CLAVE 1951 PRIMERA VUELTA A COLOMBIA

CLAVE 1951 PRIMERA VUELTA A COLOMBIA

Desde el 5 hasta el 17 de enero de 1951, cientos de vecinos montaron insomne guardia en la farmacia de don Argemiro Forero, en Zipaquirá, padre del más opcionado de los corredores, El Zipa Forero , y compartieron con él la emoción de cada etapa, gracias a las descripciones que desde los puestos móviles y las metas hacían por la radio los locutores Fernando Gutiérrez Riaño, Gabriel Muñoz, Carlos Arturo Rueda, Enrique Ariza y otros, en jornadas que se extendían desde las 7:30 de la mañana hasta las 4 de la tarde. La vuelta , inspirada en revistas francesas e italianas, se empezó a imaginar en junio de 1950 en la tertulia que organizó en su oficina el ex ciclista y empresario Guillermo Pignalosa. La idea de largar la etapa inaugural el Día de la Raza 12 de octubre se estrelló contra el imponderable obstáculo de anemia en el presupuesto: $ 10.000.00.

16 de diciembre 1991 , 12:00 a.m.

Gracias al acelere de Don Enrique Santos Castillo, presidente de la Asociación Colombiana de Ciclismo, los muchachos de la sección deportiva de EL TIEMPO se encargaron de mover sus palancas y de entusiasmar a un grupo de industriales amigos para obtener el patrocinio.

Durante los 180 días previos, estos quijotes viajaron a estudiar la ruta, entusiasmaron a las autoridades departamentales para que enviaran a sus ciclistas y comprometieron a los fríos patrocinadores que estaban incrédulos sobre el resultado.

Cuando ese viernes 5 de enero, el inquieto Donald Raskin, secretario de la Asociación, agitó la banderola que disparó a los 35 pedalistas hacia la calurosa Girardot. La empresa ya no tenía reversa.

Y con ellos arrancó la multicolor caravana compuesta por 5 autos encargados del control, uno de ellos el Buick modelo 38 donde se acomodaron los comisarios Pignalosa, Martínez, Zuleta y Raskin. Dos vehículos acompañantes, uno de Bavaria y otro de la Planta de Soda de Zipaquirá. La ambulancia de la Cruz Roja. Y el transmóvil de RCN, que transportaba técnicos y locutores para hacer vivir la competencia a millones de colombianos, a través de sus 16 emisoras.

No había profusión de logotipos, ni madrinas disfrazadas de ciclistas con sus sonrisas postizas, ni mercadeo deportivo, ni danza de los millones, ni amenazas de dispararle a nadie, pero sobraban el calor humano y el respeto por la competencia deportiva.

El reglamento contemplaba la expulsión de la carrera de los corredores rezagados que arribaran a la meta 3 horas después del ganador de la respectiva etapa. A cuatro de los expulsados se les volvió a aceptar en razón de la buena voluntad demostrada .

Los favoritos se perfilaron desde la primera etapa, ganada ella por Efraín El Zipa Forero. Roberto Cano, Pedro Nel Gil, Luis Galo Chiriboga y Carlos Orejuela se convirtieron en dos semanas en los nuevos héroes nacionales, gracias al dramatismo de la transmisión radial y a las pintorescas entrevistas de cada fin de etapa: Un saludo a mi apá y a mi amá, que me encuentro bien y que me manden por flota más tubulares... .

Cuando la última etapa, Girardot-Bogotá partió con 31 corredores, ya el Concejo de Zipaquira había decretado día cívico . Los industriales del sur dieron permiso a sus trabajadores para recibir la carrera en Muzú. Y las autoridades tenían todo previsto para conducir la caravana, en pintoresco desfile en línea india , desde la meta en Muzú hasta las oficinas de EL TIEMPO, en la Avenida Jiménez de Quesada.

El Indomable Zipa Forero, que ganó siete de las 10 etapas, enloqueció a Bogotá. Para el total de 1.157 kilómetros recorridos empleó 45 horas y 23 minutos, con ventaja de 2 horas y 19 minutos sobre el subcampeón Roberto Cano, y de 16 horas, 14 minutos sobre el colero de la competencia.

Forero recibió no menos de cien premios donados por entusiastas aficionados. Desde un vestido sobre medidas de la Sastrería River hasta peluqueada gratis durante un año en la Barbería Evel. EL TIEMPO instituyó un trofeo con la idea de grabar en lo sucesivo, todos los años, el nombre del ganador de la vuelta. Y para evitar los polémicos comentarios de quienes estaban celosos por el éxito alcanzado, los premios donados a los ciclistas en efectivo se convirtieron en bicicletas, repuestos y trofeos, con el sano propósito de que los jóvenes ruteros no perdieran su condición de amateurs.

Con la platica que sobró, la Asociación contrató en Europa la película en 16 mm sobre la última Vuelta a Francia, para aprender más e improvisar menos.

Al caer la tarde de ese mismo miércoles, El ángel de la Ruta , Efraín Forero, entró a su natal Zipaquira escoltado por una escuadrilla de avionetas, mientras sus paisanos cantaban a coro en la Plaza de Los Comuneros, el Himno Nacional.

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