Trabajar cansa

Más bien simple y predecible el tal ranking de la felicidad. Su autor, un inglés de nombre White, investigador de la Universidad de Leicester, se conformó con medir esperanza de vida, acceso educativo y bienestar económico. Y, claro, ganaron los daneses (EL TIEMPO, 29/07/05). No incluyó en sus preguntas si los entrevistados comían muchos helados, ni si amaban profundamente o entregaban buena parte de su tiempo al ocio no creador.

05 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Johan Norberg, en cambio, aborda el tema desde un ángulo más amplio (“las causas científicas de la felicidad” www.cis.org.au/policy/). Allí expone las principales tendencias de los estudios, al parecer de moda, sobre este tema.

Y descubre el carácter asintótico que tiene lo económico. Significa ello que una vez alcanzados unos mínimos básicos, ya no seremos proporcionalmente más felices al ascender en la escala del dinero. Y en cambio sí concentraremos nuestro esfuerzo en la feroz competencia, pues al hacernos más ricos estimularemos a otros a que hagan lo propio.

Y esto de trabajar, trabajar y trabajar podrá servir para gobernar pero no para la felicidad. Las nuevas potencias orientales, que en el pasado dedicaban buena parte de su tiempo al oficio meditativo, hoy trabajan hasta el cansancio. Habría que preguntarles qué tan felices son. Borges dijo que si pudiera volver a vivir se demoraría más. ¿Haciendo qué? Pues nada, que es lo que de verdad hacen los escritores cuando trabajan. Una página realmente buena generalmente tiene como antesala una buena cantidad de horas de no hacer nada –léase contemplación de la trama oculta de los hechos, mirada en diagonal, admisión de la incertidumbre–.

Norberg expone con entusiasmo las ideas partidarias de los intervencionismos de Estado orientados a facilitar el ocio entre los ciudadanos. No trabajar tanto y disfrutar la vida producen más felicidad que trabajar mucho y no tener tiempo para comerse un buen helado. El logro económico no es, per se, el determinante de la felicidad, que suele ser una cosa más sutil, más compleja, más humana.

Trabajar, pero no tanto, parece ser el camino. Así uno alcanza a entregar las obras como resultado de un gozoso trance, el creativo; y no se agota. Le quedan energías para el disfrute y la vida. Para el amor, el cine, la poesía. Fue lo que nos dejó dicho Pavese, el poeta italiano, quien antes de despedirse legó a la humanidad su pensamiento en un poema sublime: trabajar cansa.

* Director, Centro de Aplicaciones de la Teoría del Caos centrodelcaos@gmail.com

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