En Qaná solo quedan los hombres

En Qaná solo quedan los hombres

(EDICIÓN NACIONAL) Hay mucha rabia en los hombres de Qaná, los únicos habitantes que quedan en este pueblo fantasma tan castigado por la aviación israelí.

01 de agosto 2006 , 12:00 a. m.

Muestran a los periodistas los escombros de la casa derruida por el último bombardeo, del lunes por la mañana, que enterró vivos a 57 civiles, la mayoría niños, como un símbolo de la barbarie de sus enemigos. Hablan de la masacre con tristeza, para reafirmar a continuación su valentía y su determinación. “Vamos a hacerles la guerra a los israelíes hasta la muerte –asegura Atier Mustafá, que logró sacar a su familia antes de la masacre–.

Murieron quienes no tenían los medios para salir del pueblo, quienes no sabían adónde ir”.

Los sepultaron ayer en Tiro, en una fosa común que habilitó el Ejército.

Ahora, dice, solo se han quedado en Qaná los hombres, con el fin de defenderse de los judíos.

El resto de la población, y los de otras localidades cercanas del sur del Líbano, aprovecharon la ‘tregua’ de 48 horas, decretada por el primer ministro israelí Ehud Olmert, para emprender un éxodo hacia las aldeas de las montañas, en Beirut o Siria. “Cuando escuchó los aviones, mi hija me preguntó; ‘¿Cuándo vamos a morir?’ No quiero que crezca haciéndome esas preguntas. Me iré a cualquier país donde nunca las haga", explica con tristeza Sabir Habib, un peluquero, padre de dos niñas.

A pocos kilómetros de Qaná, en las afueras de Tiro, se forma un atasco monumental. Todo el mundo quiere salir a las carreras en los dos días sin guerra, pero hay cuellos de botella debido a la cantidad de vías cortadas por los puentes destruidos o carreteras casi inutilizadas por los cráteres que dejan las bombas.

El ejército libanés, mero convidado de piedra en el conflicto, pone orden entre los que huyen. Nadie les reprocha el papel secundario al que han sido relegados. Aceptan que la única fuerza capaz de hacer frente a la brutal ofensiva israelí es el Hezbolá.

Es la razón por la cual, según encuesta publicada en los diarios locales, el 80 por ciento de la población, buena parte de ella cristiana maronita, drusa y sunita, apoya al grupo chiita.

A pesar del creciente respaldo –que algunos analistas libaneses consideran peligroso con miras al futuro– y frente a la incapacidad de golpear de forma contundente la estructura militar de Hezbolá, Olmert ha decidido seguir la senda bélica.

Ayer pidió de nuevo dos semanas más para acabar la misión que les llevó a la guerra. Y los aviones israelíes, que deberían haberse quedado en tierra siguiendo la orden de su gobierno de cese al fuego temporal, volvieron a atacar. Mientras los habitantes de los pueblos cercanos a la frontera emprendían el camino del exilio, siguiendo la recomendación israelí de que dejen sus casas antes de que las arrasen, varios aparatos lanzaron sus bombas, audibles desde Qaná

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