Aracataca y punto

Es una de las preguntas más frecuentes que disparan los visitantes de Colombia y los amigos extranjeros de los colombianos: ¿dónde queda Macondo? La contestación es múltiple: Macondo es el Caribe... Macondo es la Costa Atlántica... Macondo es la región que se llamó La Provincia, suma de trozos del Magdalena, el Cesar y La Guajira... Y, por último, Macondo es Aracataca, la aldea donde nació Gabriel García Márquez, el creador de Macondo.

29 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Todos sabemos, sin embargo, que la respuesta acertada no es ninguna de las anteriores. Macondo no es otra cosa que un territorio literario del realismo mágico. Si quisieran buscarle referencias geográficas, habría que desperdigarlas por distintos lugares del litoral Atlántico y del Caribe, como lo demuestran muchos estudios sobre Cien años de soledad.

No obstante, los cataqueños, que es como se llaman los oriundos de Aracataca –o, cariñosamente, ‘Cataca’–, resolvieron aprovechar las dudas sobre el asentamiento concreto de aquel mundo fabuloso y emprendieron una iniciativa macondiana: agregar el nombre de Macondo al de su municipio, en parte por rendir un homenaje a su más famoso hijo y en parte por aprovechar los réditos turísticos que la nueva nominación podría traerles. No es infrecuente que los nombres de los pueblos colombianos cambien; sin ir muy lejos de la capital, Madrid se llamó otrora Serrezuela y Apulo se ha debatido entre su nombre original y el de Rafael Reyes.

Fue así como los ciudadanos de Aracataca convocaron a una consulta popular sobre el nombre de su villa. El acto se llevó a cabo el domingo, y la propuesta no pasó. Aracataca no llevará el segundo nombre de Macondo, porque no hubo quórum suficiente para el bautizo. Se necesitaba la participación de 7.360 cataqueños y solo votaron 3.342. Entre ellos, la acogida a la propuesta fue casi total (el “no” apenas tuvo 250 sufragios), pero la presencia en las urnas fue insuficiente.

Las explicaciones abundan: que los que estaban a favor se confiaron, que era una movida política del alcalde, que los cataqueños andan resentidos porque, aparte de nacer allí y darle fama universal, Gabo ha hecho poco por su aldea.

Total, pues, Cataca seguirá siendo Aracataca y punto, como pedían los opositores de la propuesta. Lo cual es algo positivo, pues permite que Macondo siga siendo un lugar misterioso y maravilloso, enclavado en el reino de la literatura y no la cuota inicial de lo que, con el tiempo y un poco de agallas comerciales, podría haberse convertido en un precario parque temático para turistas.

editorial@eltiempo.com.co

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