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JEFE DEL TAYRONA QUERÍA VOLVER A LA MACARENA

JEFE DEL TAYRONA QUERÍA VOLVER A LA MACARENA

Héctor Vargas Torres fue el sexto funcionario del Inderena que murió asesinado en el Parque Natural Tayrona. En este codiciado paraíso, han sido asesinados desde 1975, el guardaparque Juan Polo y en otro hecho, un guardabosque indígena , Angel María Torres, y otros cuatro inspectores.

A él, como los anteriores, se le había encomendado una misión casi imposible: gobernar en tierra de muchos. Según explicó después de la misa de entierro, el ex ministro del Medio Ambiente, Manuel Rodríguez Becerra, el Parque Tayrona pertenece en un 95 por ciento a particulares y por lo tanto, siempre ha sido terreno de conflictos.

No más durante su administración, Rodríguez cuenta que dos directores de este parque solicitaron que los trasladaran, por amenazas múltiples. Allí se conjugan la guerrilla, la coca, los bandoleros... . Héctor, solicitó trabajar en este parque el sabía perfectamente (la situación), y desarrolló diferentes actividades para tener el control , agregó el ex ministro quien dijo que tenía muy buena reputación . Era un comprometido . Según lo que cuenta de Héctor, Carlos Tapia, investigador de la Fundación Natura y quien lo conoció desde que ingresó al Inderena, se percibe que era de aquellos que no transan en sus principios por conciliar o complacer.

Yo trabajaba en el Inderena -como en 1988- y llegó Héctor dispuesto a trabajar. Eso coincidió con un cargo disponible para trabajar en un proyecto de Acuicultura con colonos e indígenas en el Caquetá.

Luego tuvo problemas con la casta política, los Turbay, del Caquetá. A los tres meses, ya había visto el manejo clientelista que tenía el Inderena allá. Regresó a Bogotá, denunció y dijo o cambian o me voy , entonces hubo un remezón interno. El era el pilo honesto que trataba de que nadie se pegoteara la plata .

También, cuando trabajó en la Estación piscícola de Repelón, tuvo problemitas por cosas internas como preferencias, etc. . En 1990, decidió entonces dedicarse a otros asuntos menos burocráticos y más lucrativos. Montó un bar de salsa, su otra carreta , en el Centro Comercial Terraza Pasteur.

Más tarde se unió a la Asociación Macarena y organizó la cooperativa de pescadores de esa serranía. Diez días antes de ser asesinado, había comenzado a tantear la situación para volver a trabajar allí.

A los 41 años, ya había logrado depurar sus pasiones. Al fútbol, renunció por el miedo a los aviones, después de haber hecho parte de las ligas inferiores de Millonarios. Definitivamente, su medio, el mar, sólo lo vivió por escaso tiempo: los seis meses que se desempeñó como director del Parque Tayrona. Allí pudo ejercer a sus anchas la Biología Marina que estudió en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Los mártires de la naturaleza Por un propósito tan altruista como defender los ecosistemas nacionales no han sido pocos los que han pagado con su vida. En la mayoría de estos casos, como en los demás, la impunidad es la constante.

La revista Ecológica (No. 17-18), con motivo de los 25 años del Inderena, recopiló el obituario de esta institución.

En 1972 fueron asesinados dos inspectores en la Laguna de Tota (Boyacá), cuando vigilaban la veda a la pesca.

En 1975 el ingeniero forestal Jesús Eugenio Henao, jefe del Parque Cueva de los Guácharos (Huila), sufrió un atentado del que finalmente sobrevivió.

El 31 de octubre de 1986 desapareció Marcos Pinzón, el celador de un proyecto forestal en la región del Carare-Opón.

El 23 de septiembre de 1988, desapareció Julio Lemos, un ayudante de este mismo proyecto. El mes siguiente, Hermelinda Castro, otra ayudante, fue asesinada a tiros en su casa.

En agosto de 1991, el jefe de personal del proyecto forestal, Armando Romero, fue secuestrado y luego apareció muerto.

De otro lado, en 1987 fue asesinado el guarda parque de El Tuparro (Vichada), Teófilo Villamizar, quien controlaba la pesca y la caza ilícitas. En esta ocasión, también resultó herido el jefe del parque, Edgar Cortez.

En noviembre de 1988 fue asesinado el biólogo Ricardo Antonio Elías, jefe del Parque Natural del Cocuy (Boyacá), El 22 de febrero de 1992, el joven biólogo Juan Manuel Páez, quien trabajaba en el proyecto del Cóndor Andino en el Parque Chingaza, también fue asesinado. El hecho ocurrió, en la autopista norte de Bogotá.

Otro de los casos ligado a funcionarios del Inderena que no han sido esclarecidos, es el del ingeniero Jairo Murillo, que murió ahogado en el río Magdalena mientras trabajaba.

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