El legado de Abel Antonio

El legado de Abel Antonio

Antes de que el vallenato tuviera nombre, Abel Antonio Villa tocaba el acordeón y tenía en la mente una idea fija: elevar la música que amaba a otro nivel.

12 de junio 2006 , 12:00 a. m.

“De los juglares era el más grande –opina Alfredo Gutiérrez, que lo consideraba como un padre–. cumplía con las características del juglar: componer cantar y tocar”.

Entre 1944 y 1979, Villa grabó más de 22 discos de larga duración y 500 canciones.

“En los 70 –recuerda Gutiérrez– estaba un poco perdido y lo llevé a Codiscos. Fue cuando El Binomio de Oro le grabó El higuerón.

En parrandas de muchos días, Villa era el músico que despertaba a los otros con un trago de whisky para que siguieran tocando. Su frase de combate era “Gallo que no venga a pelear, que no venga a la gallera”.

Las críticas de elitista le valieron canciones como una de José Barros que, sin conocerlo, le compuso El negro maluco. Villa respondió con otra composición: El chino hambriento, dedicada a Barros.

“Me da miedo con su muerte –dijo Gutiérrez–, lo que hacen ahora es tan distante de la esencia. Quedan pocos como Lorenzo Morales, Calixto Ochoa y Leandro Díaz. Después, ya no volveremos a oír el vallenato de antes”.

PACHO RADA: SU MAESTRO DE LA INFANCIA.

De los acordeoneros de su generación quedan pocos. Se sabe que el juglar Francisco ‘Pacho’ Rada (fallecido en el 2003) fue maestro de Abel Antonio, le enseñó sus primeras notas cuando apenas era un niño. Villa era uno de los últimos. Entre los colegas que ya murieron están: Juancho Polo Valencia, Alejo Durán, Luis Enrique Martínez, Andrés Landeros, Emiliano Zuleta Baquero y Toño Salas.

ALFREDO GUTIÉRREZ, SU MEJOR ALUMNO.

Alfredo Gutiérrez era un niño prodigio del acordeón cuando conoció a Abel Antonio Villa. Este arremolinaba gente a su alrededor gracias a su talento.

Ese día, el futuro ‘Rebelde del Acordeón’, le pidió que le prestara el instrumento. Años después, fue Gutiérrez quien más le grabó canciones, incluida ‘La muerte de Abel Antonio’. Junto con él y Luis Enrique Martínez grabaron el disco ‘Los tres grandes del acordeón’.

El mejor vestido de su generación.

Villa se quejaba de que sus colegas de juventud “andaban a pie, descalzos, oliendo a sudor”. Y decía: “Yo no, porque me propuse darle a la música de acordeón un estatus mayor”. Según Julio Oñate: “Sin haber nacido con campanitas de oro, desde joven se esmeró por presentar una imagen decorosa del músico popular”. Le gustaba vestir de blanco, con sombrero de fieltro, leontina y gafas de marco dorado. “Entre los colegas de su generación no hubo uno mejor vestido”. Por eso lo creían elitista.

Era un músico andariego.

Villa fue uno de los grandes itinerantes de la región. “No hubo pueblo en La Guajira, El Magdalena y El Cesar, que no hubiera visitado”, dice Beto Murgas. En sus recorridos encontraba músicos que estaban metidos dentro de las montañas y que no tenían cómo grabar. Sacó a muchos del anonimato. Sin embargo, “antes de ir amezclarse con el populacho –pescadores, corraleros y ordeñadores– iba con el gamonal y el dueño de la hacienda para presentar su música”. Por eso lo tildaban de pretencioso, decían que no se veía tan negro porque se codeaba con los de arriba.

Pionero del acordeón en grabaciones.

Lo llamaban ‘El padre del acordeón’, no por ser el primero en tocarlo, sino por ser el primero en hacer grabaciones comerciales con él, en 1944. Antes, Pacho Rada hizo algo, en un nivel artesanal. Abel Antonio fue de los primeros en meter el acordeón en el estudio para el Sello Odeón. Después de él, las orquestas empezaron a seguir su ejemplo. Ya en el 48, la gente había comenzado a aceptar el vallenato.

LAS FACETAS DE DE ABEL ANTONIO VILLA .

Inconformidad de la vida.

"Nunca estuvo de acuerdo con que nuestra música se llamara vallenata -afirma el músico Beto Murgas-. Decía que se le debía llamar 'música de acordeón' o 'del Magdalena Grande', porque cuando comenzó, todavía no existía la división política de esos departamentos".

Su rivalidad más famosa.

Abel Antonio protagonizó una piqueria famosa, con el acordeonero Luis Enrique Martínez como su archirrival. Hubo que buscar personas que intercedieran para que no se mataran. A Martínez le decían que Abel Antonio iba armado y a Villa que el otro iba a apuñalarlo. El día en que se reconciliaron, Villa desenfundó una pistola, que hizo correr a la gente, e hizo un tiro en la tierra diciendo: “Nosotros dos volvemos a pelear el día en que usted sea capaz de desenterrar ese plomo de ahí”. Y fueron amigos, incluso grabaron juntos.

Su polémica.

Ariel Castillo, investigador del tema, dice lo único polémico en Villa tuvo que ver con las composiciones de ciertas canciones. “Parece que canciones que figuran como suyas, como La camaleona’ (al parecer es de Leandro Díaz), no lo son. Pero creo que habrá que agradecerle que las haya divulgado. Al parecer recogía algunas y les hacía adaptaciones y cambios”.

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