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PURGA POR PELEA ENTRE GENERALES

PURGA POR PELEA ENTRE GENERALES

El enfrentamiento entre generales de la Policía -que involucró desde órdenes de investigación interna en el caso de los narcocasetes hasta versiones recientes sobre intercepción ilegítima de teléfonos al propio director de la institución, general Octavio Vargas Silva- precipitó ayer un severo remezón en ese organismo. A las 3:30 de la tarde, en breve rueda de prensa, Fernando Botero, ministro de la Defensa Nacional, anunció 92 cambios en la estructura de mando de la institución como consecuencia del relevo del subdirector General de la Policía, general Fabio Campos Silva, y del director de la División de Investigación y Policía Judicial (Dijin), general Jairo Antonio Rodríguez Quiñónez.

El brigadier general Guillermo León Diettes Pérez, Comandante de la Policía en Cali cuando se produjo el cambiazo de K-6 y actual agregado de la Policía en Washington, es el nuevo subdirector de la institución. El coronel Hugo Martínez Poveda, uno de los artífices de las operaciones contra Pablo Escobar y quien en diciembre asciende a brigadier general, será el director de la Policía Secreta (ver notas anexas).

Virtualmente desde la posesión de Vargas Silva como director de la Policía, Campos Silva se había constituido en una especie de piedra en el zapato, al punto de que ayer el propio ministro Botero admitió que las relaciones de trabajo existentes no eran las más conducentes para el buen desarrollo de la Policía .

Otro alto funcionario del Gobierno lo explicó en forma más clara a EL TIEMPO: el General Campos venía bloqueando constantemente las directrices que se impartían desde la Presidencia, el despacho del Ministro de Defensa y la oficina del Director y creando una división en la base de la Policía que no era conveniente para la institución .

EL TIEMPO intentó ayer comunicarse con el general Campos pero, una vez que fue notificado por Vargas sobre la decisión del alto Gobierno, el subdirector de la Policía pidió su maletín, su escolta y su vehículo y salió a las 3:30 de la tarde de las instalaciones de la Dirección de la Policía, en el CAN.

Fue el fin de 35 años al servicio de la Policía y el derrumbe de su aspiración a ocupar el primer cargo en el organismo.

En lo que hace al general Rodríguez, director de la Policía Secreta, su nombre cobró notoriedad tras dos episodios de trascendencia. Uno afortunado: la captura de los asesinos de Andrés Escobar- y otro controvertido: el sonado caso de los narcocasetes.

Rodríguez se constituyó en el oficial de más alta graduación contra quien apuntó el equipo de fiscales que intentó esclarecer sin éxito el caso de los narcocasetes.

Aunque la Fiscalía no halló evidencias ni en contra de Rodríguez ni en contra otros cuatro de sus subalternos y pese a que el Ministro de Defensa negó cualquier nexo entre el caso de los narcocasetes y el remezón, diversas circunstancias llevan a concluir lo contrario.

Todo indica que el remezón en la Policía Nacional comenzó a gestarse desde el mismo día en que cintas clandestinas empezaron a circular por los diferentes medios de comunicación del país con denuncias sobre el presunto respaldo económico de la mafia del narcotráfico a las campañas políticas.

Las indagaciones preliminares apuntaron siempre a responsabilizar a los servicios de seguridad y, en concreto, a un grupo de oficiales de la Dijin de haber hecho y editado las grabaciones de las charlas telefónicas entre el periodista Alberto Giraldo y los hermanos Rodríguez Orejuela, en las que se hacía público el deseo de los carteles de la droga del Valle de infiltrar dineros en las campañas presidenciales.

De hecho, un oficial de rango de la Policía Nacional recibió órdenes de dejar temporalmente una misión de estudios en el extranjero para realizar la investigación interna en la Dijín.

Aunque el informe del oficial jamás señaló responsabilidades concretas por imposibilidad de judicializar testimonios, sí existieron informes confidenciales que sembraron una severa desconfianza en torno a varios altos cargos de la Policía, entre ellos el propio director de la Dijín.

Prueba de ellos son dos allanamientos que a manera de inspecciones reservadas se hicieron en la Sección de Inteligencia Electrónica de la Subdirección de Policía Judicial e Investigación y el intento de la Fiscalía de obtener una declaración de la DEA sobre quién entregó los narcocasetes.

Esas inspecciones no arrojaron evidencias, ni la Fiscalía obtuvo declaración alguna de la DEA. Con todo, EL TIEMPO conoció de la existencia de un informe ultra secreto con los detalles de la investigación interna que se realizó dentro de la propia Policía.

Un informe que plantea interrogantes sobre la actuación de altos oficiales de la Policía y que virtualmente habría servido de base para los cambios en la línea de mando. Entre otros, el propio subdirector de la Policía, Fabio Campos Silva, y el jefe de la Dijín, Jairo Antonio Rodríguez.

Ayer, no obstante, Botero sostuvo: La salida de los dos generales nada tiene que ver con el famoso episodio de los narcocasetes. Ese episodio se investigó a fondo, incluso hubo una investigación interna de la Policía que llegó a la conclusión de que ni estos dos oficiales ni ningún otro de la Policía estaba involucrado en la grabación de las cintas... .

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