¿ Usted no sabe quién soy yo?

¿ Usted no sabe quién soy yo?

El pasado domingo, a la 1 de la madrugada, un patrullero de la Policía de Tránsito hizo parar un automóvil en un retén en la Av. Boyacá con calle 80 para una requisa de rutina y un control de alcoholemia.

27 de julio 2006 , 12:00 a.m.

En el vehículo iba el padre Jesús Orjuela, conocido como el padre ‘Chucho’ –que presenta un programa de TV todos los días–. El carro era conducido por su chofer.

“¿Por qué no me colabora? Mire que voy de afán”, le dijo el sacerdote al uniformado. Pero el patrullero, pese a que reconoció a este personaje público e incluso lo saludó, lo hizo bajar del vehículo, cumpliendo con su deber.

El padre acató la orden ofuscado. Al percatarse de esta situación, el oficial a cargo del retén ordenó dejarlo ir.

La parte escandalosa de esta historia es que el agente que paró el vehículo del padre ‘Chucho’ fue retirado en las últimas horas de su función como patrullero de Tránsito y será enviado a una estación.

Para los policías de la ciudad esta no es una situación excepcional.

Funcionarios públicos; personalidades de la farándula; hijos de políticos, periodistas y hasta empresarios los amenazan a diario con una prepotente frase: “¿Usted no sabe quién soy yo?”.

En el caso del padre ‘Chucho’, el sacerdote reconoció en diálogo con EL TIEMPO que le pidió al agente que no lo requisara, pues “iba de afán a darle los santos óleos a un enfermo en la clínica Shaio”.

“Los traté muy cordialmente –dice el sacerdote– y ni siquiera pensé en poner una queja. Solo utilicé el ejemplo el domingo pasado, en mi misa, para ilustrar la parábola del pastor con sus ovejas y reflejar que nadie tiene derecho a ser agresivo con los demás”.

Notificados por una misa La Policía supo de la queja a raíz de la misa y se comunicó con el sacerdote. Tras oír su versión, decidió trasladar al agente.

El coronel Ómar González, comandante de la Policía de Tránsito en Bogotá, explicó: “Tenemos dudas de si el padre no aceptó la requisa, como dice el patrullero, o si el policía lo agredió verbalmente”.

Solo el año pasado, esa institución recibió 1.600 quejas. Y el 12 por ciento fueron por supuestos atropellos por comparendos o comportamientos de los agentes en sus funciones.

A raíz de esta situación, la Dirección de la Policía autorizó la compra de cuatro polígrafos (detectores de mentiras) para oír la versión de los patrulleros, cuando ellos sean denunciados por malos tratos.

“Sabemos que hay patrulleros que debido al estrés actúan de una forma inapropiada y no cumplen con el protocolo establecido de saludar, pedir el favor de bajarse del carro y mostrar la documentación respectiva”, dice el coronel González.

“Sin embargo –añade el oficial–, la actitud de algunas personas es muy complicada. Porque además de la frase de ‘usted no sabe quién soy yo’, están las llamadas a los superiores de los patrulleros para que sean castigados”.

La amenaza de quienes dicen ser amigos de “Castro” (el general Jorge Daniel Castro, comandante de la Policía Nacional) es un ‘clásico’ entre los patrulleros de Tránsito.

Todo vale para estas personas que creen estar por encima de la ley, a la hora de sacarle el quite a una multa.

Las anécdotas son muchas y no se salvan ni los periodistas. El coronel González recuerda: “Una vez, uno de ellos, me marcó a mi celular y me pasó al agente para que hablara conmigo. Le pedí al patrullero que cumpliera con su deber”.

Eso sin contar con la gran cantidad de primos hermanos, en segundo y tercer grado, con que ha resultado el coronel González. “Siempre le digo a mis patrulleros que le digan a mis ‘parientes’ que me llamen para conocerlos”.

Tampoco faltan los jóvenes que cuando les hacen la prueba de alcoholemia argumentan que su papá es congresista y muchos de estos ‘padres de la patria’ han llegado al rescate de sus delfines.

Claro que no siempre con el resultado que los jóvenes esperan. En un operativo reciente en Unicentro, uno de los delfines terminó muy bravo con su padre porque él estuvo completamente de acuerdo con la sanción: una multa por violar el Pico y Placa. “Papi, tú eres autoridad”, dijo el muchacho indignado. Pero su padre –un senador–, dio ejemplo de civismo y le recordó a su hijo la importancia de cumplir la ley.

‘Voy a hacer que lo boten’ Otra frase típica es la famosa: “Lo voy a hacer botar, ¿oyó? Usted no sabe con quién se está metiendo”.

Los empleados públicos la usan con frecuencia, asegurando tener ‘palancas’ suficientes para cumplir su amenaza, y que a veces llega al extremo de: “voy a hacer que lo manden a una zona roja”.

La alcaldesa de Chapinero, Angélica Lozano, lo vivió en carne propia. Un día, viendo que la entrada peatonal a la Zona T estaba bloqueada por una larga fila de camionetas lujosas, pidió la actuación de la Policía. Y terminó lidiando con un petulante personaje que la insultó hasta por su forma de vestir, y le dijo otra de las frases ‘célebres’: “usted se va a acordar de mí”.

bogota@eltiempo.com.co

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