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MENOS CHARLA Y MÁS CUIDADO

MENOS CHARLA Y MÁS CUIDADO

Asistir a una novillada y una corrida de postín tiene una diferencia enorme. Y el ambiente es distinto. Completamente. El público no es aquel encopetado que viste sus mejores galas y se moja las mejillas y hombreras con los perfumes y las lociones más exquisitos. No. Es ver a un padre con la familia. Niños entre asustados y contentos. A los más cercanos del novillero un actuante esa tarde. La madre, que sacó valor, descolgó una camándula y a lo mejor una imagen, procuró vestirse bien y se fue al tendido a rezar por su hijo que se juega en la arena no solo la vida sino, a lo mejor, el futuro suyo y de la familia. En novillada el público grita, ríe, y hasta aplaude los revolcones. No sabe, o muy poco entiende de verónicas, naturales y derechazos, de volapiés, de estocadas caídas o tendidas. Pero es el público que goza el espectáculo. Y el que lo comenta, igualmente, como los aficionados de solera, el lunes y el resto de la semana. Al fin de cuentas el domingo estuvo en toros.

Y por qué no irán los entendidos? Tal vez ya han visto mucho. Y los aburre y hasta los desespera ver aquel novillero sin el sitio adecuado. O a lo mejor echándose el toro encima, porque aún no sabe manejar bien los engaños. Pueda ser que los saque de quicio el novillero que quita la muleta a medio pase. O, peor, a casi todos, que no logran templar la embestida. Y más todavía, los enerva ver que un novillo con raza es desperdiciado a base de trapazos.

Pero hay que ir. Vendrá un futuro en que uno o varios de esos principiantes sean figuras. Y habrá mucho qué decir de ellos. Y se tendrá el orgullo de comentar de los que vieron hacerse a un torero, que le auguraron futuro. Y vendrán las anécdotas. Esas que cuentan quienes vieron a Rincón, o ya, a Diego González. Y a El Puno, a El Cali, a Pepe Cáceres...

Hay que acompañarlos. Pero, entonces, cómo y cuándo y dónde aprende un novillero? Y de qué viven y cómo logran conseguir un dinerito para comprar una muleta de segunda o nueva? Cómo, si no es pasando estas angustias ante novillos grandes y ante bastante público como se va, por lo menos, perdiendo un poco de miedo? El pasado domingo en Bogotá, el ganadero Orbes envió un encierro, que fue superior a los novilleros, en su gran mayoría. Algunos porque por la falta de oficio aún no tienen las suficientes condiciones para lidiar un novillo grande, con algunas complicaciones y además con raza. Otros, porque en verdad, los novillos no les ayudaron mucho, o nada. El primero de la tarde, para Marcos Prieto, y el último, para Joselito Hernández. Criticarlos en la parte artística sería extenso. Pero hay que decirles a algunos de ellos, que tengan más concentración. Las oportunidades son escasísimas, y a los toros, aún estando detrás de la barrera no se les puede perder de vista. Y a sus compañeros, así sean novilleros tampoco. Cada quien tiene algo que aprenderle. Por ello más ojo al ruedo. Menos charla y más cuidado. Y qué decirle a Curro Valencia, que después que le sonaron los tres avisos, regresó riendo, feliz, como si acabara de hacer una gracia. Por Dios, recuerde Curro, que esa oportunidad muchos la desean, y al asunto hay que ponerle la mayor seriedad y respeto.

Por lo demás se vio también en algunos, como en Ricardo Santana de Cali, el trabajo de la escuela taurina. Ejecutó los mejores muletazos de la tarde. Y ha aprendido a ejecutar la suerte de matar.

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