El Rosario se va del centro pero también se queda

El Rosario se va del centro pero también se queda

Para no ir tan lejos, la universidad se va del centro, pero El Rosario se queda.

13 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Es decir, esa plazoleta que se abrió campo en la ciudad a partir de 1970, cuando el Distrito compró los inmuebles que había en este sitio, incluida esa construcción que era gemela al edificio Santa Fe, donde funciona el tradicional Café Pasaje.

La misma plaza que fue bautizada Guillermo León Valencia –aunque nadie la llame así–, donde tomó posesión la estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada, y la que todos conocen como Plazoleta del Rosario por servir de portada a este claustro universitario, no dejará de tener ese aire estudiantil que convive con los comerciantes callejeros de esmeraldas, con los clientes de los 'tintiaderos' y los desocupados que calientan sus bardas.

En la sede del centro quedarán poco más de 2.000 alumnos de todos los programas de especialización. Pero el hecho es que por primera vez, después de 303 años de historia en este punto de la ciudad, el grueso del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario se muda al norte, muy cerca del portal de la calle 170, donde en poco tiempo se empezará a construir una nueva sede para recibir a más de 5.000 alumnos a partir del año entrante, y además, se le reservará el sitio a otros 10 mil que la universidad espera admitir en la próxima década.

El rector de El Rosario, Hands-Peter Knudsen, dijo que la idea inicial era abordar este crecimiento en el centro, “pero fue imposible porque no encontramos sitios con posibilidades ni proyección. Pero tampoco quisimos hacer sedes campestres, porque nuestro deseo es seguir vinculados de manera muy estrecha con la ciudad”.

Como ‘despedida’, la universidad, en trabajo conjunto con el Banco de la República y otras entidades, deja lista y aprobada la remodelación de la plazoleta.

Se proyecta como la puerta de entrada al centro histórico de La Candelaria.

Cambiará el acceso al sótano de parqueaderos que se construyó en los cimientos del viejo edificio.

Se tienen previstos cafés al aire libre para complementar los tradicionales restaurantes ubicados en el marco de la plaza: La Romana (1964) Sorrento (1972) y el Café Pasaje (1940). Jiménez de Quesada será una estatua luminosa y junto a nuevos árboles se mezclarán nuevas charlas con viejas historias de tanto parroquiano que anda suelto por ahí.

En el claustro queda la pinacoteca, los incunables y los archivos, donde se conserva esa factura en la que Antonio Nariño y Álvarez vende al rector de El Rosario una esclava mulata de 9 años, y los cambios de castigos a los desaplicados: “En vez de pena de azotes, que queda abolida, se les impondrá la de cepo y encierro”.

gergel@eltiempo.com.co

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