No pudo entrar a discoteca por ser afro

No pudo entrar a discoteca por ser afro

Olga Liliana Lloreda Chalá solo va de día al Bar C Manizales (BCM), uno de los lugares de moda para rumbear en la capital de Caldas, porque de noche se lo tienen prohibido.

18 de junio 2006 , 12:00 a. m.

De baja estatura y nacida hace 25 años en Granada (Meta), esta joven de raza negra y estudiante de octavo semestre de Medicina en la Universidad de Manizales le contó a EL TIEMPO que el 26 de mayo pasado quiso bailar en ese lugar, pero no la dejaron entrar.

“Seis compañeros de estudio entraron y yo me quedé esperando a otro que estaba retrasado. Cuando él llegó quisimos entrar, pero nos pidieron el carné de Bar C. Como no lo tenemos nos dijeron que no podíamos ingresar porque era un fiesta privada”, relató.

Otros amigos de Olga, de tez blanca y que tampoco tenían el documento, sí pudieron entrar. “En el lugar no había ninguna fiesta privada” dijo Édgar Martínez, amigo de la muchacha.

Para comprobar la versión de la joven, EL TIEMPO la acompañó el jueves pasado a Bar C.

Ella fue con su hermano menor, Fernando, de 19 años, y con Adriana Morales, una amiga de piel blanca. A pesar de que los tres fueron requisados, solamente Adriana recibió la autorización para ingresar, sin que hasta ese día le hubiera sido expedido algún carné.

‘Aquí no hay racismo’ Al ser confrontados, los porteros negaron el hecho. Luego aseguraron que en el sitio no hay discriminación racial y que lo más seguro es que Olga debió protagonizar, días antes, una pelea u otro hecho bochornoso en el establecimeinto, razón por la que ahora se le impide entrar.

Esa versión fue desmentida por Olga, que nunca antes había entrado al lugar.

Solo al final de la conversación, la portera admitió: “Es que nos reservamos el derecho de admisión”. Aunque se intentó hablar con el administrador del bar, algunos empleados dijeron que no estaba.

El lunes pasado, Álvaro Aristizábal, propietario de Bar C, dijo que estaba sorprendido por lo que había ocurrido, aunque respaldó las explicaciones de sus empleados.

Sin embargo, apuntó que habitualmente él no está al frente del bar y que el administrador es autónomo en su manejo.

“Aquí no hay racismo. Tenemos empleados de tez negra y al bar han entrado personas como el ‘Tino’ Asprilla. No sé qué pudo pasar con ella”, sostuvo.

Cuando se le preguntó en qué casos se reservan el derecho de admisión, respondió que únicamente cuando la persona está mal presentada o pone algún problema.

Cuando EL TIEMPO acompañó a Liliana, ella estaba vestida como cualquier otra joven que estaba adentro del bar.

Aristizábal se comprometió a investigar lo ocurrido y a tomar correctivos.

“Ella es bienvenida”, agregó.

TUTELA PARA IR A RUMBEAR Un caso similar ocurrió en Cartagena (Bolívar) en abril del 2005. Dos jóvenes interpusieron una tutela ante el Juzgado Primero Civil del Circuito de la ciudad porque no las dejaron ingresar a dos establecimientos del sector conocido como El Arsenal. Según ellas, las dejaron por fuera en razón de su raza.

Lena Tatiana y Johana Acosta, de 21 y 19 años, respectivamente, no pudieron entrar a La Carbonera ni a Q.Kayito. Lo más curioso del caso es que ocurrió en una ciudad donde la mayoría de la población es de origen afrocolombiano.

Después de cuatro meses de batalla legal, las hermanas Lena Tatiana y Johana Acosta, estudiantes de Derecho en la Corporación Universitaria Rafael Núñez, lograron que el juzgado fallara a su favor.

“No pude dormir la noche en la que el portero me dijo que no nos iba a dejar ingresar a la discoteca porque le dieron la orden de no dejar pasar a negros. Ese día, hasta mis amigas blancas nos dijeron que se solidarizaban con nosotras”, dijo en su momento Lena Tatiana.

Ocho años antes, dos estudiantes de raza negra, nacidos en Estados Unidos, también fueron rechazados en una discoteca de la ciudad.

INGRESO CENSURADO "Dijeron que no me permitían ingresar al lugar porque seguramente había protagonizado una pelea en la discoteca. ¿Pero cómo va a ocurrir algo así, si nunca me han dejado entrar?” Olga Liliana Lloreda, estudiante

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