A pellizcos

Pasará a la historia la frase del señor Contralor de Bogotá cuando dijo que si no había maquinaria y tecnología suficientes para demoler las casas construidas sin licencia en los cerros orientales, él y su gente irían a demolerlas “a pellizcos”.

06 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Y así fue. Una mañana, toda la burocracia y la fuerza represiva de la Alcaldía de Chapinero se dirigió al campo, vereda El Verjón Bajo, en la hoya del río Teusacá, y tumbaron una casa de una finca de un campesino. Como si un campesino no pudiera tener una casa en su finca. Y lo peor de todo es que el que infringió la ley, el que construyó sin licencia, no fue el campesino.

Fue un extraño que le compró la finca al campesino por cuatrocientos millones, firmó una promesa, le dio treinta, construyó la casa como modelo para una urbanización de casas y luego desapareció e incumplió la promesa.

El campesino recuperó su finca con la casa y varios años después se la tumbaron. ¿Tiene este acto alguna explicación racional? Ya no era una casa modelo de una urbanización. Había pasado a ser una casa aislada dentro de una finca. La tumbada con bombos y maracas fácilmente es uno de los mayores atropellos a la justicia social de los últimos tiempos. A los dos días fueron, también injustamente, a tumbar otra casa en la Floresta de la Sabana y no pudieron porque sus propietarios y los vecinos tenían los recursos para oponerse y lo lograron. Bien por ellos.

Cómo es que una parcelación que lleva cincuenta años de permanente desarrollo y construcción y donde sus habitantes han pagado los impuestos correspondientes y se les ha permitido usar y pagar los servicios públicos, súbitamente resultan ser unos infractores. Por qué más bien no analizar que durante este período de tiempo los habitantes de este barrio han contribuido notablemente con el mejoramiento del medio ambiente y la arborización.

¿Qué han hecho los organismos de control de las sucesivas administraciones durante tantos años? ¿Ha existido acaso una reglamentación clara y coherente sobre lo que se puede o no hacer o construir en los cerros orientales o en los municipios cercanos que reciben el impacto de la urbanización vecina? ¿Por qué existen tantos barrios piratas donde gentes de escasos recursos han sido engañadas por urbanizadores fantasmas y después de pagar por un terreno y construir en forma precaria no tienen servicios públicos ni vías de acceso? ¿Se van a demoler también estos establecimientos urbanos informales o se deben habilitar mecanismos para mejorar sus condiciones e incorporarlos a la ciudad, reconociendo que allí vive un alto porcentaje de la población? Si no se busca una metodología general para aceptar y enfrentar el crecimiento demográfico y la urbanización en todo el país y se investigan e implementan sistemas racionales para proveer de tierra suficiente a los municipios en todas las regiones, el fenómeno del deterioro ambiental seguirá su curso con las consecuencias funestas que estamos viendo.

De nada sirven los lloriqueos sin fundamento que leemos en la prensa a diario o los pellizcos aislados de los organismos responsables del crecimiento urbano.

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