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ASÍ SE MECE SAN JACINTO

ASÍ SE MECE SAN JACINTO

Rosa María tenía catorce años cuando vio por primera vez los ojos de gato montaraz con que la miraba aquel muchacho de pelo ensortijado, que montaba su caballo con desenfado en la plaza, frente a la iglesia del pueblo. Se enamoró de inmediato y dos meses después lo siguió a la montaña en donde el hombre cultivaba la tierra y ordeñaba seis vacas. Su primera noche de amor, bajo una luna hermosa que iluminó con devoción la humilde estancia de la colina, la vivió en una hamaca. Era grande, de vistosos colores, resistente y con una leyenda cerca del cabezote: te amo Rosa María . Ahí engendraron a su primer hijo. Y el segundo y el tercero, antes de separarse para siempre cuando Abel Antonio se fue a Venezuela en busca de mejores horizontes y nunca más volvió.

Todos mis hijos son de hamaca , dice Rosa María, medio siglo después de la partida de su amado, cuando la pasión también se marchitó para siempre en su cuerpo. Pero sigue durmiendo en hamaca porque cree que no hay cama que se le compare porque es fresca, sabrosa y solo necesita dos soportes para colgarse en cualquier lado.

Aquí, en San Jacinto (norte del departamento de Bolívar) ser hijo de hamaca no es excepcional. Por el contrario, muchas mujeres afirman que la mayoría de sus relaciones íntimas las han disfrutado en esa especie de cama del aire que se teje aquí mismo como prenda artesanal.

La hamaca tiene raíces prehispánicas y los zenúes fueron expertos tejedores que llevaron su arte a varias zonas de lo que es hoy la costa Caribe colombiana, entre ellas San Jacinto. Cuando morían, los indígenas eran envueltos en sus hamacas porque existía la creencia de que la seguirían necesitando en el otro mundo.

La hamaca a Europa Por lo menos la mitad de las socias de la Cooperativa de Artesanos de San Jacinto (Coopartesanos), recientemente condecoradas por el gobierno con la Orden Al Mérito Exportador, aceptan que tienen hijos de hamaca.

En la actualidad, ellas están exportando a Suiza, sin intermediarios, las hamacas que confeccionan, aprovechando las bondades de la apertura económica. Es la muestra palpable de que la apertura tiene corazón , dijo el ex ministro de Comercio Exterior, Juan Manuel Santos, cuando les entregó la distinción en el Centro Internacional de Convenciones Cartagena de Indias, una semana antes de terminar sus funciones.

Por el momento, y desde mayo, la cooperativa ha enviado a ese país 300 unidades por pedido directo del empresario suizo Henrich Rehmann, quien vino a San Jacinto después de enterarse de la existencia de la hamaca, a través del Trade Point de Cartagena.

Ese hombre como que quiere poner a mecer en hamaca a toda Europa, porque asegura que vendrán muchos más pedidos , afirma, sonriendo, Gladis Madrid, subgerente de la Cooperativa.

La agremiación se fundó en 1988 con 20 socias, bajo la presidencia de Patricia Acuña quien a la larga fue la única que permaneció en la organización porque todas las demás se dispersaron. En 1991 se revivió el organismo, también con 20 socias, todas firmes en el nuevo proceso que viven con la apertura.

Las artesanas, que también tejen cubrelechos, cortinas y telas para muebles, trabajan muchas horas al día para cumplir con sus obligaciones en el hogar porque son madres y esposas.

Mientras tejo tengo que hacer la comida, planchar la ropa, preparar los pelaos para el colegio y atender al marido , dice Gregoria Buelvas, mientras el burro de la familia come hojas de mazorca muy cerca del tejar.

Ella no pertenece a la cooperativa, como tampoco la mayoría de las tejedoras del pueblo, porque no tiene tiempo para cumplir con la organización. Parezco una máquina haciendo tantas cosas al mismo tiempo y no me he vuelto loca porque Dios es muy grande , dice con tristeza pero sonriente.

El trabajo de las tejedoras es duro aunque ellas lo disfrutan. Para tejer una hamaca normal, de 2,75 metros de largo por 1,60 de ancho, cuyo precio puede ser de sesenta mil pesos, emplean una semana y al final reciben entre ocho mil y diez mil pesos.

La cooperativa, que proporciona los elementos para tejer, les encima a sus socias 1.000 pesos por unidad. Eso representa una entrada mensual de máximo cuarenta y cuatro mil pesos.

Para elaborar sus hamacas, las tejedoras adquieren la hilaza en Barranquilla y artesanalmente le dan los colores que requieren para obtener una prenda hermosa. Simplemente prendemos un fogón en el patio y a base de matarratón, totumo, semilla de aguacate, achiote, mora, brasil, pijiño, sangregao obtenemos los tonos que queremos , dice Elena Vásquez.

En San Jacinto, municipio de 35 mil habitantes asentado en los Montes de María, la artesanía envuelve al 50 por ciento de su población pero la tradición se puede perder porque las jóvenes no le ven porvenir. Tejer no da sino pobreza , dijo una estudiante de 18 años que quiere seguir carrera de arquitectura.

Aquí, en donde la gaita encontró cómplices como Toño Fernández, la pobreza es general pero la cooperativa de artesanos cree que la apertura puede ser la vía para un mejor vivir.

Si producimos calidad y logramos exportar sin intermediarios cantidades apreciables, nuestra gente puede vivir mejor en el futuro , dice Rita Acuña.

Ya en los años 70 las artesanías de San Jacinto eran conocidas en varios países pero la intermediación y aún el narcotráfico, acabó con la esperanza. Ahora, veinte años después, el Edén puede estar en Europa, en donde ya alguna gente se está meciendo en hamaca. Cuando los europeos descubran la sabrosura de dormir siempre pegao en una hamaca de doble cuerpo --dice con picardía Gladis Madrid-- entonces se van a olvidar para siempre de la cama . .

Europa se mece en hamaca Las perspectivas de la hamaca en Europa son halagadoras, de acuerdo con Roxana Trucco, quien montó en Cartagena el primer Trade Poind del mundo. A través de este organismo, es posible obtener y ofrecer información comercial a todos los empresarios conectados a una red de computadores.

De ahí que ahora sea fácil para los pequeños empresarios, inclusive microempresarios, exportar directamente, sin intermediarios. Fue lo que ocurrió con las artesanas de San Jacinto, que buscaron asesoría del Trade Poind y lograron interesar al suizo Henrich Rehmann, quien les está comprando sus productos. Esto es realmente hermoso, dice Trucco, porque la apertura está llegando a todo el mundo .

Las artesanas sanjacinteras, acostumbradas a tejer en vivos colores se sorprendieron cuando Rehmann les dijo que seguiría comprando hamacas pero de colores crudos. No queríamos tejer así, en un principio, porque son colores tristes, opacos, pero negocio es negocio y nuestro cliente sabe el por qué de sus reglas , dicen las socias de la cooperativa.

Para el futuro tienen en mente elaborar hamacas con productos ciento por ciento de San Jacinto: sembrarán el algodón, lo recogerán, sacarán la hilaza, le aplicarán los colores y lo tejerán.

Ellas tiene un enemigo temible: las fábricas industriales de hamaca de Barranquilla. Sacan hamacas a montones pero tiene una caída -dice Gladis Madrid- porque sus cabezotes son pegados mientras que los nuestros son tejidos a la pieza y nunca se desprenden . Sin duda, conocen su oficio.

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