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Alberto Lleras: 100 años

Alberto Lleras: 100 años

Mañana se cumplirán 100 años del nacimiento de Alberto Lleras Camargo, uno de los estadistas más sobresalientes de Colombia y de América Latina en el siglo XX, fallecido el 4 de enero de 1990. Dada la frágil memoria colectiva que nos caracteriza, tal vez no muchos recuerden la trayectoria de este colombiano excepcional, que tuvo varias veces en sus manos la suerte de la nación.

Brillante orador, escritor y periodista, dos veces Presidente de la República (1945-46; 1958-62), Alberto Lleras fue protagonista de los principales acontecimientos políticos que tuvieron lugar en Colombia entre los años 30 y 90 del siglo pasado. Sobre todo los que más contribuyeron a transformar la vida nacional durante ese período: la recuperación del poder por el Partido Liberal en 1930, que abrió el camino a profundos cambios políticos, económicos y sociales, y la restauración de la democracia en 1957, cuando cayó la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla.

Vinculado desde temprana edad a esta casa, en la cual trabajó en sus primeros años de ejercicio periodístico, Lleras deslumbró a su generación por su talento de escritor, que brilló lo mismo en el comentario editorial que en el discurso político, el ensayo histórico o el relato autobiográfico, lo que dio la razón a la sentencia con la que lo juzgó Gabriel García Márquez: “Un gran escritor extraviado en la política”. El relato inconcluso de su vida, que bautizó Mi gente, es buena prueba de este aserto. Lo cual no impidió que su legado político fuera de dimensiones históricas.

* * * * La vida pública de Lleras Camargo, desde los días victoriosos de la Revolución en Marcha y la República Liberal, fue una permanente lección de pulcritud política y talante democrático. Cuando la renuncia de Alfonso López Pumarejo lo catapultó al primer cargo de la nación en 1945, en medio de una atmósfera turbulenta que anunciaba las sangrientas confrontaciones de los años posteriores, administró el poder con una probidad ejemplar, garantizó la pureza de las elecciones y entregó el mando al partido ganador –que no era el suyo– sin la menor sombra de vacilación.

Con igual entereza promovió el acuerdo de los dos partidos tradicionales, el Liberal y el Conservador, para fundar una década más tarde el Frente Nacional, la fórmula que permitió poner fin a la dictadura y restablecer la convivencia institucional en un país que había sufrido la más atroz violencia política. Y en su segundo paso por la Presidencia (1958-62) dio, de nuevo, un ejemplo de austeridad, honradez y tolerancia, que le ganó el respeto general de sus compatriotas.

Con la sola fuerza de su voz y sus escritos, Lleras libró muchas batallas democráticas, además de la aludida contra la dictadura militar. Una de ellas fue la que dio desde los micrófonos de la Radio Nacional para desbaratar la intentona golpista del 10 de julio de 1944 contra el presidente López Pumarejo, detenido por unos militares en Pasto. Otra fue la que frustró, apenas dos días antes de ser elegido a la Presidencia por segunda vez, la rebelión encabezada por el jefe de la Policía Militar el 2 de mayo de 1958, que estuvo a punto de liquidar el proceso de restauración democrátic a, apenas iniciado.

* * * * El pensamiento político de Lleras fue el de un liberal y demócrata integral, empeñado en civilizar la lucha, tantas veces sanguinaria, entre liberales y conservadores. Tributarios de ese empeño fueron sus esfuerzos en el Gobierno, en el Congreso o desde la tribuna periodística, por promover una sociedad igualitaria, infundir entre sus compatriotas la fe en la libertad, defender los derechos humanos y combatir las causas de la violencia. De dichos esfuerzos dan crédito las realizaciones sociales de los gobiernos que dirigió o en los cuales participó. Pero, sobre todo, el gran logro de haber restablecido la convivencia en el país tras los años de ‘guerra no declarada’ entre los partidos.

* * * * No fue menos destacado el papel de Lleras Camargo en el campo internacional.

Como primer secretario de la OEA, nacida en Bogotá en medio de los incendios del 9 de abril de 1948, participó en la elaboración de los principales instrumentos jurídicos de la organización continental, comenzando por su carta constitutiva. Decisiva fue su gestión activa para infundir en los países del continente el respeto por los pactos internacionales y la aceptación de los medios pacíficos para resolver sus controversias.

Anteriormente, como canciller de López Pumarejo en 1945, también había sido actor destacado en la primera asamblea mundial reunida en San Francisco (Estados Unidos) para formalizar la creación de la ONU.

Por todo esto, el nombre de Alberto Lleras merece ser recordado hoy con gratitud y admiración. Su rectitud a toda prueba en el ejercicio del poder político; su olímpico desprecio por el poder económico; su incansable lucha de tantas décadas por consolidar la democracia y erradicar la violencia lo consagran como uno de los más admirables hombres públicos de nuestra historia. La lección de su vida y obra no ha fenecido, como no puede fenecer el sello ejemplar que le imprimió a la política colombiana.

editorial@eltiempo.com.co

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