EN EL SUR DE BEIRUT SOLO QUEDAN MILICIANOS

EN EL SUR DE BEIRUT SOLO QUEDAN MILICIANOS

Cuando se puso el sol en Beirut, los israelíes lanzaron miles de panfletos sobre las calles del sur de la capital. Advertían a sus habitantes que abandonaran la zona para evitar morir por sus bombas. Pero no quedan civiles para recogerlos, solo milicianos de Hezbolá que no dejarán los barrios desiertos sobre los que ejercen absoluto dominio territorial.

04 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

En la madrugada pasada, permanecieron en sus lugares de vigilancia cuando los aviones israelíes atacaron algunos edificios en represalia por los cohetes que les habían lanzado durante el día. Pero fue imposible conocer la magnitud de las explosiones o el lugar exacto donde impactaron. Los milicianos controlan las entradas y salidas de esa área de Beirut que era hogar de medio millón de almas, chiitas en su mayoría, y deciden qué pueden y qué no pueden ver los periodistas.

Nada más parquear el taxi en la calle donde las noticias habían situado el punto del bombardeo, aparecieron dos miembros del movimiento islámico, en sendas motocicletas. Haciendo de guías mudos del conflicto bélico, porque es imposible arrancarles más de un par de palabras, mostraron edificios derruidos. De uno de ellos salía humo y despedía un fuerte olor a caucho, lo que a juicio de los miembros del partido islámico era señal inequívoca de que habían vuelto a ser diana de los israelíes. Para remarcarlo, miraban hacia arriba buscando el avión de combate que en esos momentos surcaba el espacio.

“Mi familia perdió el apartamento en Beirut”, indicó un miembro de Hezbolá, señalando los restos de un edificio cercano. “Y también la casa en Jiam (un pueblo del sur)”, agrega, intentando imprimir a sus palabras un tono despreocupado.

En algunas esquinas se ven grupos de milicianos vigilando, algunos armados con fusil y vestidos con pantalón camuflado, una imagen que no era habitual antes de la guerra. Cuando dan por terminado el recorrido, escoltan el taxi hasta una avenida que conduce al centro. En los otros barrios de la ciudad, el sonido de los cazas y la amenaza de nuevos bombardeos surtió efecto.

Apenas circulaban carros, como ocurrió durante los primeros días del conflicto, cuando la gente sentía el peligro inminente.

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