¿Qué jugar fútbol es barato y muy popular?

¿Qué jugar fútbol es barato y muy popular?

...Hace unas semanas, un comisionista de la bolsa local abandonó, muy aburrido, su puesto más temprano de lo acostumbrado y en lugar de irse a celebrar la jornada, como lo había hecho en los dos últimos años, decidió irse a su casa. La razón: la caída de los precios de las acciones no daban para fiestas. Además, todos sus compañeros ‘apostadores’ estaban en el mismo plan de desgano y apatía.

10 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Por primera vez pudo recibirle la pesada maleta a su hijo de 10 años, ante la mirada incrédula del niño, quién más demoró en entrar a la casa que tomar el celular que tenía entre los útiles y llamar a sus amigos para cambiar y conseguir monas del álbum del Mundial de Fútbol. Luego, el niño dejó su uniforme y se puso pantaloneta y camiseta y se fue al parque a jugar con sus amigos. El padre nada que ver, pues lo normal era que llegara a casa cuando el muchacho estaba durmiendo.

El arrepentido papá comprobó que a su hijo le gustaba el fútbol y que el pequeño tenía ‘madera’, a pesar de jugar con un viejo balón del portero del conjunto. Una ‘cachetada’ que había que cortar de raíz.

¡Imagínese que sus compañeros de negocios y sus señoras, ejecutivos muy actualizados en los temas de moda, supieran que su hijo jugaba con un balón del portero! Además, pensó, si se involucraba en la vida del niño podría ‘recuperarlo’, pues por sus ocupaciones era un cero a la izquierda en la vida familiar y de los hijos.

“Que tal que se esté perdiendo un gran futbolista”, pensó más con su mente mercantilista antes que con el orgullo patriota y familiar… “¡Mételo a una buena escuela de fútbol!”, le dijo su hermano mayor, comerciante.

Hecha la diligencia, el niño reclamó implementos acordes con su nuevo estatus. Padre e hijo se fueron el fin se semana de compras: uniforme y guayos de marca, medias dobles, canilleras-tobilleras, guantes por si decidía hacer de arquero, un balón del mundial de Alemania o de marca y una maleta por el estilo.

Cuando llegaron a casa, la madre se interesó por primera vez en el asunto y, como siempre, dio dos ordenes: “Al niño hay que llevarlo al médico particular, pues en la EPS se demora mucho la cita” y “Hay que hacer lo mismo con el niño de 14 años para que no se sienta discriminado”.

El mayorcito agregó dos pedidos: como se está cerca del mundial, hay que comprar los DVD Lo mejor de la historia del fútbol, de la Fifa y la película Gol. Sueño imposible. Tanteó el terreno de solicitudes, pero no lo encontró abonado.

El deportólogo encontró que los dos niños tienen pie plano y que deben ir al ortopedista. De entrada necesitan plantillas y vendas especiales para evitar tirones en las piernas, dijo el galeno, además de una crema importada que sólo se vende en una droguería especializada.

Los niños comenzaron a hablar de que si querían ser titulares, tenían que tomar un segundo curso y que se estaba definiendo un equipo especial para jugar fuera de la ciudad.

Hace unas semanas, el papá estaba indispuesto por el estrés de sus problemas en la bolsa y llegó de nuevo temprano a la casa. Sus hijos lo estaban esperando porque de la escuela les regalaron boletas para ir esa noche a El Campín, al aburrido partido Millos-Cúcuta. Noche fría, atiborrada de gente, pero que los niños gozaron. Llegaron a las 12:30 de la noche a la casa, luego de 90 minutos adicionales fuera del partido saliendo del parqueadero.

Llegó el fin de semana y la madre ordenó: “Ya que los metiste en esto, debes llevarlos a las 7:30 del sábado a la escuela de fútbol, pues se resistieron a ir en el pequeño transporte por ‘incómodo y maloliente’”. Nada que hacer.

En ese momento el ejemplar papá en cuestión comenzó a cuestionarse su reconversión. Si en las últimas semanas había pensado alguna vez en cambiar su actividad de ‘apostador’ en la bolsa era una simple ligereza mental. El lunes siguiente madrugó y la fría pantalla del computador de la oficina volvió a tener encanto y gracia, así los precios de las acciones no se hayan recuperado.

A las 9:30 de la mañana recibió una llamada de un cliente que en tono bravucón le ordenó vender los títulos y lo trató de inepto. Con toda humildad le respondió: “Por favor piense en el largo plazo, que este no es un negocio de corto plazo. Esperemos a que pase la especulación”.

Los niños ya abandonaron la escuela de fútbol y lo culpan a él por no acompañarlos. “El chistecito nos costó más de dos millones de pesos”, dijo la mamá en tono entre burlón y de retaliación al anunciar que llamaron del colegio porque los niños habían bajado el rendimiento académico.

El papá solo se preguntó para sí: ¿barato jugar fútbol? ¿Popular? Y concluyó: ¡Lo que hacen los medios de comunicación!...

(Esta historia cuasi real le puede pasar a usted sin ser comisionista de bolsa).

silgom@portafolio.com.co

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