Las calles de Gardel

Las calles de Gardel

“Mi padre le fiaba mercado a la madre de Gardel”, cuenta con orgullo Mario Riesco, un hombre con siete décadas encima, detrás de la barra de El Banderín, uno de los cafés más tradicionales de Buenos Aires.

03 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Allí, en Guardia Vieja 3601 esquina Billinghurst, a tres cuadras de donde a comienzos del siglo pasado funcionaba el mercado del Abasto, este hombre de espaldas anchas y calva reluciente evoca los tiempos en que su padre español, don Justo, era el propietario del almacén y despacho de bebidas El Asturiano. “El local comenzó a funcionar en 1929 y mi padre le cambió el nombre en 1962”, recuerda.

El lugar no es grande. No más de 10 mesas se apretujan en un espacio demarcado por la barra desde la que atiende don Mario y por cuatro paredes en las que unos 400 banderines de equipos de fútbol de todo el mundo, desde Arsenal de Sarandí hasta River Plate, hacen que los clientes que vienen a comerse un sándwich con longaniza y “vinos finos” desvíen la mirada hacia arriba.

Este lugar, donde desde la mañana se reúnen los hombres mayores del barrio a conversar, es uno de los que tienen que ver con Gardel. Esto, aunque no se pueda comprobar, como tantos otros datos de la vida del ‘Zorzal criollo’, que su madre acostumbrara comprarle al fiado a don Justo. Lo mismo sucede con todo el Abasto. En este barrio, a unas 20 cuadras al occidente del Obelisco, entre cajas de frutas y verduras, corrió, cargó bultos y cantó Gardel durante su niñez.

‘Carlitos’, en todas partes La leyenda dice que, con apenas 2 años y tres meses, llegó desde Toulouse (Francia) en 1893 con su mamá, Berthe Gardés, una mujer soltera que buscaba un mejor futuro para él, Charles Romuald. Caminar por las calles del barrio Abasto es encontrarse con Gardel a cada paso. Su sonrisa ladeada se dibuja en las coloridas paredes de los muros fileteados, entre partituras y letras de tangos; y en una estatua de bronce de cuatro metros que conserva su pelo engominado, en la esquina del pasaje que lleva su nombre.

En ese punto, detrás del antiguo mercado, que ahora es el centro comercial más grande de la ciudad, Gardel vuelve a la vida por las noches. Justo al lado del monumento se encuentra la Esquina Carlos Gardel, donde el ‘morocho del Abasto’ es encarnado por un cantante de smoking que hace soñar a los asistentes al entonar El día que me quieras o Cuesta abajo.

El espíritu de Gardel también habita en la casa que compró para su madre en 1927. Allí, en Jean Jaurés 735, el ídolo ensayaba con sus músicos en la sala y se reunía con sus amigos más íntimos, los mismos a los que les indicaba a través de telegramas por cuál caballo apostar en las carreras, cuando estaba de gira fuera de Buenos Aires.

En el lugar funciona hoy el Museo-casa Carlos Gardel, donde se aprecia la diminuta cocina enchapada en azulejos en la que doña Berthe cocinaba para su hijo un pucherete que, según él mismo, valía más y era más sabroso “que el más caro de los platos del mejor de los hoteles del mundo”.

Algo parecido, aunque sin la exageración de ‘Carlitos’, puede suceder con uno de los sencillos sándwiches que don Mario Riesco ofrece en El Banderín.

No será el corte de carne más fino de la ciudad, pero el ambiente que allí se siente y que inunda todo el Abasto transportan al visitante un siglo atrás, cuando por esas calles corría y cantaba Gardel.

*Invitado por Aerolíneas Argentinas, la Secretaría de Turismo de la Nación y el Hotel Abasto Plaza.

CIUDAD DE MILONGAS.

Si quiere ver la Buenos Aires de verdad en materia de tango, vaya a una milonga y observe cómo se divierten los porteños. Se trata de sesiones nocturnas de baile en las que los hombres se sientan a un lado del salón y las mujeres, enfrente, al otro lado de la pista.

Si un hombre desea bailar con una mujer la busca con la mirada, y después mueve su cabeza hacia abajo, como asintiendo; si ella corresponde el gesto, ambos se reúnen en la pista.

Informes: María Lelia Ivancovich. 5411 4931 0896; milongas_hoy@hotmail.com.

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Tango por todas partes.

La zona del Abasto, la misma en la que Carlos Gardel trabajó cargando bultos durante su adolescencia, es ahora una de las más turísticas de la ciudad. En ese barrio, que cuenta con la parada ‘Carlos Gardel’ del metro (‘subte’), sobre la famosa calle Corrientes, se destaca el único hotel temático de tango de Buenos Aires, el Abasto Plaza, que ofrece clases de tango gratis a sus huéspedes.

Otra parada que acerca al visitante a Gardel es el cementerio de Chacarita, donde reposan sus restos. Su mausoleo es visitado continuamente por personas que le encienden un cigarrillo y se lo ponen entre los dedos. También hay allí letreros en los que se le agradece por los “favores recibidos”.

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SI USTED VA.

Los colombianos no necesitan visa para ir a Argentina.

Avianca vuela de Bogotá a Buenos Aires por tarifas desde 1,9 millones de pesos.

Aerolíneas Argentinas opera la misma ruta desde 1,7 millones de pesos. Los precios (para un viaje del 16 de agosto al primero de septiembre) están sujetos a disponibilidad de cupos.

Un peso argentino equivale a 789 pesos colombianos.

Evite cambiar dólares en el aeropuerto y en los hoteles. Acuda a los bancos y a las casas de cambio de los centros comerciales.

Alojamiento. Hotel Abasto Plaza: Habitación doble desde 190 dólares. Tel: 54 11 6311 4465; www.abastoplaza.com.

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