AHORA TAMBIÉN SECUESTRAN MISIONEROS

AHORA TAMBIÉN SECUESTRAN MISIONEROS

El único anhelo de David, Ricardo, Marcos, Timoteo y Esteban era descubrir en los mapas algún sitio remoto donde poder encontrar seres humanos que no tuvieran idea alguna de la existencia de la Biblia. Y después de ubicarlos, aprender la lengua nativa, por extraña que fuera, para poder hablarles a los aborígenes de las escrituras, de las enseñanzas de Jesucristo y de los mandatos de Dios, para, por lo menos, tener la oportunidad de saber que Dios los ama y quiere que todos estén en el cielo .

11 de septiembre 1994 , 12:00 a. m.

Esa especie de obsesión los trajo a Colombia, y cuando estaban en el trabajo de mostrar las comodidades del cielo, paradójicamente, se les apareció el infierno encarnado en hombres armados que los secuestraron sin razones.

Se los llevaron por tandas. La primera fue el 31 de enero de 1993 en Púcuro, un pueblo colmado con 300 indios cunas en Panamá, muy cerca de la frontera con Colombia. A él, sólo se llega después de navegar un pequeño río por 10 horas o en avioneta.

Adiós al rock and roll El primero que le había pedido permiso a la comunidad cuna para establecerse había sido David Mankins. Hace unos 20 años, cuando tenía 25, resolvió dejar California en plena efervescencia de drogas y rock and roll, para dedicarse a hacer misión. Nancy, su mujer, no tuvo inconveniente. Empacaron a sus dos hijos, entonces de 2 y 5 años, directo a las selvas del Darién en el sur.

Ricardo Tenenoff, también californiano, llegó con Patricia y sus tres hijos hace 5 años.

El último en unirse al grupo fue Marcos Rich. El lunes de esta semana, Marcos cumplió 25 años de vida, y podría decirse de misionero, porque para él el oficio del servicio era una vocación heredada. Desde que nació, en Perú, lo hizo en medio de una de las tantas misiones que sus padres seguían en Suramérica. Vivió en Estados Unidos, la tierra de sus padres, durante el tiempo necesario para prepararse en teología.

Para la fecha del plagio, Marcos, Tania y sus hijas Jessica y Samara ajustaban tan solo ocho meses en Púcuro, dedicados íntegramente a aprender la lengua cuna. Tania además, disfrutaba aprendiendo de la confección de las molas y Marcos descubría el deleite del matún, una bebida de plátano que tomaban cada mañana.

El 31 de enero de 1993, a las siete de la noche, estaban en sus casas después de haber tenido una reunión con los creyentes . De repente, y sin que nunca antes los hubieran visto o recibido amenazas, entraron tres hombres armados mientras otros tantos esperaban afuera.

Desde el primer momento dijeron que se iban a llevar a los esposos Rich. No obstante, reburujaron un poco buscando dinero, recogieron café y azúcar y el radio de comunicaciones. No era mucho lo que podían encontrar.

Los misioneros escasamente llegan con el tiquete, y su sostenimiento corre por cuenta de las ofrendas que recoge cada una de las comunidades que los envió desde Estados Unidos. La cuota nunca es constante y algunas veces les alcanza apenas para pagar el arriendo, la comida y el sostenimiento diario.

A Marcos lo reunieron con David y Ricardo, liberaron a sus esposas sin hacerles daño alguno, y tomaron rumbo hacia Colombia entre la maraña del Darién.

Al día siguiente, sus familias fueron evacuadas de la región. Una de las mujeres cuenta cómo hoy todavía, un año y medio después de lo sucedido, no se ha podido desprender de la tristeza que le produjo abordar la avioneta y mirar la selva en donde dejaba a su esposo.

Ellas depositaron su confianza en la Asociación Nuevas Tribus, a la cual pertenecen como misioneros, para cualquier intento de solución.

Los miembros de la Asociación, pendientes del radio de comunicaciones, esperaban alguna explicación. Y efectivamente tuvieron noticia de los secuestradores. Les contaron una y otra vez que ellos eran misioneros, que su política, además, era no pagar rescates.

Pensaron que todo estaba claro y suponían tenerlos de vuelta pronto, como en 1985 cuando por los lados del Inírida cuatro misioneros habían sido liberados después que los guerrilleros se dieron cuenta que no eran de la CIA, como en principio creían.

Y llegaron los marines En esas estaban, esperando que los delincuentes cayeran en cuenta del equívoco, cuando sobrevino el segundo golpe. Fue a principio de este año, en la época del escándalo de los llamados marines en Juanchaco. Quince tipos armados se presentaron un domingo en el colegio La Esperanza, de la vereda San José, a 45 minutos de Villavicencio.

Allí, Nuevas Tribus tiene el colegio para los hijos de sus misioneros desde hace 24 años. Los hombres tuvieron reunidos a los casi 70 niños durante un buen rato arengándolos en política y quejándose de los gringos de Juanchaco . Luego escogieron a Timoteo VanDyke, profesor, y a Esteban Welsh, de mantenimiento. Alguno intervino para volver a decir que ellos no pagaban rescate, y simplemente les dijeron que se trataba de política.

Timoteo, con su esposa Lorena, sus 37 años y sus cuatro hijos, había llegado allí desde Nueva York en 1989. Esteban aterrizó en el 81 desde Colorado.

El uno se distinguía por su trabajo con los adolescentes y el otro, que además había puesto tienda, era muy buscado por los lugareños cuando resultaba algún problema de mecánica.

Eso, sumado a los empleos que el colegio en sí mismo generaba en la región, los hizo muy queridos. Tanto así que la gente de la vereda de San José escribió una carta con destino incierto, y la esperanza que, rodando de mano en mano, llegara hasta los captores.

La reincidencia de la agresión causó una herida mayor a los evangelizadores y todas las familias restantes en territorio colombiano evacuaron. Pero, y siendo consecuentes con su fidelidad a las sagradas escrituras, no perdieron la esperanza.

Podía ser, pensaban, que los liberaran cuando salieran los gringos de Juanchaco. Pero no fue.

Podía ser, también, la carta. Pero nunca se supo si llegó a su destino.\ Ahora, la ilusión está concentrada en que el Gobierno de Samper llegue a un acuerdo con la guerrilla.

Y en el fondo, toda su fe está puesta en que los bandidos se den cuenta de la equivocación. Por eso, ni siquiera han recurrido a las autoridades.

No asumen tampoco el dolor de ahora como un castigo. Jesús dice en la biblia que esperáramos aflicción en este mundo, por eso no nos extraña tanto que tengamos que sufrir , dice Ronaldo, un compañero misionero.

No lo interpretamos como un abandono por parte de Dios, sino el riesgo que significa servir a Dios en ciertas regiones. Dios es fiel para acompañarnos y estamos confiados en que les está ayudando , agrega.

Sus convicciones impiden que florezcan ciertos malos sentimientos hacia Colombia. No tienen rencores, Los embarga la frustración, por que no saben cuando podrán volver a sus comunidades para continuar con la prédica y, por supuesto, la tristeza.

Estamos aquí para servir. Ahora somos víctimas. Fue para enseñarnos una lección?... que ustedes no deben ... no deben qué? pregunto yo, hacer qué? Yo creo que hacerlos sufrir más ya no tiene sentido , dice Daniel, también de las Nuevas Tribus.

A Tania Rich, la mujer de Marcos, se le quiebra la voz al contar cómo cada vez que sus hijas le preguntan cuándo vuelve el papá, ella les dice con esa gran esperanza aprendida, quizás hoy o esta semana .

Jessica y Samara se entusiasman y empiezan a hacer otra vez la lista de lo que le van a mostrar le voy a mostrar cómo puedo montar en triciclo , le voy a mostrar cómo puedo cantar , le voy a mostrar cómo puedo escribir mi nombre ...

La misión Pertenecen a diferentes denominaciones de iglesias y su principal propósito es difundir el Antiguo y Nuevo Testamento, no a la manera de los españoles de hace quinientos años, sino -según sus palabras- pidiendo permiso, respetando la cultura, aprendiendo su lenguaje para poder hablarles en el lenguaje del corazón y no imponiendo sino ofreciéndolo como opción.

En Colombia, la Asociación llegó desde 1967. A la fecha se contaban unos 80 misioneros adultos (20 de ellos colombianos), aunque en total pueden sumar tres mil con los que trabajan en Inglaterra, Filipinas, Indonesia, Papua (Nueva Guinea), México y Bolivia.

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