¿Nuevas prioridades?

¿Nuevas prioridades?

En la reciente inauguración de la unidad de medicina y rehabilitación para víctimas de minas antipersona, en el Hospital Universitario del Valle, Juanes dijo: “Es la oportunidad para unir mi voz y pedirle al gobierno colombiano y a quien tenga responsabilidad sentarse a negociar y a conciliar la paz”. El cantante abogó, además, con urgencia, por el intercambio humanitario.

23 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Que se sepa, Juanes es declarado uribista. Y, como muchos colombianos, amigos y no amigos del Gobierno, está reclamando una gestión efectiva, pero además pronta, para poner punto final al conflicto armado interno. Se trata, según todas las encuestas, de algo más de un 65 por ciento de la opinión pública, que cree que la confrontación armada con la guerrilla se resuelve por la vía del diálogo y no por la de la victoria militar.

Esto sucede a pesar, o simultáneamente, de una alta aprobación, de esa misma opinión pública, a la política de seguridad democrática impulsada por el Gobierno. ¿Cómo entender esta aparente paradoja? La respuesta es clara: la opinión acepta el uso de la fuerza, pero no de manera excluyente, sino como parte de una ecuación para ganar la paz. El otro elemento es el diálogo y la negociación. El Gobierno ha tenido, sin embargo y al menos en su primer mandato, un decidido énfasis en la búsqueda de resultados militares. Todo parece indicar, no obstante, que este puede ser un mandato donde la aspiración no sea ya ganar la guerra sino ganar la paz.

Muchos aún creen en la victoria militar sobre la guerrilla. Mas allá de su discurso, no parece creíble ni sensato que el Gobierno tenga tal apuesta, o la haya tenido, incluso, alguna vez.

Es claro que la correlación militar estratégica pasó, tal vez irreversiblemente, de la guerrilla a favor del Estado, pero la confrontación está allí, con todo su poder de destrucción, muerte, degradación y barbarie, recordándonos que, mientras ella persista, en esta guerra perdemos todos.

Es razonable pensar que se está configurando un escenario para la paz. Nada ni nadie puede asegurar que finalmente se dé, pues depende de muchos factores, esa “masa crítica” de la que alguna vez habló Jesús Antonio Bejarano.

El Gobierno está gestando una propuesta, en concreto para las Farc, que deberá tener algún punto de convergencia con el proceso del Eln. Ha dicho, aunque casi en voz baja, que está dispuesto a llevar los acuerdos (¿no sería mejor también la discusión?) a una asamblea constituyente y ha dicho que se requiere un nuevo marco jurídico para la paz, distinto al que hizo posible el proceso con las Auc.

Lo anterior no es nada despreciable. Falta aceptar –sin ironías– que este sí es un conflicto armado con históricos y profundos contenidos sociales; que sus interlocutores, a pesar de la violencia que ejercen y la maldición del narcotráfico, tienen una agenda política, y que una paz sin transformaciones profundas pero democráticas es inviable.

Claro está, las Farc también tienen la palabra Y, si como dice el Informe de Desarrollo Humano 2003 El conflicto: callejón con salida, todo ello ocurre cuanto antes, ¡pues mucho mejor! * Miembro de Redepaz

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