Congreso: ¿por qué faltan oficinas?

Congreso: ¿por qué faltan oficinas?

Aunque el pasado 20 de julio tomó posesión de su cargo el mismo número de representantes y senadores que había en la legislatura pasada, curiosamente, hoy no caben en las oficinas destinadas para ellos en el Congreso.

04 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Las razones son varias. Por un lado, las exigencias de los recién llegados ‘padres de la patria’ por tener oficinas más amplias y cómodas, y de otro, los reelegidos que quieren mantener sus dominios y en algunos casos expandirlos.

“El que tiene algo asignado, no le gusta, y quiere tener más”, dijo un funcionario del Congreso al referirse a la distribución de estos despachos, que realizan las mesas directivas.

Y es que como todo en la vida, hay unos con buena suerte y heredaron por línea directa oficinas, como los hijos de José Name y Fuad Char, o Samuel Moreno Rojas que se la dejó a su hermano Iván. Por paisanaje, el araucano Manuel Caropresse se la dejó a Vicente Lozano.

Claro que no todas las herencias funcionaron. El ex senador Rodrigo Rivera quiso dejarle su oficina a Germán Aguirre, su pupilo político, pero cuando fue a entregársela, ya se la habían asignado a la ex ministra Cecilia López.

En cambio, hay otros que todavía deambulan por el Congreso sin saber en dónde van a despachar. La situación llegó a tal punto, que muchos empezaron a mirar salones emblemáticos del Capitolio como el de la Constitución y el Luis Carlos Galán, para adaptarlos como oficinas.

En esa conquista de espacios estuvieron a punto de desaparecer las oficinas de prensa del Senado y la Cámara. La primera casi queda en manos de la senadora Martha Lucía Ramírez, y la segunda de la representante Fabiola Olaya.

Y es que a la ex ministra Ramírez ni siquiera su brillante pasado le ha servido (hasta ayer) para que le asignen un despacho.

Otra que no encuentra para donde irse es la senadora Gina Parody, quien como representante ocupó uno de los mejores y más amplios despachos de la Cámara.

Ahora, no lo quiere soltar y el representante de Casanare, Efrén Hernández, a quien le asignaron ese lugar, nada que la convence para que se la entregue.

Pero el problema no termina en Hernández, sino que termina afectando también a Orlando Montoya, quien ahora anda como judío errante, pues tiene asignada la dependencia en la cual todavía está el casanareño.

Situación parecida vivió hasta el martes el representante Rubén Darío Salazar, a quien le asignaron una oficina que no está acondicionada. Ni siquiera tiene un teléfono.

Pero es obvio que cada uno quiere algo mejor, o por lo menos más grande. Una oficina normal del Congreso es de unos 17 metros cuadrados, pero hay otras que superan los 50 metros.

Dentro de las más amplias están las que tienen en la actualidad Gina Parody y los senadores Luis Elmer Arenas, Carlos Ferro Solanilla, Mario Salomón Náder y Mauricio Jaramillo. Sin embargo, con algo de envidia algunos congresistas hablan de la que tiene Germán Vargas. Dicen que es fuera de concurso.

Pero en el Senado argumentan que se le dio ese despacho por razones de seguridad.

Como alternativa para que todos los congresistas “tengan el espacio que se merecen”, la Cámara de Representantes adecuará una bodega del edificio nuevo, donde construirá unos 20 despachos. Estarán listos en unos seis meses.

Varias resoluciones La situación ha sido tan complicada que la Mesa Directiva de la Cámara ha expedido cinco resoluciones distintas para atender las veleidades de los recién llegados. Y no se entiende cómo, si faltan oficinas, a unos les entregaron dos. Según la resolución 1160 del 19 de julio, 93 representantes, de los 166, tienen oficinas dobles.

Es más, para atender esos “requerimientos”, han tendido que desalojar la Oficina de Planeación y Sistemas, la de Relatoría, la Comisión de Ordenamiento Territorial y de Control Interno, entre otras.

Por los lados del Senado, el senador Armando Benedetti logró uno de sus sueños, llegar a la Presidencia de esa Corporación, por lo menos en téminos de oficina, pues allí le ubicaron su despacho.

Atrás quedaron los días, por allá en la década de los 90, cuando los congresistas se atrincheraban toda una noche en las oficinas, y con cincel y maceta derribaban paredes para ampliarlas.

Sin embargo, lo que hoy se está viendo es ni más ni menos que la tugurización del Congreso. Esto, también como consecuencia de normas legales. Antes de 1991 los congresistas trabajaban con dos empleados, pero ahora la Ley permite que el Congreso les financie hasta 10.

De seguir así las cosas, el tunel que se construye para unir el Capitolio con el edificio nuevo del Congreso, terminará sirviendo para albergar nuevas oficinas.

93 Los representantes a los que la mesa directiva de la Cámara les asignó de a dos oficinas en el edificio nuevo del Congreso. En total hay elegidos 166 representantes.

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