Animación japonesa e imaginería

Animación japonesa e imaginería

Hayao Miyasaki revolucionó las técnicas tradicionales del dibujo animado en dos dimensiones (2-D). Poseedor de gracia narrativa en sus trazos figurativos, con un talento cien por cien artesanal, este dibujante nato de Tokio le pisó los talones al esquema Disney, cuyo sello comercial impuso las pautas a seguir por la industria mundial del entretenimiento. Pero esta vez disfrutamos de algo distinto con Miyasaki; es decir, el indeclinable rey del animé que ha incursionado exitosamente en varios géneros –aventuras, cuentos de hadas, ciencia ficción, dramas morales y fantasías épicas–.

03 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

El viaje, siempre sujeto a giros imprevisibles, constituye una de sus principales líneas temáticas. Primero fue la niña japonesa Chihiro, quien se internaba en los prodigiosos espacios brindados por la imaginación; ahora le corresponde el turno a una joven sombrerera europea que siendo víctima de un senil hechizo aborda un vetusto inmueble rodante con patas de gallina y clara influencia mutante. Sus exteriores alpinos, ubicados quizás en la Suiza francesa o alemana, nos trasladan a comienzos del siglo XX en medio de un país asolado por bombardeos aéreos.

Todo el encanto proveniente de las fábulas de brujos y maleficios surge ante nuestros asombrados ojos: criaturas mágicas transformadas en seres abominables, otras del común que por amor deben pagar un sortilegio, las fuerzas extraordinarias del más allá con poderes cósmicos y... una galería de materializaciones inanimadas que recobra sus soplos de vida. Al asumir la reivindicación de la vejez, Miyasaki recrea de igual manera el mito de ‘bellas y bestias’ que temporalmente sufren pruebas difíciles no siempre con signos evidentes de maldad.

Desde sus primeras ilustraciones, el colorido y la plasticidad se apoderan de la pantalla con un sentido muy propio de las mejores cartillas para niños. Aunque su movilidad se reduce esencialmente a las expresiones de ojos y labios, es tanta la riqueza en la concepción gráfica de sus imágenes circundantes que terminamos pronto por habituarnos al ritmo mismo de sus vivaces descripciones. Son primorosos de verdad personajes como el del espantapájaros con cabeza de nabo, la bruja Calamidad, el mago Howl, el fuego motor y la tierna o solidaria protagonista Sophie.

Más allá de los convencionales mensajes moralistas o consumistas que suele transmitirnos Hollywood, la intencionalidad del maestro japonés es denunciar aquellas atrocidades de cualquier incursión armada contra la población civil (“hay que combatir la guerra sin importar en qué bando nos situamos”). Con valores estimulantes como el del altruismo, la solidaridad y el respeto por los años (“la ventaja de llegar a tan alta edad es que nada se pierde”), una sabia lección determina que todos los juegos del imaginario jamás deberán desprenderse de sus respectivos contextos reales o humanos.

mlaurens@andinet.com

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