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LA DE AYER FUE UNA MAÑANA MOVIDITA

LA DE AYER FUE UNA MAÑANA MOVIDITA

Llegó más temprano que nunca, porque tenía una razón de mucho peso: defender su puesto de presidente de la Federación Colombiana de Ciclismo. Por eso, Antonio Ambrosio Esguerra se levantó con las primeras luces del día y desde las 7:30 de la mañana llegó a la casa de la entidad, en la diagonal 109 arribita de la carrera 15, en el norte de la capital de la República, ocupó su escritorio, en un cuarto del segundo piso, en la parte posterior de la edificación. Una muestra de que este hombre, reconocido en el mundillo del pedal no solo por su honestidad y capacidad de trabajo, sino también, y en especial, por su traquilidad y porque es ajeno a las polémicas. Pero esta vez las cosas son bien diferentes, y de ahí el cambio de actitud. De la defensiva total, al estado de alerta.

Se le notaba nervioso. Primero, porque verse envuelto en este tipo de situaciones bochornosas le causa molestias, a él y a su familia. Y, segundo, porque estaba a la espera de la llegada de quien en el pasado fuera su amigo y hoy es su principal detractor y enemigo: Miguel Angel Bermúdez Escobar.

El polémico dirigente boyacense había anunciado ayer que se aparecería para posesionarme de mi cargo de presidente de la Federación .

Pero Bermúdez nunca llegó.

A pesar de eso, los cinco puestos de parqueadero de la casa, y una buena parte del andén, estaban repletos de carros. De carros de los representantes de los medios de comunicación, que también desde tempranas horas comenzaron a desfilar por los corredores de la edificación a la espera de un turno para hablar con Ambrosio.

Este comenzó la jornada revisando documentos, pidiendo copia de los contratos que firmó para comercializar pruebas del calendario nacional, revisando los estatutos de la entidad, en fin, sumergido en los intríngulis jurídicos del caso.

Pero bien pronto esa tarea se vio interrumpida por el incesante repicar del teléfono, con periodistas radiales al otro lado del auricular interesados en conocer su pensamiento. Y también por las reiteradas entradas y salidas de Carmenza, su secretaria, que como una hormiguita corría de un lado para otro anunciándole la llegada de tal o cual comunicador o entregándole el documento que poco antes le había solicitado.

A media mañana, Ambrosio había recobrado la habitual tranquilidad. El respaldo de los medios de comunicación, así como el de algunos amigos y de presidentes de ligas, le devolvieron el semblante natural. Fue, entonces, cuando empezó a agilizar el tránsito de periodistas, de camarógrafos, de fotógrafos.

La tensión se acabó poco después del mediodía, cuando del fax le trajeron el comunicado que emitió el Instituto Colombiano para la Juventud y el Deporte (Coldeportes), en el cual no solo se negaba validez a la reunión del sábado, sino también se le brindaba el respaldo del Gobierno nacional.

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