Amor y odio por el Mundial

Amor y odio por el Mundial

¿Pisar un estadio? Ni de fundas Hay dos cosas que Gonzalo Guillén, corresponsal del Nuevo Herald de Miami, no ha hecho en su vida: ir a una plaza de toros y ver fútbol en un estadio. La fiesta de los toros le parece bárbara y el fútbol, una solemne forma de aburrirse.

11 de junio 2006 , 12:00 a. m.

No le encuentra gracia a correr detrás de una pelota y aún más ridículo le parece que haya multitudes pendientes de 22 tipos corriendo detrás de una pelota.

La aversión viene desde niño. Nunca fue del equipo del colegio ni pateó balones en la cuadra. De hecho, no era un gran deportista. Después con los años se aficionó algo al baloncesto y ahora, de vez en cuando, juega golf.

Pero fútbol, nunca, ni de fundas. Y menos en un estadio. “Álvaro Mutis dijo alguna vez: ‘Los estadios son los prostíbulos de la gloria’”.

Guillén se ha convertido en promotor de la filosofía antifutbolera en su familia. Y ya ha conseguido convencer a algunos de su sobrinos, aunque no pudo con su hijo mayor, que ve partidos para levantarse amigas.

“Afortunadamente, yo no he tenido una pareja que le guste esa cosa”.

En los últimos tiempos, el fastidio de Guillén por ese delirio de multitudes creció cuando conoció que había mafia detrás de ella. “Solo recuerde lo de Andrés Escobar –dice–. Me parece atroz que René Higuita, con sus antecedentes, sea el ídolo de los colombianos y que la pasión del pueblo sea la misma de los Rodríguez Orejuela”.

Algo que tampoco se aguanta son esos aficionados que gritan “como si les estuvieran pisando un testículo” y le parecen ridículas las frases veintejulieras de los narradores. “El fútbol está asociado al patriotismo y el patriotismo es el último refugio de los canallas. Lo curioso es que aquí bombardean el Palacio de Justicia y ponen un partido en la televisión”.

Por supuesto, Guillén no quiere saber de mundiales y ya tomó precauciones como la de pedirle a la empresa de televisión por cable que le suspenda el canal que va a pasar todos los partidos. También evitará la radio todo lo que se pueda y cumplirá al pie de la letra su vieja costumbre de botar la sección deportiva apenas recibe el periódico.

“Ahora, no todo es malo –dice–. Cada vez que haya un partido de esos importantes, voy a salir para gozarme la ciudad sola”.

Se ve hasta un Angola-Irán.

Félix de Bedout, el periodista incisivo de La W, es tan aficionado al fútbol que antes de casarse lo primero que vio fue que la fecha de su matrimonio no coincidiera con un partido importante del Nacional, su equipo del alma.

Ese fanatismo se lo inoculó un tío que fue el primero en llevarlo a un estadio, a los seis años, y le regaló los álbumes de los mundiales del 66 y 70.

Los del 74 para acá los ha hecho él mismo. Y del que acaba de empezar hizo el suyo y el de su hijo de tres años, que ya patea la pelota.

También desde el 74 ha visto todos los mundiales y prácticamente completos.

Siempre trata de no perderse jugada así el juego sea un Irán-Angola a las 2 de la mañana.

En el pasado Mundial de Corea y Japón, que tuvo muchos partidos en la madrugada, le tocó pasar varias noches en su casa, con su amigo Eduardo Arias (el periodista, tan fanático como él) viendo algunos ‘huesazos’.

Añora cuando eran menos equipos. “De los 32 sobran por lo menos 8. ¿Qué tal un partido E.U.-Ghana? No hay derecho”.

Lo de ver fútbol acompañado es una excepción, porque lo suyo es encerrarse solo, totalmente concentrado, sin señora ni cerveza ni crispetas, para detallar cada jugada. El calentamiento es analizando las alineaciones y tablas.

Es también de los que compra libros de fútbol y revistas, oye fielmente la radio deportiva y participa en varias pollas.

Toda su rutina en época de mundial la supedita a los juegos. Solo esta vez le van a coincidir sus horarios de trabajo con ellos y a esta ‘altura del partido’ aún no tiene claro cómo hará. Pero les advierte a sus oyentes que no se les haga raro si se pierde del aire de 8 a 10 de la mañana.

En su memoria de mundialista a distancia (nunca a ido a uno porque prefiere la comodidad del replay) guarda experiencias como el Argentina-Inglaterra del 86 (“el último gran mundial”), en el que Maradona hizo un gol con la mano y luego otro apoteósico eludiendo rivales desde el medio campo. O como el Brasil-Italia del 82, cuando Paolo Rossi eliminó a la auriverde.

Su deseo de hincha de Argentina lo hace pensar que en este mundial los gauchos van a estar cerca de la final, pero cree que será inevitable que Brasil sea el campeón. “¡Qué aburrido!”.

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