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RETOS DE LA SUPERPOBLACIÓN

RETOS DE LA SUPERPOBLACIÓN

Veinte años después de la conferencia de Bucarest y diez después de la de México, se reúne en El Cairo la Conferencia Mundial de Población y Desarrollo, sobre la cual es pertinente expresar algunas opiniones personales, especialmente basadas en mi experiencia como director general adjunto de la Organización Internacional para las Migraciones. Será útil evaluar los resultados del esfuerzo internacional y su impacto en las políticas nacionales en estas dos décadas. La conferencia de El Cairo se enmarca en el conjunto de las actividades de la ONU, en particular en la Conferencia Mundial del Medio Ambiente del 92, la Cumbre Social en Copenhague (95) y la Conferencia Mundial sobre la Mujer (96) que, con otras, definen la respuesta a los desafíos contemporáneos. Las Naciones Unidas están sujetas al impulso, el ritmo, las decisiones, de sus miembros. Habrá que juzgar con objetividad la distancia entre los planes de acción y los hechos. Proceder a los reajustes conducentes, para acortar la

Como resultado de las conferencias regionales en que los Estados hicieron valer sus prioridades, en El Cairo se discutirá un amplio programa de acción. Están condensados acuerdos previos en gran mayoría pero quedan aspectos indecisos. Se procederá presumiblemente a través del consenso y no por votación, lo cual preserva los derechos nacionales básicos. La sola enunciación de los XVI capítulos, interrelacionados, a más del Preámbulo y los Principios, sirve para despejar ciertas dudas legítimas, otras sesgadas y desinformaciones sobre la conferencia. Casi todas las propuestas proceden de textos previamente aceptados en la ONU. Reflejan por ello una universalidad enriquecida por los aportes de las grandes culturas, las diferentes tradiciones. No hay universalidad auténtica sin raíces profundas, y por definición pluralistas. Pretender imponer visiones fundamentalistas, unilateralismos dogmáticos es no solo desconocer la razón de ser de la ONU, sino la concepción humanista del proyecto.

La Conferencia de El Cairo no podrá producir una especie de diktat global, de cumplimiento forzoso, sino un marco de referencia amplio, que registre denominadores comunes y flexibles. Serán las legislaciones y las políticas de los Estados las que decidan, en cada ámbito, su aplicación, sin desfigurar las orientaciones que esos mismos Estados se obliguen a cumplir.

Lo fundamental en El Cairo es encontrar fórmulas concretas para canalizar, implementar y financiar la cooperación internacional. Dándoles prelación a las necesidades abrumadoras de los sectores más pobres. Que hemos convenido en llamar el Sur, por contraste con el Norte más próspero. Este debería contribuir, en interés propio, inclusive, a romper el círculo de hierro de la pobreza y la superpoblación en el tercer mundo, respetando sus prioridades. Sería equivocado propugnar el enfrentamiento, que podría poner en peligro la cooperación internacional. O pretender imponerle al primero los modelos de sociedad y de consumismo del segundo. Hay que tener presentes la escala de valores de cada pueblo, su concepción de la familia, sus aspiraciones de dignidad y de progreso.

La preocupación demográfica es legítima. Quien lea las cifras del crecimiento poblacional disparejo en el mundo no puede dejar de estremecerse ante la magnitud del reto. La preocupación demográfica es legítima. Pone en entredicho los cimientos mismos de la sociedad. No podemos reducirnos a la constatación de que, por diferentes fenómenos concomitantes, la superpoblación se concentra en las zonas más pobres. Mientras que en las industrializadas las tasas de crecimiento se convierten en negativas.

Puentes de solidaridad Lo racional, ante las pirámides poblacionales inversas, es construir puentes de solidaridad entre sociedades amenazadas por el envejecimiento de su población o por el acoso de oleadas de jóvenes sin posibilidades de realización, sin olvidar la crisis del empleo que sacude la sociedad industrial moderna. Hay que profundizar la relación entre el crecimiento de la población, el medio ambiente y el desarrollo. Con la revolución industrial, el avance de la higiene y la medicina, los cambios sociales, la urbanización acelerada, se han modificado las tasas de mortalidad y natalidad sustancialmente. Los milenarios equilibrios naturales entre estas fueron trastocados por factores que deben utilizarse para encontrar nuevos equilibrios. En la América Latina y el Caribe, por ejemplo, la población se ha triplicado en 43 años, el 71 por ciento ya vive en centros urbanos, el avance económico social está frenado por la explosión demográfica, entre otros elementos claves. La válvula de escape de las migraciones se está cerrando. En lugar del proteccionismo, y como respuesta a la xenofobia, se requieren nuevos tipos de acuerdos globales y regionales sobre la movilización de la mano de obra, al estilo de los del GATT para capitales y tecnología, promover la ratificación de la convención de las Naciones Unidas sobre protección a los migrantes y sus familias. Sería inconcebible un mundo abierto a la movilidad de todos los factores menos el de las personas, por cuenta de los desequilibrios poblacionales. La sola política poblacional no está en capacidad de resolver los problemas del desarrollo, pero sin incorporar metódicamente la variable demográfica al lado de la equidad social y la preservación ecológica, la distancia entre nuestras naciones y las desarrolladas podrá causar serias dificultades.

Si a los datos del último censo que dan para Colombia cerca de 36 millones de habitantes, además de los problemas de desplazamiento interno, se agregan entre cuatro y cinco millones de emigrantes, resulta difícil declararse satisfechos con las tasas de crecimiento de la población que nos colocan como un país en plena transición demográfica . Es evidente la relación entre el crecimiento demográfico descontrolado, las aglomeraciones urbanas inhumanas y los índices alarmantes de violencia. La sensación de malestar social, la inequidad y la pobreza, los desequilibrios, comprometen nuestro porvenir.

La Conferencia de El Cairo debería ser una oportunidad para convocar a una reflexión nacional lúcida y seria, libre de preconceptos y de fanatismos, sobre el conjunto de los factores que inciden para ejecutar una política demográfica adecuada y armónica. Incorporada a la estrategia de un desarrollo sostenido y sostenible. Inspirada en una escala de valores que garantice la igualdad del hombre y la mujer y nos permita alcanzar niveles de vida más dignos aceleradamente. Los derechos humanos se quedarán en discurso si carecemos de la voluntad, el conocimiento, el coraje para incorporar razonablemente, éticamente, la variable demográfica en la acción global del Estado. Por medio de la participación dinámica y consciente de la sociedad civil organizada.

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