La piedra en el zapato de Kirchner

La piedra en el zapato de Kirchner

Hasta el 25 de mayo (día de la declaración de la Independencia), cuando el presidente Néstor Kirchner celebró con bombos y platillos sus tres años en el poder, su carrera a la reelección parecía no tener opositor a la vista. Pero en junio, Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía y artífice de la resurrección económica de la Argentina, admitió que su candidatura a la presidencia para el 2007 estaba “abierta”.

28 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Lo suficiente para que el sabor de festín del 25 de junio se evaporara y para que se generara un cimbronazo político en las filas del kirchnerismo.

Primero fueron los rumores sobre una larga reunión que el economista, de 65 años, mantuvo con el ex presidente Raúl Alfonsín, para analizar su candidatura.

Después, fue la entrevista de seis páginas en el matutino dominical Perfil –uno de los pocos medios abiertamente opositores al gobierno–, en la que dijo que se sentía “útil para tratar de construir un país normal”.

En el gobierno, casi todos salieron a cuestionarlo, incluida la primera Dama, la senadora Cristina Fernández de Kirchner, aunque en privado.

El ex ministro, que hasta entonces se había cuidado de criticar al gobierno, al que perteneció hasta hace poco más de seis meses, solo dijo, no sin sorna: “Parece que no somos tan plurales…” “Creemos que Lavagna es un hombre que representa la síntesis de lo que muchos desean como país y es un exponente de la posición concertacionista del radicalismo”, le explicó a EL TIEMPO el diputado radical Federico Storani.

Así, la sola mención de Lavagna de que estudia ser candidato, con el apoyo no solo del radicalismo alfonsinista sino de ex presidente interino, Eduardo Duhalde, y la posibilidad de que se sumen sectores de centroizquierda, obligó cambios tanto en el gobierno como en la oposición.

Si las elecciones fueran hoy, Lavagna solo podría forzar una segunda vuelta si la candidata fuese Cristina de Kirchner. Pero falta más de un año, y él parece apostar a los nuevos brotes de autoritarismo y a un enfriamiento de la economía.

Todo por hacer “Aquí no hay capitalismo nacional (como dice Kirchner) sino un capitalismo digitado…”, dispara Lavagna, y pone como ejemplo cómo el gobierno beneficia a empresarios que hasta ayer nomás elogiaban al menemismo e hicieron su agosto con esas políticas de Domingo Cavallo, que explotaron en el 2001.

Mientras desde la centroizquierda, Elisa Carrió y el diputado Claudio Lozano lo consideran “un hombre del Establishment”, ligado a la vieja clase política como Duhalde o Alfonsín (del que fue funcionario en 1983-1987), analistas como Rosendo Fraga sostienen que Lavagna tendrá que “forzar a una segunda vuelta al Presidente, si finalmente se presenta a la reelección, pero nada es imposible…” Por lo pronto Lavagna, se adjudicó un rol. Convertirse en la piedrita en el zapato de un Kirchner que odia a aquellos colaboradores que osan enfrentarlo.

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