La Corte, herida en un ala

La Corte, herida en un ala

Si bien el país se ha acostumbrado al lamentable ‘choque de trenes’ entre sus altos tribunales, lo que sucede en uno de esos ‘trenes’ no tiene precedente. Que un magistrado de la Corte Constitucional convoque a rueda de prensa para acusar a sus colegas de modificar una sentencia y que el presidente del organismo haga igual para calificarlo de mentiroso es extremadamente grave.

16 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Qué tal. El magistrado Jaime Araújo, luego de una tensa sesión, de la que habría salido indignado, dijo el miércoles a la prensa la medio bobada de que la sentencia sobre la Ley de Justicia y Paz, adoptada por la Corte Constitucional el 18 de mayo, fue modificada por su presidente, Jaime Córdoba, a raíz de las declaraciones del paramilitar ‘Ernesto Báez’.

Córdoba, en otra rueda de prensa, dijo que su colega faltaba a la verdad y que la desconcertante actitud de Araújo obedecía a la inconformidad de este con tener que compartir la sala de tutelas con el nuevo magistrado, Nilson Pinilla. Negó, por supuesto, cualquier cambio de la decisión.

Guardadas las proporciones, esto es como si el papa y sus cardenales se dedicaran a lanzarse acusaciones radiales en torno a alguna encíclica.

Independientemente de quién tiene la razón, el daño a la Corte es evidente.

Y profundo. ¿Cómo hablar de la ‘majestad’ de ese organismo después de semejante enfrentamiento entre sus integrantes? Si hay alguna institución en Colombia que debe estar más allá del bien y del mal es, precisamente, la Corte Constitucional. En lugar de ello, ofrece este penoso show mediático.

Aún más grave, por tener lugar en torno a la Ley de Justicia y Paz. Se trata de una pieza legislativa trascendental, que, como lo dijimos, la oportuna sentencia de la Corte mejoró notablemente. Pero, además, esa decisión ha provocado ataques inadmisibles del vocero de los paramilitares contra los magistrados. Cuya actual conducta no parece la más sabia forma de hacerles frente con la dignidad y contundencia necesarias.

No ayuda para nada el que la sentencia misma no esté redactada. Como tampoco la confusión que generaron las primeras declaraciones del presidente de la Corte y que después tuvo que salir a corregir. El 18 de mayo dijo que las condenas anteriores que tuvieran en su contra los paramilitares debían acumularse a la pena alternativa, y al día siguiente lo negó. A todo este mal sabor se agrega la insólita acusación de Araújo, que solo será despejada por completo cuando se conozca el texto del fallo, cuya redacción se ha complicado, en parte, porque dos de los seis magistrados encargados de ella están en el exterior.

Razón de más, quizá, para que la Corte revise la manera como hace públicas sus decisiones. Aunque este lamentable episodio demuestra que lo que deben revisar con urgencia y a fondo los magistrados son sus reglas de convivencia. Esa falta de armonía ha dejado a la Corte Constitucional herida en un ala. Recuperar su majestad y armonía debe ser preocupación de todos sus miembros.

El enfrentamiento público entre los magistrados de la Corte Constitucional es aún más grave que el ‘choque de trenes’.

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