Pilar Moreno de Ángel

Pilar Moreno de Ángel

En la última página de su imprescindible biografía de José María Córdova, la historiadora Pilar Moreno de Ángel escribió sobre el prócer antioqueño: “Tenía conciencia de su propia obra, de su pasado y fe en la Nación”. Algo parecido podría decirse de ella, ahora cuando acaba de fallecer en Bogotá. La autora también tenía conciencia de la importancia de sus investigaciones históricas, pues así la reconocieron las mayores autoridades de esta ciencia en Colombia y en el exterior. Pero era una conciencia sencilla y risueña, pues Pilar Moreno de Ángel nunca se dejó envanecer por las lisonjas recibidas y los premios ganados.

28 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Contribuyó, además, a que los colombianos adquiriéramos sentido de nuestro pasado y que lo hiciéramos con fe en el país que fue objeto de sus estudios: la misma fe que ella siempre tuvo, pues, sin perder la objetividad y la distancia que demanda su disciplina investigativa, siempre supo encontrar en sus biografiados cualidades importantes e interesantes. Por eso los escogió y los estudió a fondo, y aceptó siempre con benevolente sonrisa que profesaba simpatía por los personajes que eran materia de su pesquisa.

Pilar Moreno deja una obra sobresaliente. Sus trabajos sobre el grabador Alberto Urdaneta son los mejores sobre la materia. Su visión de Francisco de Paula Santander (1989) es, según el especialista David Bushnell, “harto más informativa que cualquiera libro anterior”. Su estudio sobre el español Antonio de la Torre y Miranda (1993), fundador de 43 poblados en la Costa Atlántica entre 1774 y 1778, hace justicia a un militar casi desconocido de nuestros anales, que introdujo cambios en la agricultura y recuperó amplias zonas baldías.

Clásica en sus intereses, la doctora Moreno de Ángel se dedicó sobre todo a la historia política y militar. Publicó varios notables trabajos más, pero su máximo aporte es quizás la biografía de Córdova (segunda edición aumentada de 1979), la más completa sobre este joven general que, tras haber sido uno de los consentidos de Bolívar, se rebeló contra él y fue asesinado por un militar irlandés en El Santuario en 1829.

El estilo de la desaparecida historiadora, ajeno a toda retórica o emoción innecesaria, se apoya en exhaustivas lecturas de fuentes primarias y secundarias que le permitieron aportar no pocos hechos desconocidos. Aunque algunos señalaron que la frecuente introducción de transcripciones y documentos despoja a sus textos de fluidez, no hay duda de que también les otorga una consistencia que sus lectores agradecemos. La historiografía colombiana acaba de perder a uno de sus más valiosos exponentes.

editorial@eltiempo.com.co

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