‘Caldoparado’ mantiene despierto a Villavo

‘Caldoparado’ mantiene despierto a Villavo

Hace 45 años Francisca Daza abrió un toldo de comidas en el centro de Villavicencio (Meta), con la única intención de ganarse unos pesos saciando el hambre de los llaneros que permanecían despiertos después de las 10 de la noche.

25 de junio 2006 , 12:00 a. m.

La ciudad era apenas un pueblo de tres o cuatro calles.

A pesar del pesimismo de algunos, el negocio resultó tan exitoso que hoy están pensando en convertirlo en patrimonio de la ciudad.

Se trata de ‘Caldoparado’. Allí ya no trabaja una sola mujer. Son 15, quienes durante las 365 noches del año atienden a los rumberos empedernidos o los serenateros noctámbulos que ya saben que allí encuentran, hasta las siete de la mañana, el caldo de gallina que los deja como nuevos.

El secreto para que ‘Caldoparado’ subsista al rápido desarrollo de la capital es que en ningún otro lugar de la ciudad se reúnen, alrededor del tradicional caldo de gallina y la rellena, alcaldes en ejercicio, ejecutivos que quieren escaparse de la rigurosidad de las reuniones y hasta los más pobres.

“A mí me gusta ir porque a veces uno no está de genio para comer perro caliente o hamburguesa. Uno necesita algo más casero y allá lo encuentra barato. Además, si la novia acepta ir allá, es que de verdad lo quiere a uno”, dijo un alto funcionario de la Gobernación que prefirió no dar su nombre.

No faltan los problemas Por trabajar en las noches, a las mujeres de ‘Caldoparado’ no les han faltado los problemas. Todas recuerdan un 31 de diciembre de hace tres años cuando un borracho empezó a disparar y casi mata a una de las cocineras.

Para que eso no se repita decidieron contratar vigilancia.

Aunque dicen que lo más difícil es detectar a los ‘conejeros’, es decir a los que se van sin pagar.

“A veces llegan en carros lujosos y antes de acabar de comer hacen el amague de pagar y de un momento a otro se pierden. Una vez arrastraron por el piso a una compañera que se fue colgada, dos cuadras, en la puerta de un carro y no le pagaron”, dijo Norma Núñez, otra de las dueñas.

Es tanta la tradición que tiene ‘Caldoparado’ en Villavicencio que Luz Dary Huertas, presidenta de la Asociación de Expendedoras de Alimentos de este sector, fue la que le propuso a la Alcaldía que convierta el lugar en patrimonio urbano de la ciudad.

Esto sucede en medio de anuncios de la administración que plantean una reubicación del negocio porque invade el espacio público. Huertas dice que están dispuestas a irse, pero a un lugar donde solo trabajen ellas.

“Esto es mucho más que servir comidas. De aquí dependen unas 50 familias que por años han crecido con estos negocios. Por eso merecemos el respeto de una agremiación”, afirma Huertas.

UNA PRUEBA DE AMOR.

"Si uno necesita algo casero allá lo encuentra barato. Y si la novia acepta ir, es que de verdad lo quiere a uno" Cliente de ‘Caldoparado’.

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