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A VECES LOS JETS SE CAEN...

A VECES LOS JETS SE CAEN...

No siempre, y la verdad es que casi nunca. Pero, a veces, los aviones se caen, o se estrellan en el momento del aterrizaje, como acaba de ocurrir en Pensilvania, Estados Unidos, con un Boeing 737 de US Air, ocasionando una tragedia de 131 pasajeros todos muertos, en el momento exacto en que las condiciones meteorológicas eran las ideales; pues a pesar de la hora (7 de la noche), todavía había luz de verano por la zona de Pittsburgh. Soy, insólitamente, goloso del tema aéreo, y me encanta cuando Klopatofsky habla en la revista Motor más de aviones que de automóviles. Mas no por simple aficionado implica que no le tenga miedo a esta forma de transporte, sin duda la más maravillosa, pese a que, como en el caso de la dentistería, uno podría concluir que todavía no está totalmente inventada. Y perdóneseme la ignorancia, pero no entiendo por qué si uno de los grandes temores de viajar es precisamente que una nave corra el riesgo de caerse (y de caerse al agua, tratándose de los llamad

Mas toda esta farragosa y un poco trágica introducción, sólo tiene como propósito el de señalar la necesidad de que la Presidencia adquiera un verdadero jet, con los más modernos requerimientos tecnológicos, capaz de garantizar la integridad del jefe del Estado (de la tripulación y de sus acompañantes) en la medida de lo posible, desde el punto de vista científico. Y lo digo por ésto....

La Fuerza Aérea Colombiana tiene dos aviones presidenciales, a cual peor de malos... El uno es el famoso Focker 001, comprado durante la Administración Pastrana Borrero hace 24 años, y con una capacidad mínima, tanto para llevar pasajeros (su cupo es de 37) como para volar internacionalmente. Y el otro es un Boeing 707, carguero, que hace las veces de 001 cuando son forzosos los viajes internacionales largos, pero que por tratarse de un modelo perfectamente anacrónico, está obligado a hacer más de una escala para poder saltar el charco . Además de que, por ser carguero, es incómodo y no está debidamente acondicionado para llevar pasajeros, sino que se utiliza para trasladar maquinaria, gasolina y repuestos para el resto de la flota de la FAC.

Y ambas naves he tenido ocasión de disfrutarlas , aunque la verdad es que, si de sustos se trata, preferiría quedarme montando en la montaña rusa de Disneyworld . En el cacareado Boeing 007 (cuyo ingreso a los Estados Unidos prácticamente está prohibido por factores de contaminación) acompañé al presidente Barco por amable invitación suya a su primera gira por el Pacífico. Gira fallida y a la postre frustrada, por culpa de su famoso divertículo. Y aún recuerdo con pavor lo que constituyó esa travesía hacia el continente asiático. Barco resolvió que la vía más cómoda para llegar a Corea era por Ancorrage (Alaska); mas para llegar hasta el Polo Norte, tuvimos que hacer una escala técnica en Wicchita, Kansas, en una formidable base aérea norteamericana... Y no puedo olvidar lo que fue arribar a dicha base, repleta de aviones B-16 y de las innovaciones más avanzadas en materia de aviones de guerra, en ese viejo cascarón de la FAC que sonaba como una verdadera caracha . Yo veía la cara de los militares gringos mirándonos con cierta compasión. Y no era para menos. El asombro, en este caso, talvez no lo constituía la plausible austeridad republicana, sino el hecho de que el jefe del Estado prácticamente se movilizaba por los aires del mundo en una reliquia. Que al retornar a Bogotá, después de tan azaroso viaje debido a la enfermedad presidencial, registró fallas mecánicas en el medidor de la gasolina, como para rematar el sobresaltado periplo...

Y ahora, el martes pasado, el presidente Samper tuvo a bien convidarme a las celebraciones de los 75 años de Vanguardia Liberal en Bucaramanga, en el trillado Focker 001 en que su ilustre antecesor jamás me llevó a ningún Pereira... Y vaya susto el que todos nos pegamos al regreso, en plena medianoche y con un clima cargado de calima y de cúmulus nimbus , propicio para todo, menos para descansar tranquilamente! Es, pues -lo digo con todo respeto, Señor Presidente-, un avión inseguro y desueto, admirable para matar lombrices; pero como de lo que se trata es de conversar, trabajar o inclusive dormir (si uno no es funcionario público, claro), qué bueno sería crear la conciencia colectiva inmediata de que, así como Clinton tiene una supernave para gobernar desde arriba lo que está pasando abajo (aunque se trate de invasiones), o Caldera, Salinas, Fujimori y Menem poseen un aparato ultramoderno, o el mismísimo Fidel un lindo jet con su Cubana de Aviación, Colombia -lo digo con franqueza-, necesita un revolcón en materia de avión presidencial. Mas, por favor, no esperemos que éste se dé en el aire, sino aquí en la Tierra. Es más, propongo que los cuatro mosqueteros se encarguen de hacer esta renovación cuanto antes, aunque la marca no sea Galil, para evitar problemas. Pues no quiero aparecer chismoso ni mucho menos, pero lo cierto, señor Presidente, es que en medio de las tremendas sacudidas que sufrimos en tan zizagueante ruta, yo oí escuchar a más de un ministro decir (pasito, eso sí): Y lo peor de todo es que De la Calle está en El Cairo ...

Y aunque no entendí bien por qué lo decían, lo decían...

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