Los derechos de la fea

Los derechos de la fea

En años recientes, varios sectores del país han expresado preocupación por los riesgos de que la televisión local sea desplazada por una invasión de productos comerciales estadounidenses. Aunque el tamaño de la industria de entretenimiento de Estados Unidos justifica las inquietudes, ella depende mucho del talento individual, de la creatividad, y esto es algo que no se da sólo en tierras del norte. En cine, música, arte y literatura, no todo depende de la magnitud de los capitales disponibles.

07 de junio 2006 , 12:00 a. m.

Por eso, hay que alegrarse de que que las telenovelas colombianas sigan el camino de Shakira, García Márquez y Botero, y encuentren un público entusiasta fuera de Colombia. Hace unos años, Café se tomó las audiencias en muchos países. Ahora es el turno de Betty la fea, una telenovela que se ha transmitido en más de 70 países y que lleva ya siete adaptaciones: ya hay feas rusas, holandesas, mexicanas, alemanas, españolas. Ahora ABC, una de las dos cadenas de mayor público en Estados Unidos, ha decidido tratar de ganar la pelea de audiencia de los viernes a las 8 p. m, el horario de mayor competencia, con una adaptación de Betty the Ugly, y compró a RCN los derechos para convertirla en una joven neoyorquina.

Esta negociación, que es tal vez la mayor venta de derechos de autor en la historia de Colombia, confirma el talento de Fernando Gaitán. Desde Café a Betty la fea, su obra ha transformado el melodrama criollo. Sus telenovelas rompieron con el estereotipo de las mujeres ociosas que suspiran por el príncipe azul y nos muestran mujeres trabajadoras que luchan y salen adelante, feos y feas que enfrentan conflictos realistas, ambientes en los que se reconoce algo de las dificultades y hasta los dilemas éticos del país.

Como la TV es una industria en la que los capitales que se arriesgan son grandes, a diferencia de escritores, pintores y cantantes, Fernando Gaitán y los actores que hacen la telenovela no son los dueños de los derechos de autor, que corresponden a sus productores. Esto tiene lógica, pero quizás tendría más que se diseñaran esquemas de licencias de explotación que reconozcan y estimulen en forma más clara lo que hace la diferencia: el talento. Eso ayudaría a promover la creatividad local, lo único capaz de mantener viva nuestra cultura en un mundo en el que las barreras administrativas serán cada día menos eficaces.

editorial@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.