo? Es difícil comprender el proceso de naciones e individuos que tienen que ponerse en paz con su pasado. Grass lo hace a los 79 años, tras la espléndida cátedra de ética y libertad dictada en sus obras. Pero su silencio aflige. Quizás podrá exprimir esta contradicción en sus próximos libros. Como dijo el profesor sueco Horace Engdahl al entregarle el Nobel –que quizás nunca habría ganado de conocerse su biografía completa–, “la literatura se encarga de recordar lo que la gente olvida”.

editorial@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.