CLAVE 1951 EL DOCTOR MATA

CLAVE 1951 EL DOCTOR MATA

Tal fue la expectativa que entre juristas, estudiantes y público despertó, que el Juez Tercero decidió solicitar en alquiler el Teatro de San Bartolomé para realizar allí las audiencias públicas. EL TIEMPO publicó por entregas el auto de proceder y los detalles del proceso. Y la opinión pública decidió atribuirle la autoría de todos los crímenes de personajes ricos y famosos, desaparecidos misteriosamente en esa época. El Doctor Mata era un tinterillo de los que abundan en juzgados, notarías y oficinas de registro, haciéndole la trampa al centavo, recitando de memoria leyes, normas e incisos para impresionar a sus clientes. La misma clase de chupatintas a quienes los funcionarios subalternos llaman doctor .

11 de diciembre 1991 , 12:00 a.m.

Tramitan, accionan y perjuran. Embolatan a viudas, giles e incautos y engordan su bolsa valiéndose del desamparo y la ignorancia de quienes a ellos acuden.

La víctima del crimen, Alfredo Forero, era un acomodado comerciante, separado, que hacía vida marital con Mercedes López.

El asesino, Nepomuceno Matallana Matallana, nacido en Tenjo y, según su propia versión, graduado de abogado en la Universidad Republicana, era el asesor de Forero.

Entre Matallana y Forero existían, además, amistad y negocios. Forero le prestó alguna suma de dinero y Matallana garantizó la deuda con una hipoteca sobre su finca ubicada en el sitio de La Regadera , en Usme.

Conocedor el Doctor Mata de los bienes de fortuna de Forero y de la generosidad con que trataba a su amante, a quien le prometió carro, casa y beca , tramó la forma de hacerse a su patrimonio.

El día 12 de agosto de 1947, Forero manifestó en su casa que salía para la finca Calderitas en el municipio de Usme, al sur de Bogotá, para medir una finca que le ofrecía Matallana.

Forero jamás regresó. Su amante inquirió a Matallana sobre su paradero y este exhibió un poder mediante el cual Forero le encomendaba la administración de todos sus bienes, instruyéndolo para que se encargara de pasarle a ella los gastos mensuales de su manutención. La confusa versión pretendía demostrar que Forero se encontraba escondido con la intención de zafarse de los encantos de su amante. Como si fuera poco, le exigió a ella la devolución del documento de hipoteca de La Regadera .

Simultáneamente, el Banco Francés e Italiano rechazaba dos cheques por $ 5.500 pesos, presuntamente girados por Forero a Matallana, porque no coincidía la firma del girador con la registrada.

Puesta la denuncia por la desaparición, los investigadores capturaron a Hipólito Herrera, un campesino analfabeta, que acompañó a víctima y victimario en el fatal viaje a Calderitas y quien abrumado por el interrogatorio confesó los siguientes detalles del crimen.

Al llegar al páramo de Calderitas, Matallana le gritó a Forero que ahora no podía negarse a firmarle los poderes. Este, sorprendido, se dejó avasallar, y en segundos lo tenían maniatado con una cabuya. Pero de improviso, la víctima reaccionó extrajo su revólver y de un disparo hirió a Herrera en una mano.

Matallana lo desarmó y, con habilidosa rapidez, le sacó del bolsillo chequera y estilógrafo. Ahora, bajo amenaza, lo obligó a firmar cinco cheques y un papel en blanco, mientras cubría con su casco de corcho los documentos para protegerlos así de la pertinaz llovizna. Luego le ordenó a Herrera apuñalarlo. Y, como dramático epílogo, le cortó un dedo para robarle el anillo.

El juicio se adelantó en las horas de la noche, por cuanto el juez tenía demasiado trabajo en su despacho. Los cronistas judiciales se regodearon con el magistral trabajo del fiscal, pero especialmente por la sangre fría, displicencia y cinismo del Doctor Mata , quien se negaba a recibir asistencia de un apoderado.

Abrumado de pruebas en su contra, no se inmutaba. Unas veces, su amnesia era total y no recordaba detalles. Y otras, hacía afirmaciones tan desconcertantes, como aquella de haber visto a Forero en la carrera 6a., trece días después del asesinato.

Pero lo mejor del proceso aún estaba por suceder. El lunes 14 de mayo de 1951 surgieron cuatro nombres más.

Octavio Perdomo, propietario de la finca Pubenza, en Girardot. Poco tiempo después de relacionarse con Matallana desapareció. El tinterillo manifestó a los familiares de Perdomo que éste se encontraba en líos y que por esa razón él recibió poder para administrar sus bienes, debiéndole rendir cuentas de su administración, mientras tuviera que permanecer escondido.

Alberto Ramírez, propietario del automóvil que utilizaba Matallana. Sus familiares denunciaron que desapareció poco tiempo después de conocer al abogado . Matallana les informó que Ramírez estaba involucrado en un lío de contrabando de licores, por lo que estaba obligado a esconderse.

Baudilio Mendoza, propietario de una bomba de gasolina, quien se vio envuelto en un robo de combustible. Matallana desde entonces entró en posesión del negocio, justificando la ausencia de Mendoza por el problema judicial.

Leonor López, propietaria de bienes raíces en Bogotá. Desaparecida. Sus familiares, en su afán de encontrarla, decidieron vincular sus negocios con el Doctor Mata .

Cuando se enredó el proceso, la prensa hizo pública una nota en la que el Doctor Mata le pedía a su concubina le enviara un cojín blando para aliviar las nalgas de la dureza del banquillo porque, según sus palabras, esta vaina va para largo .

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