No son cuentos chinos

No son cuentos chinos

Cuando se lee el libro de Andrés Oppenheimer, conocido columnista del Miami Herald y analista político de CNN, se tiene la sensación de que, haciéndole honor al título de su obra, por cierto ilustrada en la tapa con una fotografía de los presidentes de Colombia y Estados Unidos, está echando un cuento chino. Empero, eso no es así. El texto muestra una visión de la realidad contemporánea que en muchas ocasiones abre márgenes de duda, pero a la postre se despejan gracias a los testimonios personales y técnicos con los cuales respalda las afirmaciones y reflexiones que hace.

06 de junio 2006 , 12:00 a. m.

La verdad es que de ‘cuentos chinos’, no tiene nada, sino es un trabajo serio, bien documentado y, lo más importante, revelador de un estado de cosas mundial que vale la pena analizar con todo el cuidado posible. Además, es una demostración de cuan equivocados están ciertos prohombres de América Latina con sus concepciones anticuadas del desarrollo.

De salida, cuando hace el parangón entre el discurso político de los comunistas chinos y el de sus primos lejanos más retrógrados en el escenario político latinoamericano, señala que hay un enorme contraste. En efecto, mientras los primeros se desvelan por captar inversiones, una buena parte de los políticos, académicos y empresarios proteccionistas de esta parte del mundo se regodean en ahuyentarlas.

En China, dice, me encontré con un pragmatismo a ultranza y una determinación de captar inversiones para asegurar el crecimiento a largo plazo. En tanto Chávez recorría el mundo denunciando el ‘capitalismo salvaje’ y el ‘imperialismo norteamericano’, y recibiendo ovaciones en los congresos latinoamericanos, los chinos les estaban dando la bienvenida a los inversionistas norteamericanos, ofreciendo todo tipo de facilidades económicas y promesas de seguridad jurídica, aumentado el empleo y creciendo sostenidamente a tasas de casi el 10 por ciento anual.

Los jerarcas chinos mantienen un discurso político marxista-leninista para justificar la dictadura de partido único, pero en la práctica están llevando a cabo la mayor revolución capitalista de la historia universal. Después del XVI Congreso del Partido Comunista del 2002, que acordó “deshacerse de todas las nociones que obstaculizan el crecimiento económico”, el pragmatismo ha reemplazado al marxismo como el valor supremo de la sociedad. Y, aunque a muchos les repugnen los excesos del sistema chino, y no quisieran transplantar ese modelo a América Latina, no hay duda de que la estrategia está logrando reducir la pobreza a pasos agigantados en ese país.

¿Pero, es necesario para salir de la postración en que nos hallamos, ponerse a jugar la doble carta? En realidad no. Para romper el círculo vicioso de la pobreza, desigualdad, frustración, delincuencia, populismo, fuga de capitales y aumento de la miseria, es necesario aumentar las inversiones productivas.

Países -además de China- como Irlanda, la República Checa, Polonia, España, visitados en su periplo por el autor, si tienen algo que enseñar al resto del mundo es que sólo aumentando las inversiones se puede lograr un crecimiento económico a largo plazo, que ofrezca oportunidades de empleo a quienes menos tienen y quiebre el círculo vicioso que está impidiendo el despegue de América Latina.

A grandes rasgos, en la nueva geografía política mundial hay dos tipos de naciones: las que atraen capitales y las que espantan capitales. En el siglo XXI, la ideología de las naciones -advierte Oppenheimer- es un detalle cada vez más irrelevante: hay gobiernos comunistas, socialistas, progresistas, capitalistas y supercapitalistas que están logrando un enorme crecimiento económico con una gran reducción de la pobreza, y hay otros que se embanderan en las mismas ideologías que están fracasando miserablemente. Lo que distingue a unos de otros es su capacidad para atraer inversiones que generan riqueza y empleos. Y esto es lo que está haciendo China. .

Ex ministro de Agricultura .

"En la nueva geografía política mundial hay dos tipos de naciones: las que atraen capitales y las que espantan capitales”.

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