50 días para empezar a hacer el milagro

50 días para empezar a hacer el milagro

Si al presidente Uribe, en su primer gobierno, lo calificaron con notas admiradas por su desempeño en la guerra, en este que comienza el examen final tendrá que rendirlo sobre un tema que le ha sido esquivo: el de la paz.

19 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Y parece que él lo tiene bien claro. Pues lo primero que hizo como presidente reelecto fue mandar mensajes relacionados con el tema con la misma sutil insistencia que lo caracterizó en su primer mandato y que lo ha convertido en un verdadero maestro en el arte de comunicar.

Dos días después de su triunfo, el único comunicado que salió de la Casa de Nariño se lo dedicó a la paz; ese mismo día decidió hacer visible a un personaje, Fabio Valencia, que de una manera callada cuando estaba de embajador en Roma hizo de puente con Europa para estos efectos y de ñapa, en una significativa demostración de su interés, Uribe llamó a la Iglesia como haciendo las paces después de tantos sinsabores.

¿Por qué ahora le apuesta a la paz? Hay dos posibilidades. O está preparando el terreno para cuando los militares logren lo que les ha pedido hace rato (que dobleguen a las Farc hasta llevarlas a la mesa) o se ha dado cuenta de que ya es hora de hacerle reingeniería a su propuesta de guerra. (Ya se recuperaron todos los pueblos que estaban en manos de la guerrilla. Ya desertaron muchos de los guerrilleros o todos los que iban a desertar. La fumigación ya llegó a su punto de estancamiento. Entonces, se debe haber preguntado Uribe: ¿qué sigue?) Si la apuesta es la primera, la de llevar a las Farc a un punto de quiebre y para ello les pidió una fecha a los militares, veo muy de para arriba que el Presidente logre graduarse con honores en su segundo turno. La guerrilla ha mostrado que es capaz de acomodarse a la arremetida del Estado y, si bien está disminuida, es mucho el daño que todavía puede hacer. Es increíble, por ejemplo, que con toda la máquina de guerra en marcha no se haya dado una captura importante, más allá de la de ‘Simón Trinidad’ o de la de ‘Sonia’, hace tres largos años ya.

Pero me late que esta vez el Presidente le está apostando, de verdad, a la segunda posibilidad. Como buen estratega, entiende que su proyecto más preciado, el de la seguridad democrática, necesita dar un salto para dejar una huella de larga duración en la historia del país.

Voluntad existe. Por lo pronto, el problema es descifrar cómo llegarles a las Farc. Pero seguro, si siguen con la misma decisión y con una buena dosis de audacia, encontrarán la manera.

De todas formas, no estaría mal si el Presidente comienza a mandar mensajes más contundentes y qué tal, digo yo, si aprovecha su discurso a la Nación del 7 de agosto para dar fe del revolcón, por ejemplo.

Por supuesto, también se necesitan, y sobre todo, señales de las Farc. A la guerrilla también le llegó el momento de demostrar que está sintonizada con el país. Los más de 2,6 millones de votos que obtuvo la izquierda en las elecciones son una prueba de que las puertas de la democracia en Colombia están abiertas. El país les está gritando que estamos en el mejor momento.

De aquí a allá, son 50 días. Son los que tenemos para comenzar a escribir una nueva historia.

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